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Informalidad y libertad


Antes que el Ogro Filantrópico del cual nos advirtiera Octavio Paz, clavara sus garras sobre la economía, ya el ser humano se ganaba la vida trabajando, ofreciendo a otros, productos que necesitaban y adquiriendo a su vez los que le hacían falta. Esa actividad no controlada llamada "mercado" no requiere de un Decreto para existir, ni de permisos para ser necesaria.
Con perplejidad vemos como los burócratas y los neo-populistas pretenden denigrar a quienes se ganan el pan con su propio esfuerzo, diciendo que los llamados "informales" no son trabajadores ni están empleados. Para estos señores de pasmosa limitación e irreductible anacronismo, si una persona no trabaja para una gran empresa o para el Estado, simplemente "no trabaja". No importa que el llamado "informal" gane tres y cuatro veces el salario mínimo, ni que con su esfuerzo personal haya podido criar y educar a sus hijos, adquirir una vivienda propia y tener ahorros personales; no importa que el llamado "informal" haya optado por no ser una carga para el sistema de seguridad social y que produzca más de diez veces más riqueza por dólar de inversión que una empresa mediana o grande, y cincuenta veces más que un dólar en manos del Estado.
Para ellos, el llamado "auto-empleado" no tiene derecho a auto-emplearse; ¡No señor! Tiene que trabajar para otro, en una planilla formal y con todas las cargas que le impone la burocracia. En este punto vale la pena preguntarse, ¿por qué la llamada "economía informal" es más productiva dólar por dólar que la "economía formal"? ¿Por qué un vendedor ambulante puede ganar cuatro veces más que un titulado de universidad? ¿Por qué los llamados "informales" optan por la informalidad? ¿No será que el problema está en otro lado? ¿No será que lo que nos empobrece es el burocratismo con todos sus reglamentos y limitaciones inventadas para justificar el puesto del burócrata y también para coimear a los que sí son productivos? ¿No será que lo que nos mantiene en la pobreza son las ideas retardatarias de los neo-populistas que aborrecen la iniciativa privada porque son incapaces de ganarse la vida haciendo algo productivo, y por eso se refugian en los claustros y los despachos públicos?
Si el índice del empleo se midiera por el trabajo y no por la planilla, a los que habría que sacar del cómputo sería a esas sanguijuelas que ni producen ni dejan producir.

101 años de Panamá América

 
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