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Ingobernabilidad II


El gobierno de Juan Carlos Varela se mece en la cuerda floja de la ingobernabilidad como resultado de sus desaciertos contumaces y de la insostenibilidad derivada de los desacuerdos con la bancada parlamentaria del PRD. Aun si contara con el apoyo influyente del Órgano Legislativo, el Órgano Ejecutivo está aislado, lo que demuestra que no resuelve las crisis que se acumulan en las finanzas, el transporte, los precios reales de los alimentos, la inseguridad policial, el nepotismo. Parece condenado a emitir decretos ejecutivos sin ratificación legislativa, que resultan globos inflados por la vacua retórica populista que el presidente Varela disemina al paso rodeado de cámaras de televisión.

¿Quién gobierna Panamá? es la pregunta que se escucha por todas partes, sin obtener respuestas convincentes. El Ejecutivo no resuelve las crisis acumuladas en el sector agropecuario, el transporte público, los precios reales de los alimentos, la ola de homicidios. El Legislativo se debate en el caos semiparalizado por las impugnaciones a las diputaciones y los desacuerdos entre perredistas y panameñistas.

No existe nada digno de llamarse un acuerdo de gobernabilidad. Hay una telaraña de proyectos de leyes inconstitucionales y una repartición de cargos públicos inspirada en el parasitismo clientelista. Los perredistas venden sus votos al mejor postor político. Los panameñistas quieren una espada descomunal para degollar de un tajo a los funcionarios nombrados por Ricardo Martinelli, pero solo tienen hojas de afeitar.

Los panameñistas pretenden un poder de decisión que no concuerda con su minoría parlamentaria. Los perredistas pignoran votos a cambio del control de instituciones importantes como la Contraloría. Cada bancada marcha en función o de represalias o de apetitos burocráticos. “Esta alianza para nosotros ha sido un fracaso”, lamenta el veterano legislador Leandro Ávila, con lo que transmite su decepción por los ambiguos términos de los desacuerdos casuísticos de la ingobernabilidad.

Mientras tanto, el país soporta las inclemencias de la ingobernabilidad. Los agricultores cierran carreteras con tractores para lograr precios justos, pero el Gobierno no les resuelve. Los consumidores exponen quejas por los desbarajustes de un control de precios que únicamente certifican los burócratas jugosamente rentados.

Mi Bus va a subir los pasajes. Los “diablos rojos” se pintan de verde. Se nombran familiares de los gobernantes en los puestos claves del Idaan. El nepotismo intoxica la administración pública. Las compras de sanitarios para reemplazar letrinas despiden el olor de la corrupción. Los medios allegados al Gobierno distraen, o creen que distraen, con denuncias pueriles atribuibles al anterior gobierno para ocultar la inercia del actual.

Las estratagemas de la desinformación no engatusan a las amas de casa incrédulas del control de precios, a los sembradores de arroz a los que llevan a la quiebra, a los usuarios del transporte defraudados por la deficiencia cotidiana de Mi Bus y el regreso aterrador de los “diablos rojos” pintados con el color verde del PP, pero lo que no puede cambiar de color es la ineficacia del régimen que nació cojo y no acierta en apoyarse en muletas viables para tomar decisiones. Si se esfuma el pacto de gobernabilidad con el perredismo podemos entrar a un túnel sin salida.

101 años de Panamá América

 
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