Iniciativa económica en el Caribe
Para pasado mañana está prevista la sanción por parte del presidente norteamericano Bill Clinton, de la iniciativa legislativa aprobada el jueves pasado por el Senado, la cual busca abrir el mercado norteamericano, libre de impuestos a la importación de 250 millones de metros cuadrados de textiles provenientes de América Central y el Caribe, beneficiando con la medida a 28 países del área. También se extiende la medida a las naciones del ¡frica subsahariana, aquejadas de sequías y hambrunas.
El proyecto de ley había sido aprobado previamente por la Cámara de Representantes, con lo que sólo resta la firma del Presidente Clinton, quien se ha adelantado a destacar de ella el mérito de "impulsar la inversión, el crecimiento y las oportunidades" en las naciones beneficiarias, al tiempo que "mejorará la competitividad de nuestras propias industrias".
En verdad, la iniciativa puede tener positivos efectos en la Cuenca del Caribe, si se lograra crear condiciones adicionales que coadyuven a atraer inversiones hacia la región, que se materialicen en fábricas de textiles, generadoras de empleos. Pero no todo es color de rosas.
La ley vendría tan sólo a reparar en parte, los perjuicios que para la región significó la pérdida del mercado norteamericano en el sector textilero, tras la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC), que engloba en un solo mercado a Estados Unidos, Canadá y México, poniéndola en ese aspecto a la par de éstos.
Las cuotas de ingreso de telas, libre de impuestos no son esta vez tan generosas, y se agrega ahora la exigencia de usar hilo estadounidense, que añade un desagradable componente de proteccionismo a la medida, pese al aderezo aperturista del discurso. Según Clinton, "este paso reafirma el compromiso de Estados Unidos de abrirse a los mercados". Y tiene razón, es abrirse, pero a medias; exigiendo a los demás por separado la apertura completa y sin condiciones. Así se deduce del propio mandatario, cuando dijo: "Exhorto a esos países a seguir construyendo economías abiertas".
No obstante lo expuesto, en un mundo imperfecto y desigual, en el que muchos preconizamos a favor de una mayor equidad y generosidad por parte de las naciones más desarrolladas; los avances no pueden darse a un ritmo ideal y de ordinario, tales se suceden a pasos lentos, con retrocesos intercalados. Desde este punto de vista, la nueva ley debe ser apreciada como un paso adelante, aun en una industria poco promisoria, que puede dar esperanza de empleos, a bajo sueldo, a quienes nada tienen.
También reconocemos que la ley será el resultado de una transacción política, de recíproca concesiones entre poderes, el Congreso y el Ejecutivo norteamericano, abriendo, entreabriendo; dando y quitando, todo a un mismo tiempo.
A fin de cuentas, como comentó el presidente tico, Miguel Angel Rodríguez, son al menos para Costa Rica cinco mil nuevos empleos y doscientos millones más en exportaciones. El Salvador, Honduras y República Dominicana, igual. Panamá no, porque no tiene fábricas de textiles y no es diestra negociando cuotas en comercio exterior.
El proyecto de ley había sido aprobado previamente por la Cámara de Representantes, con lo que sólo resta la firma del Presidente Clinton, quien se ha adelantado a destacar de ella el mérito de "impulsar la inversión, el crecimiento y las oportunidades" en las naciones beneficiarias, al tiempo que "mejorará la competitividad de nuestras propias industrias".
En verdad, la iniciativa puede tener positivos efectos en la Cuenca del Caribe, si se lograra crear condiciones adicionales que coadyuven a atraer inversiones hacia la región, que se materialicen en fábricas de textiles, generadoras de empleos. Pero no todo es color de rosas.
La ley vendría tan sólo a reparar en parte, los perjuicios que para la región significó la pérdida del mercado norteamericano en el sector textilero, tras la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC), que engloba en un solo mercado a Estados Unidos, Canadá y México, poniéndola en ese aspecto a la par de éstos.
Las cuotas de ingreso de telas, libre de impuestos no son esta vez tan generosas, y se agrega ahora la exigencia de usar hilo estadounidense, que añade un desagradable componente de proteccionismo a la medida, pese al aderezo aperturista del discurso. Según Clinton, "este paso reafirma el compromiso de Estados Unidos de abrirse a los mercados". Y tiene razón, es abrirse, pero a medias; exigiendo a los demás por separado la apertura completa y sin condiciones. Así se deduce del propio mandatario, cuando dijo: "Exhorto a esos países a seguir construyendo economías abiertas".
No obstante lo expuesto, en un mundo imperfecto y desigual, en el que muchos preconizamos a favor de una mayor equidad y generosidad por parte de las naciones más desarrolladas; los avances no pueden darse a un ritmo ideal y de ordinario, tales se suceden a pasos lentos, con retrocesos intercalados. Desde este punto de vista, la nueva ley debe ser apreciada como un paso adelante, aun en una industria poco promisoria, que puede dar esperanza de empleos, a bajo sueldo, a quienes nada tienen.
También reconocemos que la ley será el resultado de una transacción política, de recíproca concesiones entre poderes, el Congreso y el Ejecutivo norteamericano, abriendo, entreabriendo; dando y quitando, todo a un mismo tiempo.
A fin de cuentas, como comentó el presidente tico, Miguel Angel Rodríguez, son al menos para Costa Rica cinco mil nuevos empleos y doscientos millones más en exportaciones. El Salvador, Honduras y República Dominicana, igual. Panamá no, porque no tiene fábricas de textiles y no es diestra negociando cuotas en comercio exterior.