Ingreso de Taiwan a la OMS
Ninguna razón lógica sustenta los tropiezos que tiene Taiwan para ingresar a la Organización Mundial de la Salud (OMS). La pequeña, pero pujante nación asiática de 23 millones de habitantes, aspira por el momento ser admitida como observadora, puesto que China ocupa un puesto como miembro pleno de la organización.
Y no es que haya renunciado a ocupar un lugar, igual al que ocupa China en la organización, sino que su solicitud de mero observador es una forma hábil de evitar la engorrosa discusión sobre las dos chinas. Hoy, la mayoría de los países reconoce una sola China; y esa es la República Popular China. Taiwan es tan solamente una nación que lucha por ser reconocida como estado soberano, a la que República Popular China y otros consideran una provincia rebelde. Pero esta discusión nada tiene que ver con la OMS, en cuyo foro no se ventila esa discusión, sino temas de cooperación entre países, naciones y entidades para salvaguardar la salud de la humanidad frente a los grandes males que la amenazan.
Cuando surgió hace dos años el sars o gripe aviar, Taiwan se portó admirablemente, pese a no ser miembro de la OMS. Pero aún así no pudo coordinar esfuerzos ni experiencia con otros países, ni mantenerse al día en los últimos avances de la lucha, que no cesa, frente a una enfermedad que
puede llegar a ser mucho peor que el SIDA. Tan sólo la gripe que sacudió al mundo en la segunda década del siglo pasado, llegó a matar en doce semanas tantas personas como el SIDA en 12 años; y se considera que el sars es un mal más perverso y letal.
Taiwan se queja que, ausente de la OMS, no tiene acceso directo e inmediato a información, ni puede participar en los foros sobre enfermedades, ni cuenta con beneficios de acceso a la distribución de vacunas, ni plasma bajo referencia estandarizada en caso de epidemias, ni puede participar en la formulación del código internacional de estándares alimenticios (Codex), que son básicos para el intercambio comercial conforme a las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), de la cual - por ironía - Taiwan es miembro pleno, igual que China. ¿Por qué entonces la exclusión?
Si para el comercio se ha obviado la discusión política de las dos chinas o más exactamente, de China y Taiwan, no vemos sentido para que no se haga igual con una materia que concierne a todos los pueblos del planeta, sean o no reconocidos como estado soberanos.
Y no es que haya renunciado a ocupar un lugar, igual al que ocupa China en la organización, sino que su solicitud de mero observador es una forma hábil de evitar la engorrosa discusión sobre las dos chinas. Hoy, la mayoría de los países reconoce una sola China; y esa es la República Popular China. Taiwan es tan solamente una nación que lucha por ser reconocida como estado soberano, a la que República Popular China y otros consideran una provincia rebelde. Pero esta discusión nada tiene que ver con la OMS, en cuyo foro no se ventila esa discusión, sino temas de cooperación entre países, naciones y entidades para salvaguardar la salud de la humanidad frente a los grandes males que la amenazan.
Cuando surgió hace dos años el sars o gripe aviar, Taiwan se portó admirablemente, pese a no ser miembro de la OMS. Pero aún así no pudo coordinar esfuerzos ni experiencia con otros países, ni mantenerse al día en los últimos avances de la lucha, que no cesa, frente a una enfermedad que
puede llegar a ser mucho peor que el SIDA. Tan sólo la gripe que sacudió al mundo en la segunda década del siglo pasado, llegó a matar en doce semanas tantas personas como el SIDA en 12 años; y se considera que el sars es un mal más perverso y letal.
Taiwan se queja que, ausente de la OMS, no tiene acceso directo e inmediato a información, ni puede participar en los foros sobre enfermedades, ni cuenta con beneficios de acceso a la distribución de vacunas, ni plasma bajo referencia estandarizada en caso de epidemias, ni puede participar en la formulación del código internacional de estándares alimenticios (Codex), que son básicos para el intercambio comercial conforme a las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), de la cual - por ironía - Taiwan es miembro pleno, igual que China. ¿Por qué entonces la exclusión?
Si para el comercio se ha obviado la discusión política de las dos chinas o más exactamente, de China y Taiwan, no vemos sentido para que no se haga igual con una materia que concierne a todos los pueblos del planeta, sean o no reconocidos como estado soberanos.