Inconsistencia de políticas y reformas educativas
De la lectura de los informes e innumerables documentos que se han producido recientemente en materia educativa, elaborados por especialistas nacionales e internacionales que trabajan en las diversas instancias e entidades competentes, además de los grupos sociales involucrados con directa o indirecta participación en el tema, como son los padres de familia y la comunidad en general, ha quedado nuevamente en evidencia que a través de los años lo que ha estado afectando el proceso es la inconsistencia para sostener, mantener y defender los cambios propuestos.
Tanto el último informe dado a conocer por los representantes del sector dentro del marco del Diálogo por la Concertación Nacional del Programa de las Naciones Unidas Para el Desarrollo (PNUD), recién concluido esta semana, como el último estudio de PREAL 2002-2006, indican que casi todos los planes propuestos tienen como característica principal que no concluyen. Esto ocurre, pese a los acertados diagnósticos de situación que cada cierto tiempo han sido ampliamente concertados y actualizados. Lo que también deja claro que es innegable que al final de cada período de gobierno, la inercia absorbente de una pesada burocracia termina por asfixiar las mejores propuestas que se hayan podido producir en el marco de las coyunturas particulares en los cinco años que dura una determinada administración presidencial.
De allí que el gobierno actual debería hacer suyas las palabras del secretario general de la Organización de Estados Iberoamericano (OEI), Álvaro Marsechi Ulastres, quien dijo que hay que mantener las expectativas positivas y saber que hay que apostar por una educación a largo plazo para lograr dentro de 15 ó 20 años, o más, una educación más igualitaria.
La educación nacional no puede ser vista como un proyecto de un solo gobierno, sino de sucesivas administraciones gubernamentales en beneficio de un solo país. De allí que debemos sumar tenacidad y consistencia para lograr los cambios de los que urge el sistema educativo panameño.
Tanto el último informe dado a conocer por los representantes del sector dentro del marco del Diálogo por la Concertación Nacional del Programa de las Naciones Unidas Para el Desarrollo (PNUD), recién concluido esta semana, como el último estudio de PREAL 2002-2006, indican que casi todos los planes propuestos tienen como característica principal que no concluyen. Esto ocurre, pese a los acertados diagnósticos de situación que cada cierto tiempo han sido ampliamente concertados y actualizados. Lo que también deja claro que es innegable que al final de cada período de gobierno, la inercia absorbente de una pesada burocracia termina por asfixiar las mejores propuestas que se hayan podido producir en el marco de las coyunturas particulares en los cinco años que dura una determinada administración presidencial.
De allí que el gobierno actual debería hacer suyas las palabras del secretario general de la Organización de Estados Iberoamericano (OEI), Álvaro Marsechi Ulastres, quien dijo que hay que mantener las expectativas positivas y saber que hay que apostar por una educación a largo plazo para lograr dentro de 15 ó 20 años, o más, una educación más igualitaria.
La educación nacional no puede ser vista como un proyecto de un solo gobierno, sino de sucesivas administraciones gubernamentales en beneficio de un solo país. De allí que debemos sumar tenacidad y consistencia para lograr los cambios de los que urge el sistema educativo panameño.