Incertidumbre latinoamericana
El italiano Antonio Gramsci sostuvo en sus célebres "Cuadernos desde la cárcel", que en política, más que la formulación, lo que importa es la encarnación; es decir, la forma que adopta la implementación de un programa.
¿Cuán veraz era? Bueno, del dicho al hecho hay mucho trecho, como reza el refrán. Lo que hoy ocurre en la región le demuestra a esa izquierda que cuestionó a la derecha, que la amenazó con la dictadura del proletariado y que en más de una ocasión trató de derrocarla, que las estructuras democráticas que defendió la derecha sí funcionan, al extremo de permitirles a mandatarios como Hugo Chávez Frías, Evo Morales o Rafael Correa la posibilidad de acceder a las administraciones a través del voto. La interrogante que muchos se hacen ahora es si llegado el momento, permitirán que otras candidaturas triunfantes, así sean de derecha, puedan administrar sus países respectivos.
Lo otro es qué regímenes, como los mencionados, tienen ahora la oportunidad de demostrar que la encarnación es tan efectiva como los discursos de barricadas, porque la experiencia demuestra que el hambre y la pobreza no se pueden exterminar con la pasión de los discursos, sino con las frías cifras del sistema. De todos modos, aún para los más impacientes, toca esperar. Seguramente si los gobiernos señalados acaban con el mar de incertidumbre que hay en la región, todos estaremos contentos, lo que sería preferible en lugar del mar de sangre que sacudió a Latinoamérica en los años 70 y 80 del siglo pasado.
¿Cuán veraz era? Bueno, del dicho al hecho hay mucho trecho, como reza el refrán. Lo que hoy ocurre en la región le demuestra a esa izquierda que cuestionó a la derecha, que la amenazó con la dictadura del proletariado y que en más de una ocasión trató de derrocarla, que las estructuras democráticas que defendió la derecha sí funcionan, al extremo de permitirles a mandatarios como Hugo Chávez Frías, Evo Morales o Rafael Correa la posibilidad de acceder a las administraciones a través del voto. La interrogante que muchos se hacen ahora es si llegado el momento, permitirán que otras candidaturas triunfantes, así sean de derecha, puedan administrar sus países respectivos.
Lo otro es qué regímenes, como los mencionados, tienen ahora la oportunidad de demostrar que la encarnación es tan efectiva como los discursos de barricadas, porque la experiencia demuestra que el hambre y la pobreza no se pueden exterminar con la pasión de los discursos, sino con las frías cifras del sistema. De todos modos, aún para los más impacientes, toca esperar. Seguramente si los gobiernos señalados acaban con el mar de incertidumbre que hay en la región, todos estaremos contentos, lo que sería preferible en lugar del mar de sangre que sacudió a Latinoamérica en los años 70 y 80 del siglo pasado.