Indignación y vergüenza
La noticia de que más de tres mil jóvenes no pasaron la prueba de admisión para matricularse en la Universidad de Panamá y que para que pudieran ingresar en ella se bajó el índice de admisión de 1.0 a 0.7 resulta tan indignante como vergonzosa.
Esto requiere una muy seria consideración de parte del Ministerio de Educación y aún de las organizaciones cívicas del país. Bastante audaz ha sido adoptar tan funesta medida sin consultar.
Si fueron malos alumnos e incapaces dichos aspirantes para entrar a nuestra primera casa de estudios, tras su ingreso allí serán igualmente ineficientes y malos, y sería un peligro para lo sociedad que para que se pudieran graduar se repitiera la misma repudiable jugarreta.
No podemos permitir que se lance a las calles con título de profesionales como abogados a unos simples tinterillos, ni médicos que jueguen con la salud y vida de su prójimo, ni arquitectos e ingenieros a quienes se les derrumben edificios y puentes causando tragedias. Es urgente e indispensable que gobernantes y gobernados afrontemos la situación con valentía frente a la inconcebible y peligrosa situación creada en perjuicio de los asociados.