Independencia de India
Ayer, 15 de Agosto, mientras en celebrábamos el 488 aniversario de Fundación de la Ciudad de Panamá, India conmemoraba el 60 aniversario de su independencia del entonces Imperio Británico. La Independencia de India fue un acontecimiento traumático para la hermosa nación de Asia, que durante miles de años formó parte de un conglomerado que se extendía desde Afganistán a Burma (ahora Myanmar) y en la que coexistían pacíficamente sus habitantes, a pesar del pluralismo religioso del territorio.
La religión hinduista, que era la dominante del área, se caracterizó siempre por la tolerancia, el respeto y el amor. El budismo, que nació directamente del hinduismo, fundada por Siddhartha Gautama, y el jainismo, fundado por Mahavira, convivían de forma apacible con los grupos musulmanes (chiitas y suníes) que se gestaron en la india de forma posterior y con las otras religiones del lugar. Nunca hubo mayores problemas hasta que llegaron los británicos al área y, con aquello de "Divide y vencerás", fueron creando diferencias entre los grupos religiosos para así afincarse más fácil en el vasto territorio.
Confieso que siempre me ha sido muy difícil entender cómo hicieron los angloparlantes para adueñarse de una región tan populosa y en la que existían reinados cuyos Maharajás y Sultanes eran guerreros valientes y aguerridos; pero el caso es que lo hicieron, quizás apoyados también en la estructura social tradicional de castas de los indostaníes.
La ocupación real de la India por los británicos se gestó en 1757, luego de la batalla de Plassey y por la cual se adueñaron del territorio de Bengala. Así empezó el infame saqueo de esa rica nación, que duró hasta 1947. Claro está que todo aquello no fue tan fácil como pareciera ser en estas breves líneas, pues hubo batallas y rebeliones muy serias, como la de los Cipayos, soldados indios al servicio del Ejército Británico, en 1857. Britania también pagó caro esa conquista.
Tan paradójica como la ocupación lo fue la Independencia. Quizás lo que más motivó el descontento de los habitantes de India, que hasta entonces habían vivido en armonía a pesar de tantas diferencias, fue el trato humillante y vejatorio al que les sometieron los hijos de la Gran Bretaña, orgullosos y prepotentes. Por ello, resulta más grandioso que haya sido el movimiento del hijo más notable de aquellas tierras, Mohandas K. Gandhi, más conocido para la posteridad como Mahatma Gandhi, el que obligase a los británicos a considerar la Independencia. Otra incongruencia fue que aquel noble pacifista nunca ganase el Premio Nobel de la Paz que, sin embargo, sí fue adjudicado en su versión de Literatura a Winston Churchill, el indomable guerrero escritor.
La Independencia tuvo un precio muy caro, pues el territorio de Bharat (nombre hindi de la India) fue dividido en dos naciones (Pakistán e India), que ahora son tres (con Bangladesh). Eso tuvo serias repercusiones, que aún se mantienen y que han ocasionado dolorosas guerras para ambas naciones. La intolerancia sembrada por los británicos creó un monstruo que ahora les afecta a ellos mismos y a todo el mundo. India unida, con la tolerancia milenaria que antes tuvo, sería el país más progresista y uno de los más ricos del mundo, pues sus hijos son creativos e inteligentes y su territorio sigue conteniendo riquezas. Los miles de millones gastados en agredirse mutuamente y en tres ejércitos, hubiesen servido para el progreso de las ciencias y las artes, en lo que son tan duchos. Y el sueño real de aquel humilde gigante, que fue Gandhi, se hubiese cumplido. Quisiera firmemente que los cambios del destino así lo permitan y que India vuelva a ser solo una, más fortificada.
4. Justifican la "educación sexual y reproductiva" desde la negatividad, para combatir las infecciones de transmisión sexual, el VIH/SIDA y el embarazo precoz. Aparentemente, el MEDUCA y el MINSA se han convertido en un cuerpo de bomberos para apagar el fuego.
La sexualidad no es algo negativa, no es un "problema". Nosotros, los mismos seres humanos y sobre todo los y las adulto(a)s, la hemos convertido en un problema. Y las políticas propuestas por el proyecto de ley y la Guía tienden a profundizarlo aún más.
La educación es, ante todo, "humanización"; es integrar y fortalecer cuerpo, mente y espíritu con sentido de libertad y responsabilidad. Es dentro de este contexto que se debe considerar la sexualidad humana, no como algo negativo sino como un valor positivo y una potencialidad muy rica, pero que requiere ser humanizada. Dentro del proceso del "Desarrollo Humano Integral", la humanización de la sexualidad debe ocupar el espacio que la corresponde.
Queda entendido que no debemos ignorar las realidades e, incluso, los peligros de unas conductas sexuales desordenadas. Es también evidente que frente a éstas y otras realidades se debe tomar las medidas pertinentes, sobre todo, en el campo de la educación y la salud. Pero, las medidas a tomar deben promover el verdadero "Desarrollo Humano Integral", tanto de las personas como de la sociedad. En este sentido, tanto el proyecto de ley como la Guía quedan cortos. Ambos están inspirados en una antropología reduccionista y demuestra un desconocimiento total del verdadero "Desarrollo Humano", y del proceso de "Humanización".
proyectoseducativos@ymcapanama.org
La religión hinduista, que era la dominante del área, se caracterizó siempre por la tolerancia, el respeto y el amor. El budismo, que nació directamente del hinduismo, fundada por Siddhartha Gautama, y el jainismo, fundado por Mahavira, convivían de forma apacible con los grupos musulmanes (chiitas y suníes) que se gestaron en la india de forma posterior y con las otras religiones del lugar. Nunca hubo mayores problemas hasta que llegaron los británicos al área y, con aquello de "Divide y vencerás", fueron creando diferencias entre los grupos religiosos para así afincarse más fácil en el vasto territorio.
Confieso que siempre me ha sido muy difícil entender cómo hicieron los angloparlantes para adueñarse de una región tan populosa y en la que existían reinados cuyos Maharajás y Sultanes eran guerreros valientes y aguerridos; pero el caso es que lo hicieron, quizás apoyados también en la estructura social tradicional de castas de los indostaníes.
La ocupación real de la India por los británicos se gestó en 1757, luego de la batalla de Plassey y por la cual se adueñaron del territorio de Bengala. Así empezó el infame saqueo de esa rica nación, que duró hasta 1947. Claro está que todo aquello no fue tan fácil como pareciera ser en estas breves líneas, pues hubo batallas y rebeliones muy serias, como la de los Cipayos, soldados indios al servicio del Ejército Británico, en 1857. Britania también pagó caro esa conquista.
Tan paradójica como la ocupación lo fue la Independencia. Quizás lo que más motivó el descontento de los habitantes de India, que hasta entonces habían vivido en armonía a pesar de tantas diferencias, fue el trato humillante y vejatorio al que les sometieron los hijos de la Gran Bretaña, orgullosos y prepotentes. Por ello, resulta más grandioso que haya sido el movimiento del hijo más notable de aquellas tierras, Mohandas K. Gandhi, más conocido para la posteridad como Mahatma Gandhi, el que obligase a los británicos a considerar la Independencia. Otra incongruencia fue que aquel noble pacifista nunca ganase el Premio Nobel de la Paz que, sin embargo, sí fue adjudicado en su versión de Literatura a Winston Churchill, el indomable guerrero escritor.
La Independencia tuvo un precio muy caro, pues el territorio de Bharat (nombre hindi de la India) fue dividido en dos naciones (Pakistán e India), que ahora son tres (con Bangladesh). Eso tuvo serias repercusiones, que aún se mantienen y que han ocasionado dolorosas guerras para ambas naciones. La intolerancia sembrada por los británicos creó un monstruo que ahora les afecta a ellos mismos y a todo el mundo. India unida, con la tolerancia milenaria que antes tuvo, sería el país más progresista y uno de los más ricos del mundo, pues sus hijos son creativos e inteligentes y su territorio sigue conteniendo riquezas. Los miles de millones gastados en agredirse mutuamente y en tres ejércitos, hubiesen servido para el progreso de las ciencias y las artes, en lo que son tan duchos. Y el sueño real de aquel humilde gigante, que fue Gandhi, se hubiese cumplido. Quisiera firmemente que los cambios del destino así lo permitan y que India vuelva a ser solo una, más fortificada.
4. Justifican la "educación sexual y reproductiva" desde la negatividad, para combatir las infecciones de transmisión sexual, el VIH/SIDA y el embarazo precoz. Aparentemente, el MEDUCA y el MINSA se han convertido en un cuerpo de bomberos para apagar el fuego.
La sexualidad no es algo negativa, no es un "problema". Nosotros, los mismos seres humanos y sobre todo los y las adulto(a)s, la hemos convertido en un problema. Y las políticas propuestas por el proyecto de ley y la Guía tienden a profundizarlo aún más.
La educación es, ante todo, "humanización"; es integrar y fortalecer cuerpo, mente y espíritu con sentido de libertad y responsabilidad. Es dentro de este contexto que se debe considerar la sexualidad humana, no como algo negativo sino como un valor positivo y una potencialidad muy rica, pero que requiere ser humanizada. Dentro del proceso del "Desarrollo Humano Integral", la humanización de la sexualidad debe ocupar el espacio que la corresponde.
Queda entendido que no debemos ignorar las realidades e, incluso, los peligros de unas conductas sexuales desordenadas. Es también evidente que frente a éstas y otras realidades se debe tomar las medidas pertinentes, sobre todo, en el campo de la educación y la salud. Pero, las medidas a tomar deben promover el verdadero "Desarrollo Humano Integral", tanto de las personas como de la sociedad. En este sentido, tanto el proyecto de ley como la Guía quedan cortos. Ambos están inspirados en una antropología reduccionista y demuestra un desconocimiento total del verdadero "Desarrollo Humano", y del proceso de "Humanización".
proyectoseducativos@ymcapanama.org