Inmigrantes ilegales
El problema de los inmigrantes ilegales se ha hecho internacionalmente epidémico. Hoy en día está afectando seriamente a España, Italia, Francia y otros países, y muy acentuadamente a los Estados Unidos y Panamá por ser su moneda el dólar; este nos coloca en escala preferencia, especialmente para los latinoamericanos, dada su vecindad. Empero, la práctica está constituyendo un mal con serias repercusiones económicas y sociales para nuestro país.
Resultamos afectados por la inmigración ilegal, dada su competencia con los nativos en el campo laboral; por la fuga de divisas; por ser utilizados como puente para el tráfico de armas y drogas; como refugio de peligrosos delincuentes reclamados por la justicia en otras latitudes y, en fin, por servir de centro de operaciones de todo tipo de aventurero, para la trata de blancas y la prostitución.
El número de inmigrantes ilegales en Panamá es alarmante, y eso, a pesar de las redadas que hacen nuestras autoridades. Pero a las personas detenidas hay que transportarlas, alojarlas y alimentarlas antes de su deportación, lo cual gravita pesadamente sobre nuestra economía.
En virtud de aquello, Panamá tiene que estar deportando con frecuencia hombres y mujeres sin documentos que acrediten su legal permanencia en el país, y que, para colmo, han reincidido.
En consecuencia, valdría la pena analizar si es posible legislar sobre la materia, estableciendo severas penas de prisión para éstos, a quienes, antes de su viaje como personas deportadas, se les haga saber lo que les espera si vuelven a entrar ilegalmente al país.