default

Incendio, fraude y justicia social


EL ÓRGANO Judicial Panameño ha sufrido últimamente dos estremecimientos que llaman la atención: el incendio del edificio del Tribunal Marítimo con otros juzgados y el hecho de que un juez, en su cargo por 16 años, tenía un diploma falso. Sin embargo, nosotros enfocamos estos alarmantes hechos como eslabones de una cadena crítica que viene estremeciendo el país, en forma espectacular, a lo largo de la última década. No damos a entender que antes de los últimos diez años no se dieran situaciones análogas, sino que enfocamos estas puntas del iceberg, como síntomas elocuentes de una gran crisis general que está padeciendo, agudamente desde hace una década, todo nuestro andamiaje social. Estos dos últimos hechos, que nos motivan en estas líneas, demuestran que los condicionamientos críticos ya han inundado nuestra sociedad, sin que pensemos en la gran matriz putrefacta que se ha apoderado de todos los resortes del cuerpo social en Panamá.
Tal situación no es de hoy, ni de ayer. Se vino preparando poco a poco a lo largo del siglo XX que vivió nuestro país, y los primeros síntomas definitivos se dieron cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial de la centuria recién pasada. Al grupo que usufructuó el poder político panameño en los años cuarenta, se le motejó de "los canalizados", pues gozaron de los ingresos que dejó la preparación y entrenamientos de los cientos de miles (tal vez varios millones) de norteamericanos, que vinieron a entrenarse en el enclave de la Zona del Canal. Entonces comenzaron las triquiñuelas, grandes o ridículas, se ahondó la farsa eleccionaria, pululaban los "partiditos" en sus coaliciones, etc. La inmoralidad oficial era todo un espectáculo.
El segundo período fuerte de la descomposición partidocrática y demás gajes que brindaba el poder gubernativo, fue el que comenzó el 11 de octubre de 1968, con la Dictadura policíaca de la Guardia Nacional, que estableció un Gobierno de facto, aunque "reconstitucionalizado" en 1972, con una Carta Magna ad-hoc. Ha sido el más horrendo lapso de la historia panameña, desde la colonia española hasta la fecha. El asesinato, la tortura, el peculado, etc., etc., gozaron de todas las prebendas imaginables, y la putrefacción recorrió todos los escalones del poder y de la sociedad.
La Constitución de 1983, que reemplazó lo que llamaban la Constitución torrijista, con su Asamblea de los 505 Representantes, pudo suprimir las lacras más escandalosas, pero no era posible que curase todos los males políticos y sociales que "aguacharon", desde entonces, la vida panameña. Mas la estructura de abusos oficiales y de trampas ciudadanas, ya estaba reinando por todo el cuerpo social, y creó una "cultura", que no podía morir fácilmente, y ha seguido en conocidísimas prácticas de toda clase de inmoralidades y delitos, muchas veces impunes.
Actualmente las oficinas públicas son en la mayoría de los casos, "mercados persas", situación que recorre todas las esferas sociales de Panamá, en razón de un viejo contagio muy explicable.
Pese al reconocimiento comprobable que hago de la enormidad de los males que siguen imperando aquí, sostengo que las más sanas fuerzas sociales panameñas deben y pueden concertar un entendimiento general que brinde soluciones correctas, sobre todo si se tiene el concurso de intelectuales (lo que en otros países llaman "la intelligentsia").
Me parece que el regalo que se les hizo a los capitales extranjeros, al llamar a "licitación" la inmensa riqueza canalera (tierras y edificios), impidió, por falta de un plan general concebible, que nos convirtiéramos en uno de los países mejor organizados y más prósperos de América Latina. Ante el referéndum que se está fraguando, debemos comprender que tendremos la última oportunidad de hacer el bien para toda nuestra Patria, con un rotundo y categórico NO al pernicioso plan de la Autoridad del Canal, de embarcarnos en una gran deuda, por las esclusas. Si en el referéndum se aprueba el plan funesto de las deudas y las esclusas, entonces ni siquiera nos tocará la suerte de Boabdil, quien "lloró como mujer, lo que no se atrevió a defender como hombre" (excusen mis amigas patrióticas panameñas, porque creo en Ustedes, pero cito una frase histórica), ya que la verdad es que la aprobación de las esclusas de la Autoridad del Canal equivale a la eternidad del cinturón de hambre y miseria que hoy cuelga sobre la gran mayoría de los panameños.
Los que no son políticos deben opinar y hablar de política. Se puede participar en política sin ser miembro de un partido político. La gente debe salir a la calle cuando no está conforme con la actuación de un gobierno, en lugar de esperar las próximas elecciones, o participar en un partido o no hacer nada.
Los entrevistados recomiendan que:
Los partidos merecen una oportunidad ciudadana para mejorar. Los partidos deberían evolucionar para fortalecerse. Los partidos deberían opinar más sobre problemas nacionales.
Pese a todo, la encuesta expresa que las personas:
Prefieren un gobierno democrático a una dictadura con empleo. No deben existir partidos que propongan sustituir el sistema democrático por otro.
En resumidas cuentas, los resultados reconfirman que nos adentramos a una crisis política en la cual los partidos están cada vez más desacreditados, pues pierden capacidad de mediación y de representación del electorado. Su función mediadora ha sido muy clientelista (agencias de empleo, conseguidor de cosas), ahora disminuido por la reducción del Estado benefactor y, por lo tanto, también de la capacidad partidista de mediación tradicional.
Es obvio que la gente percibe que los partidos no son permeables a las demandas sociales porque funcionan como maquinarias electorales eventuales, oligarquizados, sin programa político consistente y desconectado de las necesidades y aspiraciones de la población.
También vivimos una cultura política degradada que funciona como un espejo:
Un parte de la población percibe que los partidos se mueven por conveniencia y oportunismo, y por consiguiente hace lo mismo. Los partidos son, en fin de cuenta, reflejo de ese electorado que es al mismo tiempo reflejo del sistema de partidos. Así a muchas personas no les preocupa ni le da mucho valor a estar inscrito en un partido o no, pues no posee lealtad a doctrina, programa o ideología partidaria. La utilidad de inscribirse está condicionada con la posibilidad de ocupar un cargo, conseguir empleo o proteger un empleo suyo o de alguien, o tener la esperanza o posibilidad de tener trabajo, o por otras razones inmediatas (pago de recibo de luz, agua, beca, matrícula etc.). Solo una parte, generalmente minoritaria de los miembros de un partido es parte de la organización por conciencia, convicción, ideología o tradición.
Lo cierto es que la crisis de los partidos puede extender a constituirse en una crisis de la democracia, por lo que es necesario:
Atender las genuinas insatisfacciones y aspiraciones de ciudadanas. Transformación de sistemas electorales. Reforma política y democracia interna. No absorción o cooptación de organizaciones sociales por parte de los partidos. Financiamiento partidario con montos máximos, debido registro, transparencia contable, nominativo, prohibición de donaciones de extranjeros, cotización de la membresía, con un mínimo subsidio estatal programado gradualmente hasta desaparecer. Un sistema de partidos abiertos e incluyentes de distintas opciones y diversidad, sin temer su número, pues la realidad los decantará. Esfuerzo nacional sostenido de educación para una cultura política democrática.
Dibujando una imagen objetiva de lo que deberían ser los partidos políticos, podría ser esta:
Partidos políticos razonablemente creíbles y coherentes, con agendas políticas, económicas y sociales identificables, facilitan la representación de las preferencias e intereses de los ciudadanos, y hacen más probable que los candidatos electos sean responsables de sus acciones. "Actúan articulando y agregando las demandas de la ciudadanía, y encausando el comportamiento de los políticos bajo reglas democráticas" (ver Sumando Voces: Imágenes de los Partidos Políticos en Centroamérica. Bid, 2004), pues los partidos practican internamente la democracia y transparencia, promueven la gobernabilidad democrática del país. Eso sí entendiendo que no hay democracia sin partidos, pero no hay democracia ni partidos sin ciudadanía activa.
(raulleisr@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América