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Inequidad o el lado no claro de la globalización


El lunes 12 de junio de 2000, Alfredo Jaliffe fue entrevistado por Eco Internacional con motivo de la publicación de su libro más reciente "El lado oscuro de la globalización" y, entre otras cosas, señaló que en él se refiere al 90% de la población del mundo no beneficiado por la globalización. Por su parte Jay Mazur, presidente del Comité de Asuntos Internacionales de la AFL-CIO, en la revista mensual mexicana Este País, correspondiente al mes de marzo del presente año, se refiere al asunto del "lado oscuro de la globalización" y cita que el informe sobre Desarrollo Humano del PNUD del año de 1999, señala que el caudal de bienes de las 200 personas más ricas del planeta equivalen al ingreso total de 2,000 millones de los seres más desguarnecidos económicamente. En su número correspondiente a mayo, la revista Expansión de México, destaca que 100 personas, las que representan el 0.0001% de la población total de ese país, dominan su economía y que las empresas de las que son propietarios, alcanzaron un valor de capitalización en el último año (1999), de 150 mil millones de dólares, es decir, aproximadamente, el 30% del PIB total del país, en cuyo seno "el 72% de los mexicanos son pobres", ("Pobreza y distribución del Ingreso en México", Julio Boltvinik).
Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en su documento "Equidad, desarrollo y ciudadanía" del mes de abril de este año, indicó que la actual década culminó con niveles relativos de pobreza superiores a los de 1980 en América Latina y que el modelo macroeconómico vigente en la región, durante la última década, no logró estabilidad en el ritmo de crecimiento y el empleo, lo que ha tenido costos sociales elevados. Se apuntó asimismo, que las diferencias en los logros educativos constituyen el determinante principal de las desigualdades y del acceso al bienestar, y también que el fracaso en la creación de empleos de alta calidad es sin duda, el talón de Aquiles de las políticas de libre mercado que transformaron las economías de la región desde mediados de los años setenta. Es de importancia no soslayar que en América Latina el 40% de los alumnos abandona la escuela antes de finalizar la educación básica y muchos de los que continúan se encuentran insuficientemente adaptados a la sociedad que los rodea. La imposibilidad de prepararse adecuadamente por parte de sectores crecientes de la población del tercer mundo reviste una gravedad sin precedentes, tomada debida cuenta, que el mercado mundial de la mano de obra se está integrando cada vez más en beneficio de los altamente calificados; la mano de obra no calificada y su mercado se encuentran limitados, tanto por las fronteras nacionales como por las escasas posibilidades al seno interno de cada país. Si algo ha caracterizado al decenio que pasó, es el "aumento de la concentración del ingreso, los recursos y la riqueza entre la gente, las empresas y los países", como señala el Informe sobre Desarrollo Humano 1999. Así se observa que el 86% del PIB mundial está en manos del 20% de la población que vivía en los países de más altos ingresos; mientras el 20% de la población más pobre sólo dispone del 1% de ese producto mundial.
Las desigualdades entre ricos y pobres asumen "proporciones grotescas" y la tendencia es acentuarlas como se muestra a continuación: la diferencia en el ingreso per cápita, entre el 20% de la población más rica y el 20% de la población más pobre aumentó de 30 a 1 en 1960 a 60 a 1 en 1990 y a 74 a 1 en 1995; es decir, de 1960 a 1990 la desigualdad creció al 2.3% anual, en tanto que la desigualdad en el último lustro se ha ido incrementando casi al doble: 4.3% anual.
Se está frente a una gran paradoja: la humanidad nunca tuvo tantas posibilidades de un desarrollo pleno en armonía con la naturaleza; sin embargo nunca había sido tan elitista, concentradora y destructora. La productividad se ha multiplicado varias veces; hace sólo 100 años por ejemplo, Estados Unidos asignaba al 54% de su fuerza de trabajo a las labores agropecuarias, hoy con el 2% de su PEA dedicada a las labores primarias no sólo abastece a una población mucho mayor, sino que exporta gran cantidad de excedentes al resto del mundo.
Pero los precios de las materias primas, los productos de exportación por excelencia de los tercermundistas tienen los precios relativos más bajos en 150 años, con lo cual se acentúan los problemas de déficit en sus cuentas corrientes y por ende se acrecientan sus ya cuasi eternas deudas externas.
La nueva mundialización representa grandes oportunidades... pero para muy pocos, aserto que se cumple con visos alarmantes en nuestra región latinoamericana, toda vez que contamos con el indecoroso privilegio de tener la más injusta de las distribuciones de riqueza e ingreso; lugar común que sea conveniente tal vez reiterar. ¿Cómo abatir o mitigar cuando menos a ese "Panamá pobre" al que se refiere el informe de UNICEF? ¿Cómo lograr, con la celeridad del mundo moderno, eliminar la pobreza extrema en que se debate el 86% de la etnia Ngobe?.
La acumulación de capital entre las que destaca el capital humano, y la tecnología, se nos dice, son los instrumentos más relevantes para el crecimiento y el desarrollo. No obstante, son sólo un puñado de países los privilegiados para realizar inversiones en investigación y desarrollo; en 1993, 10 países industrializados erogaron el 84% de los gastos mundiales en esos conceptos, los que también controlaron el 95% de las patentes y constituyeron el 91% de los usuarios de Internet. Así como sólo 10 de las grandes empresas de telecomunicaciones controlaron el 86% del mercado respectivo. Con esta realidad inobjetable, que fue como un augurio negativo para la reunión de la Organización Mundial de Comercio, celebrada en Seattle el 29 de noviembre de 1999, 129 representantes de los países miembros no pudieron llegar a ningún acuerdo, además de enfrentar el problema fundamental de que "la liberalización comercial había sido un éxito sólo para una reducida minoría de países y sectores, y para la gran mayoría de los países y pueblos sólo había intensificado la desigualdad económica y la pobreza". Ya en el año de 1997 en su reporte anual, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, señalaba: "En casi todos los países en vías de desarrollo que han llevado a cabo una liberalización rápida, la desigualdad de salarios se ha incrementado"; no fue ocioso, por ello que en la reunión de Florencia, a la cual asistieron algunos de los gobernantes más representativos, entre los que estaban: Clinton, Jospin, D"Alema, Schroeder, Guterres y otros, consideraron un problema común "evitar que la globalización se convierta en el camino luminoso hacia dos consecuencias indeseables, a) el ensanchamiento de las distancias entre países ricos y pobres; y b) la posibilidad de crisis globales asociadas a comportamientos sin regulación internacional".
Sin duda hay elementos de convergencia para lograr un verdadero diálogo, en pos del abatimiento de las desigualdades; sin embargo, también hay elementos disociativos, cuya ambición desbordada anula los intentos por evitar que la mundialización, fenómeno irreversible, siga confiscada en provecho de unas minorías.

101 años de Panamá América

 
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