Inmunidad, corrupción e impunidad
He allí los tres términos denominados adjetivos calificativos más dañinos en todo Panamá, los cuales elegí para este artículo con el deseo de contribuir con el pueblo panameño en estos difíciles momentos económicos.
Por tal razón, creo que ha llegado la oportunidad para que el pueblo, sin ningún temor, exprese sus inquietudes y necesidades más apremiantes para aprovechar las declaraciones de los actuales candidatos en las discusiones de sus planes de gobierno en el período 2004-2009.
La principal sugerencia, que según mi sano criterio es de mayor importancia para Panamá, es la definitiva eliminación de inmunidad, madre de la corrupción y de la impunidad, medida importante en este país que también serviría para darle un golpe mortal a la impunidad.
Si el ex presidente Guillermo Endara, cuando se encargó de la presidencia poquito tiempo después que cayó la dictadura norieguista y perrerista, hubiera aprovechado el gran resentimiento que sentía el pueblo panameño, cuyas heridas estaban frescas causadas por el maltrato que recibió de la narcodictadura y en vez de ayunar hubiera nombrado una constituyente paralela con poderes limitados para la redacción de la nueva Constitución y sustentación ante la Asamblea Legislativa, e integradas por abogados constitucionalistas apolíticos e imparciales y de reconocida trayectoria democrática, estoy seguro que lo habría respaldado abrumadoramente, pero no lo hizo. Según mi criterio, por miedo a perder la presidencia y no en aras de la unidad nacional, como él afirma.
Y, a consecuencia de ese error, quizás bien intencionado, el PRD volvió al poder en 1994, y todavía está gobernando y ha sido ese colectivo político, conocido como brazo derecho de la dictadura que duró 21 años, el principal responsable y opositor a una nueva Constitución. Por ello, el país no ha podido volver a levantar la cabeza ni podrá mejorar el estándar de vida de todos los panameños.
Si el nuevo presidente quiere mejorar la situación económica imperante heredada desde 1968 hasta el 2004, la única solución está en la construcción del Canal al Nivel del Mar con Ensenadas, una sola inversión millonaria que puede ocupar el noveno lugar entre todas las maravillas de ingeniería del mundo moderno.
Con esa proyecto, no sería necesario construir un sinnúmero de obras adicionales para alimentar un nuevo canal a exclusas más amplio que el actual, que también tendría fecha de vencimiento, para continuar prestando buen servicio a todas las naciones navieras del mundo, pues no se puede excluir la tendencia de los actuales astilleros de construir barcos, cada vez más grandes.
Un canal al nivel del mar, como el que ha propuesto el ingeniero Demóstenes Vergara Stanziola, no perjudicaría a los pobres campesinos en comparación con el perjuicio que causarían a los habitantes de los lugares donde se construiría alguno de los otros dos proyectos propuestos.
Por tal razón, creo que ha llegado la oportunidad para que el pueblo, sin ningún temor, exprese sus inquietudes y necesidades más apremiantes para aprovechar las declaraciones de los actuales candidatos en las discusiones de sus planes de gobierno en el período 2004-2009.
La principal sugerencia, que según mi sano criterio es de mayor importancia para Panamá, es la definitiva eliminación de inmunidad, madre de la corrupción y de la impunidad, medida importante en este país que también serviría para darle un golpe mortal a la impunidad.
Si el ex presidente Guillermo Endara, cuando se encargó de la presidencia poquito tiempo después que cayó la dictadura norieguista y perrerista, hubiera aprovechado el gran resentimiento que sentía el pueblo panameño, cuyas heridas estaban frescas causadas por el maltrato que recibió de la narcodictadura y en vez de ayunar hubiera nombrado una constituyente paralela con poderes limitados para la redacción de la nueva Constitución y sustentación ante la Asamblea Legislativa, e integradas por abogados constitucionalistas apolíticos e imparciales y de reconocida trayectoria democrática, estoy seguro que lo habría respaldado abrumadoramente, pero no lo hizo. Según mi criterio, por miedo a perder la presidencia y no en aras de la unidad nacional, como él afirma.
Y, a consecuencia de ese error, quizás bien intencionado, el PRD volvió al poder en 1994, y todavía está gobernando y ha sido ese colectivo político, conocido como brazo derecho de la dictadura que duró 21 años, el principal responsable y opositor a una nueva Constitución. Por ello, el país no ha podido volver a levantar la cabeza ni podrá mejorar el estándar de vida de todos los panameños.
Si el nuevo presidente quiere mejorar la situación económica imperante heredada desde 1968 hasta el 2004, la única solución está en la construcción del Canal al Nivel del Mar con Ensenadas, una sola inversión millonaria que puede ocupar el noveno lugar entre todas las maravillas de ingeniería del mundo moderno.
Con esa proyecto, no sería necesario construir un sinnúmero de obras adicionales para alimentar un nuevo canal a exclusas más amplio que el actual, que también tendría fecha de vencimiento, para continuar prestando buen servicio a todas las naciones navieras del mundo, pues no se puede excluir la tendencia de los actuales astilleros de construir barcos, cada vez más grandes.
Un canal al nivel del mar, como el que ha propuesto el ingeniero Demóstenes Vergara Stanziola, no perjudicaría a los pobres campesinos en comparación con el perjuicio que causarían a los habitantes de los lugares donde se construiría alguno de los otros dos proyectos propuestos.