Inequidad territorial
Al contrario de lo que se cree, y pese al alto dinamismo que, en los últimos años ha venido mostrando el crecimiento en la capital panameña, no estamos hoy mejor que ayer, pues se han agudizado las desigualdades en materia de servicios y oportunidades territoriales para la creciente población urbana. Lo que ha ocurrido es que los espacios no están bien distribuidos, no existe una reserva territorial para el crecimiento de la población pobre que emigra del campo y, a pesar de quienes niegan el fenómeno, el auge actual de la construcción ha estimulado una práctica comercial depredadora de los suelos urbanos en detrimento de los intereses públicos.
Pero, sin criterios municipales claros sobre las necesidades que se derivan de una población asentada marginalmente en zonas periféricas sin la previsión territorial para ubicarlos de manera ordenada y justa, era obvio que las inoperantes alcaldías y un gobierno excesivamente centralizador serían rebasados en su capacidad de oferta de servicios, y se produciría un déficit habitacional y de servicios públicos en salud, educación, electricidad, agua y transporte.
Por eso algo debe cambiar. En primer lugar, en la conciencia ciudadana debe prevalecer el interés público sobre el privado y los dirigentes deben comprometerse con el bien común sobre los privilegios individuales. Sin embargo, los discursos de los candidatos a las alcaldías de Panamá y San Miguelito expresan posturas electorales acomodaticias y propuestas tradicionales escasamente innovadoras en materia de descentralización política-territorial.
Sin embargo, en pocos meses, el pueblo tendrá una oportunidad de oro para tomar su decisión de elegir la mejor propuesta para administrar un bien indiscutiblemente común como es la ciudad de Panamá, donde vive más del 50% de la población del país harta de las erráticas decisiones que han acentuado las peligrosas desigualdades sociales.