Inicua exclusion
LA EXCLUSIÓN ES UN fenómeno que, desde toda perspectiva, afecta en mayor medida al sexo femenino. Con sólo asomarse a las puertas de la historia encontraremos confirmaciones contundentes.
Las luchas femeninas se encaminan hacia la búsqueda de la igualdad y equidad de género. Grandes logros hemos alcanzado las mujeres comparando épocas pasadas, y reconociéndolo, conviene señalar las titánicas tareas que aguardan en la consecución de tan caro objetivo, pues, a despecho de los empeños realizados, subsisten, en la realidad en que trajina la mujer, asimetrías de género agudizadas por fracturas impuestas por diferencias de etnias, clase y edad, derivadas, claro, de un sistema que las utiliza como mecanismo de reproducción biológica, social o económica.
Son muchas las facetas de esta diferenciación social femenina; pero hoy, preocupadas como estamos por la ausencia de una verdadera política de salud que contemple la salud integral de la mujer (desde que nace hasta que muere), colocándola como sujeto de atención en una agenda de Estado, nos vamos a referir a un padecimiento que afecta a un significativo número de la población panameña, principalmente femenina, y para el cual el Estado, llámese MINSA o CSS, carece de una atención adecuada y oportuna.
La osteoporosis o "pérdida progresiva de masa ósea", en que los huesos pierden su fortaleza y se fracturan con facilidad, es la dolencia a la que nos referiremos, porque resulta altamente lesiva por sus efectos y costos para la mujer promedio de nuestra sociedad. Este padecimiento recibe, a nivel de las instancias responsables, una atención tan poco idónea, que es imposible obtener de los organismos responsables una estadística clara y confiable.
Un elemento imprescindible para diagnosticar el mal amerita una densintometría ósea, cuyo servicio no proporciona la Caja de Seguro Social (CSS), y cuyo costo mínimo alcanza los $50.00. Obtener una orden para hacerlo fuera de la CSS exige un proceso tan burocrático que desanima al más tenaz, convirtiendo un procedimiento rutinario en una operación extraordinaria. Qué decir de los costosos medicamentos que implican egresos mensuales de $70.00 por varios años o de manera permanente. Adicionalmente, es de rigor ingerir calcio con vitamina D que, por supuesto, se encuentra enlistado en los no del Seguro Social. El costo aproximado puede ser de $12.00 mensual.
Las mujeres más expuestas a la osteoporosis son aquellas peri, post o menopáusicas, es decir, mujeres que envejecen porque "al momento de la menopausia se da una marcada disminución en la producción de estrógenos, que entre muchas funciones juega un papel importante en la preservación de la fortaleza de los huesos mediante una continua calcificación" (Sadja Grenwood, M:D, "Menopausia sin ansiedad")
Son varios los factores que inciden en la osteoporosis: los genéticos, étnicos, y culturales, dentro de los cuales los estilos de vida sociales (alcohol, tabaco, dieta, falta de ejercicios) ocupan significativa importancia en la prevención de la enfermedad; no obstante, más allá de los criterios orientadores, debería existir en toda clínica o programa ginecológico que valorase a la mujer más allá del útero, es decir no sólo como reproductora de vida, una atención integral que se ocupase de brindar adecuado tratamiento a la población afectada. Mujeres nos han contado la forma agresiva en que son tratadas por quejarse en la consulta ginecológicas de sus dolencias por la menopausia.
La indicación es que recurran a la camisa de fuerza, por lo que salen con más ansiedades que respuestas.
Los médicos desconocen que "el proceso de curación implica una participación igualitaria: el éxito será posible si tanto el médico como el paciente tienen una participación activa en el proceso" (Dr. Samuels).
Los sistemas de salud olvidan el papel de las mujeres como motor de la historia y del cambio social. A contrapelo, se desinteresan por las adultas mayores, excepción hecha del "embellecimiento de algunas sonrisas", y las abandona a su suerte, incluyendo a aquellas que pagaron con sudor laboral las exiguas pensiones que hoy no les permiten atender las deficiencias que un sistema de seguridad social evidencia.
Esta exclusión que afecta a los ancianos en general adquiere mayor peso y proporción en las mujeres envejecientes porque, finalmente, se trata de lo mismo: Mientras las mujeres no incursionemos en las escenas políticas con agendas propias, voces y ademanes de mujeres, divorciadas de intereses partidistas (que subordinan nuestras reivindicaciones), los Estados y las instituciones seguirán sumiéndonos en esta inicua exclusión.
Las luchas femeninas se encaminan hacia la búsqueda de la igualdad y equidad de género. Grandes logros hemos alcanzado las mujeres comparando épocas pasadas, y reconociéndolo, conviene señalar las titánicas tareas que aguardan en la consecución de tan caro objetivo, pues, a despecho de los empeños realizados, subsisten, en la realidad en que trajina la mujer, asimetrías de género agudizadas por fracturas impuestas por diferencias de etnias, clase y edad, derivadas, claro, de un sistema que las utiliza como mecanismo de reproducción biológica, social o económica.
Son muchas las facetas de esta diferenciación social femenina; pero hoy, preocupadas como estamos por la ausencia de una verdadera política de salud que contemple la salud integral de la mujer (desde que nace hasta que muere), colocándola como sujeto de atención en una agenda de Estado, nos vamos a referir a un padecimiento que afecta a un significativo número de la población panameña, principalmente femenina, y para el cual el Estado, llámese MINSA o CSS, carece de una atención adecuada y oportuna.
La osteoporosis o "pérdida progresiva de masa ósea", en que los huesos pierden su fortaleza y se fracturan con facilidad, es la dolencia a la que nos referiremos, porque resulta altamente lesiva por sus efectos y costos para la mujer promedio de nuestra sociedad. Este padecimiento recibe, a nivel de las instancias responsables, una atención tan poco idónea, que es imposible obtener de los organismos responsables una estadística clara y confiable.
Un elemento imprescindible para diagnosticar el mal amerita una densintometría ósea, cuyo servicio no proporciona la Caja de Seguro Social (CSS), y cuyo costo mínimo alcanza los $50.00. Obtener una orden para hacerlo fuera de la CSS exige un proceso tan burocrático que desanima al más tenaz, convirtiendo un procedimiento rutinario en una operación extraordinaria. Qué decir de los costosos medicamentos que implican egresos mensuales de $70.00 por varios años o de manera permanente. Adicionalmente, es de rigor ingerir calcio con vitamina D que, por supuesto, se encuentra enlistado en los no del Seguro Social. El costo aproximado puede ser de $12.00 mensual.
Las mujeres más expuestas a la osteoporosis son aquellas peri, post o menopáusicas, es decir, mujeres que envejecen porque "al momento de la menopausia se da una marcada disminución en la producción de estrógenos, que entre muchas funciones juega un papel importante en la preservación de la fortaleza de los huesos mediante una continua calcificación" (Sadja Grenwood, M:D, "Menopausia sin ansiedad")
Son varios los factores que inciden en la osteoporosis: los genéticos, étnicos, y culturales, dentro de los cuales los estilos de vida sociales (alcohol, tabaco, dieta, falta de ejercicios) ocupan significativa importancia en la prevención de la enfermedad; no obstante, más allá de los criterios orientadores, debería existir en toda clínica o programa ginecológico que valorase a la mujer más allá del útero, es decir no sólo como reproductora de vida, una atención integral que se ocupase de brindar adecuado tratamiento a la población afectada. Mujeres nos han contado la forma agresiva en que son tratadas por quejarse en la consulta ginecológicas de sus dolencias por la menopausia.
La indicación es que recurran a la camisa de fuerza, por lo que salen con más ansiedades que respuestas.
Los médicos desconocen que "el proceso de curación implica una participación igualitaria: el éxito será posible si tanto el médico como el paciente tienen una participación activa en el proceso" (Dr. Samuels).
Los sistemas de salud olvidan el papel de las mujeres como motor de la historia y del cambio social. A contrapelo, se desinteresan por las adultas mayores, excepción hecha del "embellecimiento de algunas sonrisas", y las abandona a su suerte, incluyendo a aquellas que pagaron con sudor laboral las exiguas pensiones que hoy no les permiten atender las deficiencias que un sistema de seguridad social evidencia.
Esta exclusión que afecta a los ancianos en general adquiere mayor peso y proporción en las mujeres envejecientes porque, finalmente, se trata de lo mismo: Mientras las mujeres no incursionemos en las escenas políticas con agendas propias, voces y ademanes de mujeres, divorciadas de intereses partidistas (que subordinan nuestras reivindicaciones), los Estados y las instituciones seguirán sumiéndonos en esta inicua exclusión.