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Impuestos y crecimiento


Los países que han logrado enriquecer a sus pueblos en las últimas décadas, lo han logrado a través de un conjunto de políticas que giran alrededor de la potenciación de la iniciativa privada. La liberalización de la economía para facilitar el ingreso al mercado y promover la competencia, unida a una política de simplificación y neutralidad tributaria que da paso a una disminución de la carga fiscal, han hecho más para sacar a los pueblos de la pobreza que todos los discursos y denuncias contra el imperialismo, la globalización y otras hierbas aromáticas.
Ahora que estamos sintiendo la reforma fiscal en su verdadero impacto, es el momento de discutir un poco sobre lo que tenemos frente a nosotros. El gobierno tiene que reconocer que la llamada "reforma fiscal" no fue tal. No se transformó el sistema tributario ni el presupuestario de manera que el sistema fuera sencillo, neutral y justo. Pareciera que la principal preocupación fue la de tapar los huecos por donde se les escapaban algunos contribuyentes, aunque en el esfuerzo sepultaran a uno que otro pobre diablo que siempre pagó sus impuestos.
Luego de que han sellado todas las fugas, y ante la certeza de que no querrán invertir el esfuerzo ni el capital político para hacer una verdadera reforma fiscal, lo que corresponde es bajar la tasa impositiva a los niveles a los que los han llevado o llevarán próximamente, los países con los que competimos para atraer inversiones. De nada valdrán los TLCs si aquí se paga el 30% de impuesto sobre la renta y en países vecinos sólo se paga el 15%. Comprendemos que a los burócratas les preocupe el bajón inmediato por temor a que disminuyan los ingresos del fisco, pero si estudian la teoría de Laffer tal vez se sorprendan como los rusos y los bálticos, bajaron los impuestos y empezaron a recaudar más, simplemente porque sus ciudadanos se hicieron más ricos y dejaron de evadir porque los nuevos impuestos les parecían más justos

101 años de Panamá América

 
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