¿Impunidad o cauterio?
Se han cifrado muchas esperanzas en que el cambio prometido por el presidente Martinelli llegue a incluir no sólo los actos de corrupción pasados, sino también la descomposición moral que el atraco a los fondos públicos fue sembrando en la población. El país no puede resistir un nuevo lapso de impunidades sin comprometer la calidad de vida del panameño por más de una generación.
La aplicación de la ley, por más severa que sea, a los casos de desfalco y de maniobras sucias por cientos de millones de balboas no debe postergarse. Los cientos de millones de balboas de impuestos perdonados y los cientos de millones de balboas esfumados en programas que eran más apariencia que ayuda hubieran bastado para hacer muros contra las inundaciones en los lugares que las han sufrido, para acondicionar una red efectiva de canales de desagüe, para reparar puentes y carreteras y calles, y establecer nuevos policías, armas, vehículos y mecanismos para una mayor seguridad de día y de noche.
No hay futuro aceptable para una población en que tenga cabida elogiar al que roba y se enriquece haciéndolo, como si el robo ya fuera un deber. Si no hay castigo, no pasará mucho tiempo sin que volvamos a lo mismo o a algo peor.