Inaudito
Es inaudito que algunos “conocedores de la Biblia” estén divulgando que hay que apoyar a la candidata Balbina Herrera porque el candidato Ricardo Martinelli será instrumento del líder mundial (“anticristo”), que en breve asumirá el control de la Comunidad Europea, y por ende, del mundo occidental, en lo que se conoce como el Nuevo Orden Mundial (“Novus ordo seclorum - New Order of the Ages”).
En materia de interpretación de textos bíblicos, yo soy muy conservador, ya que el único que interpreta adecuadamente la Biblia es su autor, el cual es Dios, por lo que estoy cansado de la gran cantidad de farsantes y charlatanes que usan el Nombre de Dios en vano diciendo lo que mejor les parece acerca de la verdad divina para acomodarla por simpatías o por beneficios recibidos y esperados.
El “espíritu del Imperio Romano” será restablecido y no importa quién gane los próximos comicios panameños, ya que no hay forma con la que puedan resistir el poder “omnímodo” europeo.
Si los “nacionalistas panameños” no pudieron frenar el histórico intervencionismo norteamericano, ni la invasión del 20 de diciembre de 1989, ¿cómo podrán derrotar el poderío de aquellos que, en el pasado como ahora, tienen toda la capacidad monetaria, jurídica y bélica para derrotar a quienes se interpongan en su camino? No es un asunto de emociones, sino de geopolítica, globalización y cumplimiento de las profecías divinas. Será aplastante lo que sucederá por parte del “nuevo orden mundial”, mientras que la gente anda entretenida en el circo electoral y en otras vanidades.
Mi propósito no es hacer alarde de “vidente”, porque no lo soy; ni meter un elemento distorsionador en el tan malogrado proceso electoral patrio que, gracias a Dios, está a punto de terminar. No obstante, hasta tanto se cumpla lo dicho en líneas superiores, tengo que decir que lo más importante es que quien asuma el poder político tiene que honrar a Dios y acordarse de los más pobres, mediante una “revolución institucional impostergable”, que tenga como meta inmediata la instauración de la meritocracia como sistema de gobierno, la eliminación de los privilegios, la reducción drástica de los salarios y gastos de representación inflados, el aumento de penas para los delitos graves como, por ejemplo, el aborto y otros, siendo esta mención enunciativa y no limitativa.
La solución a los problemas no está en los políticos, ni en los empresarios, ni en los religiosos, porque todos ellos también se equivocan, cometen errores, pecan y se corrompen. Se trata de que los seres humanos se encuentren con su Creador, que incorporen en sus conciencias los valores eternos, que cambien sus mentes para que cambien sus vidas. Hay que dejar las murmuraciones, chismes, maledicencias, críticas destructivas, ofensas, insultos, latrocinios, malicias, suspicacias, mal humor, celos, contiendas, mentiras, abusos, corrupción, prejuicios, impureza, injusticias y toda especie de mal, ya que este tipo de actitudes y aptitudes lo único que hace es mantenernos en enfermedad, depresión, estulticia, derrota e intoxicación espiritual.
La genuina “fe cristiana” demanda la conversión, es decir, una nueva naturaleza que sólo el Padre Celestial puede plantar en los que creen en Él, por la obra de su Hijo y Mesías, y por el sello del Espíritu Santo. Debería llenarnos de temor y temblor, y ser proactivos, el hecho que Dios considera a sus hijos como templos del Espíritu Santo, que las cosas viejas pasaron y que somos llamados a ejercer el ministerio de la reconciliación de los seres humanos con Dios. Esto es lo más importante y sublime que se puede hacer, porque lo único seguro que tenemos es morir.