Independencia alimenticia
Las noticias son preocupantes. Los precios internacionales de alimentos básicos están aumentando a la par de la demanda. China, convertida ahora en una gran potencia económica, es uno de los factores más desequilibrantes. Dotada de vastas reservas de dinero, tiene ahora capacidad para importar crecientes volúmenes de materia prima, incluyendo alimentos. Recordemos que tiene 1,400 millones de consumidores que hoy pueden comprar cosas de las que antes se privaban por no contra con el dinero para poder pagarlas.
Si hablamos de escasez y encarecimiento de acero, es por el consumo chino; si vemos el precio del petróleo, lo mismo; pero igual pasa con el arroz, el trigo, el café, la carne, todo. China ya no tiene necesidad de poner a dieta forzada a su población; a más de que sabe que la paz y tranquilidad suele estar muy ligada a los estómagos llenos. Así, por ejemplo, las interminables guerras africanas, disfrazadas de conflictos tribales, son en el fondo motivadas por hambre y sed.
En Panamá, hace poco, los fabricantes de jugos, que no faltan en las mochilas escolares, ni en el supermercado quincenal o en la compra diaria "donde el chino", advirtieron que los concentrados necesarios para su elaboración están en alza galopante, lo que presagia un próximo aumento de precio. Acudir a los néctares importados, no es una alternativa, porque su precio es igual o mayor. Y lo peor es que somos totalmente dependientes de materia prima importada.
Lo mismo pasa con el maíz, uno de cuyos mayores productores mundiales es México, que este año tendrá que importarlo y no sabe de dónde, porque Brasil no tiene una buena cosecha y Estados Unidos destina gran parte de la suya a elaborar combustible y azúcar. El resto se lo lleva China. Se salvarán quienes puedan producirlo para sí o pagarlo a precio de oro. Con el arroz está pasando igual, con el agravante que, por culpa de un ácaro, estamos más lejos que nunca de la autosuficiencia.
Quienes una vez abogaron porque nos convirtiéramos en importadores de alimentos, y porque nuestros campesinos se dedicaran a otra cosa, dejando la provisión de lo que comemos en manos de quienes patentan semillas y emplean biogenética, verán cómo cada gobierno se enfrentará en forma creciente con quejas de sectores populares de incrementos de precios que no podrá frenar porque nos vendrán de afuera y, cuando no, con una escasez irremediable, en la que el producto más caro será el que no existe.