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"Inmolados del Yihad"


Jerusalén, Tel Aviv y Haifa son hermosas ciudades modernas ubicadas en los mejores lugares turísticos de Israel. Millones de personas de todo el mundo las visitan para sentir dos cosas: el ambiente especial del cálido mediterráneo cuyas aguas tocan la tierra del desierto. Por otra parte, la Tierra Santa atrae a los fieles de tres gloriosas religiones monoteístas. Siempre habrá personas sentadas en los restaurantes, hoteles y puestos cerca de sitios de interés histórico en esas ciudades.
De repente, esas ciudades se conmocionan. Un joven de 19 años se vuela con un explosivo, inmolándose junto a un restaurante en Jerusalén. Cerca de 19 personas mueren en el atentado. Luego, a pocos días del primer atentado, otro adulto joven, de origen palestino, hace exactamente lo mismo: entra en un concurrido restaurante e intenta matar a los clientes. Esta vez, falla en el ataque y pocos resultan heridos tras el bombazo. ¿Cómo un chico de temprana edad se sacrifica en un ritual de muerte con el fin de asesinar a otras personas, muchas de ellas inocentes y que nada tienen que ver con las diferencias árabes-israelíes?
Dice un proverbio del Corán que los hijos de Dios inmolados en la lucha contra los Infieles, serán enviados al Paraíso. Allí, delante de palacetes de oro y cristal, hermosas doncellas atenderán a los Mujaidines (guerreros santos) por toda la eternidad. Así, en una secreta "guardería" en la Franja de Gaza, cientos de niños reciben el primer entrenamiento para ser transformados en héroes del Yihad (la Guerra Santa). Pobres, desilusionados y desmotivados por el bloqueo a las zonas industrializadas del Estado de Israel, donde usualmente sus padres trabajaban en tiempos de paz, los jóvenes acarician las consignas de odio hacia el ocupante hebreo. No hay que ser adivino para saber cuál será el destino de esos pequeños.
No sólo en Gaza se entrena a los jóvenes palestinos para luchar contra el ejército israelí. En toda Cisjordania, en el Líbano, después de la margen este del Río Jordán, miles de adolescentes comulgan un único propósito: morir en atentados suicidas para liberar la Tierra Palestina. Tres movimientos fundamentalistas palestinos han dado comienzo a una nueva camada de "terroristas". Después de un breve periodo de paz, entre los años 1993 y 2000, pocos abrazaron la idea de ingresar a las filas de los grupos extremistas. Dos son famosos: Hamas y Yihad Islámico. Sus líderes son de tendencia chiíta, radicales de izquierda que confían en una redención sagrada para hacer que Israel salga de Cisjordania y la Franja de Gaza, ocupadas desde junio de 1967. Hasta allí, era previsible el detectar a los "fanáticos" del Corán.
Pero en los últimos atentados suicidas desde mediados de junio del 2001, grupos no afines al Hamas y Yihad islámico están participando en acciones guerrilleras contra Israel. El Partido Al Fatah, el cual es la base de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), tiene signos de poseer alas extremistas que actúan con o sin el permiso del máximo dirigente palestino, Yasser Arafat. Por esa razón, las acciones antisubversivas israelíes frente a las unidades pro-palestinas han resultado en contraataques tras incidentes o atentados suicidas, pues se cree que esas facciones trabajan en unísono con el extremismo radical islámico.
¿Cuándo acabará esta sangría de violencia desmedida? Palestina no tiene un gran ejército como lo posee el Estado de Israel. Majestuoso y casi invencible, la fuerza descomunal del poderío militar hebreo no tiene igual en el Medio Oriente: seis mil tanques blindados, más de 500 aviones ultramodernos, un ejército de un millón de soldados, contando sus reservas, además de un secreto arsenal nuclear de 400 bombas atómicas. Pero esa fuerza armada nada ha podido hacer para evitar que civiles inocentes perezcan en atentados suicidas bien planeados para azuzar y atemorizar a la población israelí. De allí que hoy, una encuesta del diario Maariv dice que la gente no cree que Ariel Sharon, el actual premier hebreo, pueda detener la escalada de violencia palestina.
Una cosa sí es segura. La única vía para salvar del desastre al Medio Oriente es la negociación directa entre los líderes israelíes y los dirigentes palestinos moderados, con la intervención de Estados Unidos de América, además de las Naciones Unidas junto con la Unión Europea. Hay que evitar que la escalada de violencia en los territorios ocupados se transforme en una guerra abierta entre Israel con sus vecinos árabes. La paz es la alternativa; ni siquiera el mejor ejército del mundo puede contra la insensata actitud irracional de un joven palestino que cree en una inmolación gloriosa en sacrificio por la supuesta "liberación de Palestina". Ya lo dijo el mismo Arafat en una elocuente entrevista: "La independencia de Palestina se logrará con la sangre de los niños palestinos inmolados". Qué locura más grande....

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