Indolencia e imprudencia
Insistimos en llamar la atención de nuestras autoridades de policía para que corrijan, por una parte, su indolencia, y por la otra, su imprudencia. Hemos solicitado, hasta el cansancio, que cuando se atrape in fraganti a delincuentes peligrosos, tales como homicidas, secuestradores, violadores, asaltantes, traficantes de armas y estupefacientes, no les permitan bajar de los medios de transporte que los conducen a la cárcel cubriéndose los rostros. Deben mantenerlos de pie, uno por uno, de frente y al descubierto. Los ciudadanos tenemos derecho a conocer los rostros de cuanto tipo peligroso sea posible de modo que, cuando reincidan o se escapen de la cárcel, cualquiera que los vea pueda identificarlos y cooperar con la policía indicándole por dónde andan. Es frecuente que tras el descubrimiento de un delito y el arresto de los delincuentes, en la prensa local, al publicarse la información de los hechos, se anuncie también que, conforme a la propia Policía, se pudo actuar por el aviso de un vecino. Esa información constituye una gravísima imprudencia. Los compinches de los encarcelados que permanecen libres, bien pudieran tener fundadas sospechas sobre quién fue el informante que los delató, y matarlo. Eso inhibirá a todo ciudadano de cooperar con la policía.