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"Incierto futuro más allá del río Oder"


Tras la tragedia de la Guerra en la Antigua Yugoslavia, el martirio de Kosovo y la derrota de Serbia, el futuro parece incierto para aquellos que viven más allá de las fronteras de la Europa Unida. Sépase bien que el mundo está más convulsionado por la victoria de Occidente en los Balcanes, puesto que en las últimas semanas, graves incidentes militares han colocado a la humanidad, al borde de otra Guerra Fría.
Clásicos ejemplos de la irresponsabilidad de la campaña aérea aliada sobre Belgrado fueron los errores en los blancos militares, que costaron la vida a cientos de inocentes; el ataque equívoco a la Embajada de la China Comunista porque a un oficial de inteligencia se le olvidó actualizar los mapas del terreno, además de la discrepancia surgida por la entrada sorpresiva de efectivos armados rusos, procedentes de Bosnia, en el territorio de la provincia secesionista de Kosovo. Si éstos eventos se consideran "fortuitos", como dicen algunos políticos norteamericanos y europeos, en verdad les digo que el hombre está muy cerca de la aniquilación total en una conflagración nuclear accidental.
De allí que el incidente ocurrido a finales de junio cerca de Islandia, cuando aviones estadounidenses interceptaron a bombarderos rusos sobre los cielos del Atlántico Norte, sólo incrementa nuestra preocupación sobre los roces hoy existentes entre Moscú y Washington, en cuanto a la hegemonía político-militar del último sobre el primero.
Es por eso que recuerdo aquella ocasión que tuve la suerte de observar la frontera germano-polaca, en las orillas del río Oder; allí comprendí que falta todavía recorrer "mucho trecho" para que exista un entendimiento entre Occidente y Oriente, a pesar de que la Guerra Fría acabó hace una década y que el comunismo no representa más un peligro para las democracias. Rusia teme que los sucesos ocurridos en Yugoslavia, en especial en Kosovo, se repitan como una cadena mortal de un virus, en los fuertes nacionalismos existentes en la "Torre de Babel del Cáucaso", en el Lejano Oriente ruso y en el Asia Central.
Quizás esa sea la razón por la cual vi a un veterano ciudadano alemán recorrer, con lento paso, la vereda de la margen occidental del Oder. Mirando hacia Polonia, pareciera recordar aquel pasado de penurias y sufrimientos que una vez vivió, por lo que supongo, no desea que se repita en sus descendientes.
Por desgracia, mientras una pequeña parte del mundo se vuelve más rica y poderosa, como sucede con Europa Occidental y Norteamérica, casi tres cuartas partes de la población humana vive con el infortunio de no saber el destino que les depara los vaivenes de la política económica de los grandes capitalistas de Wall Street.
Veremos qué sucede la próxima vez que raye el alba en el Este...

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