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Impuestos y competitividad


A excepción de uno que otro reino petrolero, un Estado moderno no es viable sin que perciba impuestos. Las cada vez más complejas sociedades requieren de cada vez más sofisticados servicios públicos, así sea en las funciones más esenciales de seguridad, justicia, salubridad y educación. Pero los impuestos excesivos pueden ser la ruina de las naciones. La curva de Laffer ha demostrado que también en los impuestos se aplica la "Ley de Rendimientos Decrecientes". Según este análisis a mayor porcentaje de impuestos mayores serán los ingresos del Estado pero sólo hasta cierto punto. De un porcentaje en adelante a mayor porcentaje de impuestos menor es la recaudación. Esta conclusión debiera ser algo evidente, pero lo evidente muchas veces escapa del entendimiento de los burócratas, que nunca han tenido que pagar una planilla privada. Es lógico porque a nadie le entusiasma trabajar para que otro se beneficie. Llega un punto en donde mientras más uno produce menos recibe y en ese punto empieza la evasión o la gente simplemente deja de producir. Se cuenta que en la antigua Unión Soviética un extranjero le preguntó a un obrero cómo funcionaba el sistema comunista y el obrero contestó "bueno es muy sencillo: ellos hacen como si nos pagaran y nosotros hacemos como si trabajáramos". El ser humano y la economía funcionan con base en los instintos básicos que permiten la supervivencia. Cualquier sistema político o tributario que ignore este hecho está condenado a fracasar.
Ahora bien, el actual Gobierno ha establecido una reforma fiscal que pretende extender el ingreso gravable, cerrando todas las excepciones y escapes que la Ley antes permitía. Démosle un punto por equidad. El problema es que al hacer esto el porcentaje real de carga tributaria casi se duplica en la mayor parte de los casos. Esto sucede mientras cada vez más países bajan sus impuestos del rango del treinta por ciento al veinte y quince por ciento. Algunos con sorpresa otros con satisfacción, estos países han descubierto que bajando su carga tributaria, eliminando impuestos complicados y hasta absurdos y simplificando los trámites, ahora recaudan mucho más que en la época de los altos impuestos. Y lo hacen porque sus economías crecen porque el sector productivo se queda con más dinero y lo invierte con más sabiduría. De nada valdrán mil TLC si cuando los inversionistas que pensamos atraer consideren las opciones, nuestros vecinos les ofrezcan impuestos más bajos que los nuestros. Ahora que hay más equidad en la cobertura impositiva toca bajar el porcentaje a uno que sea competitivo.

101 años de Panamá América

 
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