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Independencia alimentaria


Hemos olvidado cuántas decenas de editoriales dedicamos a este tema, casi hasta la necedad. En una ocasión, hasta recibimos visita de un alto funcionario de una influyente embajada que inquiría la razón de nuestra cerrada defensa de nuestros arroceros, a propósito de un grano importado que vino con hongos. Lo entendió al instante, porque las grandes potencias sí saben de eso y aquí nadie. Pero lo vamos a aprender de la peor manera, a golpes o con hambre. Veamos algunas señales.
Todos sabemos que el arroz ha aumentado de precio, por lo que el pueblo ha sentido el golpe donde más duele, en el estómago. Y seguirá aumentando. Todos sabemos también que no hay maíz, hoy convertido en un artículo de lujo, salvo para la industria avícola que emplea a miles de trabajadores y tiene millones de balboas invertidos en ese sector. El grano está cada vez más caro. Y ahora viene otro, y lo advertimos, el de la leche.
La producción mundial no se da abasto y los precios se están disparando. Las compras a futuro en el Mercado de Chicago, Bolsa de Nueva York agropecuaria, registra un alza impresionante por compras a futuro. Es cuestión de meses para que acá nos llegue el impacto, con el agravante de que la producción nacional es altamente deficitaria en este rubro. Estamos pagando el precio por nuestra imprevisión.
Todos nuestros gobiernos fallaron. Jugaron mal el juego de la globalización agrícola y pensaron que abandonando a su suerte al sector primario los trabajadores del campo se dedicarían a otra cosa más productiva -"reconversión", llamaron a ese proceso- y apostaron que al país le convendría importar de afuera todos los alimentos que necesita a menor precio. Se equivocaron, porque no previeron el surgimiento de un monstruo que todo lo engulle, China, con sus 1,400 millones de habitantes, comiendo ahora más que nunca con sus bolsillos llenos de dólares, euros y yenes como nunca, gracias a su nuevo papel de cuarta potencia económica mundial, superada tan sólo por Estados Unidos, Japón y Alemania, y pisándoles los talones. China hoy todo lo consume y todo lo compra. El dinero le sobra, más que a nosotros.
En fin, independencia alimentaria es no depender de otro para comer. Los países de Europa y Oriente aprendieron desde hace tiempo que, en tiempos de paz y de guerra, esa dependencia no es buena y, desde entonces, prefieren subsidiar a su sector agrícola y rogarles que no abandonen el campo, con tal de que estén en condiciones de garantizar que el país cuente con sus propios suministros de alimentos. De eso se trata.

101 años de Panamá América

 
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