Injustificado aumento
Tengo entendido que las autoridades respectivas se aprestan a autorizar en breve el aumento injustificado en el transporte colectivo, lo que constituirá un terrible agravamiento en las condiciones económicas de nuestro pueblo, los sectores más humildes de la población, quienes son los permanentes usuarios de tales medios de transporte. Este incremento en la tarifa a razón de veinticinco centavos en cualquier punto que el ciudadano lo aborde, demostrará la insensibilidad social de los precios transportistas en apoyo de los propietarios de los mismos y la gran flaqueza de carácter de las autoridades en acceder finalmente a un reclamo por demás absurdo.
Carente de toda sustentación para el aumento de esta tarifa, se le echa más leña al fuego al infierno que constituye el alto costo de la vida en lo inaccesible de los artículos de primera necesidad, más la espada de Damocles que la constituye los anunciados aumentos en los consumos de electricidad y de servicio telefónico, amén de otras maniobras que con argucias jurídicas se encaminan para el costo del preciado líquido -el agua- que ha sido denunciado por los grupos sindicales respectivos.
Pero en lo que respecta en sí al servicio pésimo del transporte colectivo bajo el pretexto de que han variado los precios del petróleo, se pasa por alto que los mismos se saturen de pasajeros, con asientos destartalados, con daños a las vestimentas, incluso, ocasionando lesiones físicas, amén de ventanas que no suben ni bajan en épocas de intensas lluvias o de sofocante calor, incluso con amplificadores ensordecedores.
Todos los pasajeros que a diario usamos el transporte colectivo conocemos de la falta de cortesía de la mayoría de los conductores, quienes no esperan que el pasajero se acomode, si es que hay asientos, y emprenden la velocidad no importa que se trate de personas muy mayores, con algún impedimento físico o mujeres embarazadas, o bien, aquellas con niños en los brazos. El asunto es arrancar desaforadamente, porque en la siguiente "parada" tienen que recoger más pasajeros. Y ni hablar del manejo desordenado en áreas donde no están al alcance de las autoridades del tránsito. Pero en todo esto hay una complicidad colectiva, ya que cuando algún pasajero con alguna dignidad se ha quejado, llamando la atención al conductor para que evite un accidente, la mayoría se ha solidarizado con el conductor irresponsable, optando el que ha hecho la observación por callarse y encomendarse a Dios para que nada suceda en el trayecto o solicitar quedarse en la siguiente parada. Ese miedo colectivo es el que ha contribuido para que en breve amanezcamos con un injusto aumento en la tarifa del transporte colectivo, ya que en las distancias cortas es donde más se sentirá este aumento.
Carente de toda sustentación para el aumento de esta tarifa, se le echa más leña al fuego al infierno que constituye el alto costo de la vida en lo inaccesible de los artículos de primera necesidad, más la espada de Damocles que la constituye los anunciados aumentos en los consumos de electricidad y de servicio telefónico, amén de otras maniobras que con argucias jurídicas se encaminan para el costo del preciado líquido -el agua- que ha sido denunciado por los grupos sindicales respectivos.
Pero en lo que respecta en sí al servicio pésimo del transporte colectivo bajo el pretexto de que han variado los precios del petróleo, se pasa por alto que los mismos se saturen de pasajeros, con asientos destartalados, con daños a las vestimentas, incluso, ocasionando lesiones físicas, amén de ventanas que no suben ni bajan en épocas de intensas lluvias o de sofocante calor, incluso con amplificadores ensordecedores.
Todos los pasajeros que a diario usamos el transporte colectivo conocemos de la falta de cortesía de la mayoría de los conductores, quienes no esperan que el pasajero se acomode, si es que hay asientos, y emprenden la velocidad no importa que se trate de personas muy mayores, con algún impedimento físico o mujeres embarazadas, o bien, aquellas con niños en los brazos. El asunto es arrancar desaforadamente, porque en la siguiente "parada" tienen que recoger más pasajeros. Y ni hablar del manejo desordenado en áreas donde no están al alcance de las autoridades del tránsito. Pero en todo esto hay una complicidad colectiva, ya que cuando algún pasajero con alguna dignidad se ha quejado, llamando la atención al conductor para que evite un accidente, la mayoría se ha solidarizado con el conductor irresponsable, optando el que ha hecho la observación por callarse y encomendarse a Dios para que nada suceda en el trayecto o solicitar quedarse en la siguiente parada. Ese miedo colectivo es el que ha contribuido para que en breve amanezcamos con un injusto aumento en la tarifa del transporte colectivo, ya que en las distancias cortas es donde más se sentirá este aumento.