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Innovar, pero con recursos


" Innovar o perecer" es el lema que identifica plenamente a la Universidad de Panamá (UP) en estos tiempos de crisis y profundos cambios sociales, económicos, políticos, científicos y tecnológicos. Innovar significa "mudar o alterar las cosas, introduciendo novedades".
En la UP se trata de una mudanza justa y apropiada en el terreno humanístico, científico, económico y física. Ignacio Ramonet, intelectual español y director del diario "Le Monde Diplomatique", considera como nuevo paradigma la comunicación, que sustituyó al progreso. "¡Comuníquese y se encontrará mejor!", dice.
Si existen conflictos entre las autoridades universitarias, empresarios y funcionarios de gobierno, es porque no charlan lo suficiente.
Si la comunicación es el nuevo modelo general de pensamiento en el siglo del conocimiento, no escapan de la realidad las palabras del actual rector de la Universidad de Panamá, Gustavo García de Paredes, durante la inauguración del I Congreso de Postgrado e Investigación: "fortalecer los vínculos con los sectores social, productivo y gubernamental y estrechar la relación entre docencia e investigación".
En la medida en que los representantes del Estado y la empresa privada empiecen a observar a la universidad con otros ojos, que inicie un verdadero cambio de actitud y exista la voluntad para hacerlo, entonces nuestro centro de estudio superior se transformará en un productor del conocimiento para "el estudio de los problemas nacionales" y difusor de la cultura nacional, como lo establece la Constitución.
Claro está, la Universidad debe dar muestras de cambio interior, tal como lo dijo el Dr. Víctor Cruz Cardona, director general para la América Latina y el Caribe de la Asociación Iberoamericana de Postgrado: "No basta con ser bueno, hay que parecerlo y probarlo. O probamos que somos buenos o nos prueban", advirtió. Por eso la Universidad de Panamá adaptó en diciembre de 1996 el Sistema Centroamericano de Evaluación y de Acreditación de la Educación Superior (SICEVAES).
Mientras que nuestra Carta Magna estipula que el Estado dotará a la universidad de "lo indispensable para su instalación, funcionamiento y desarrollo futuro, así como del patrimonio", el científico panameño Juan Antonio Gómez reclama que por primera vez en la historia republicana se otorgue un crédito de un millón de dólares para la investigación.
¿Se puede hacer? ¿De dónde sacar esa plata? El recurso económico y humano existe, hace falta voluntad política. Veamos los ejemplos de países como Perú y Bolivia.
El gobierno peruano empezó a cobrar el Impuesto a las Transacciones Financieras que grava con una tasa de apenas 0.15% cada depósito y retiro desde una cuenta bancaria. ¿Qué busca? Recaudar 428 millones de dólares anualmente, a fin de atender las latentes demandas sociales y aumentos de remuneraciones en el sector público.
En Bolivia se repite esta historia. Su presidente, Carlos Mesa, ha implementado un impuesto de 0.3% a las transacciones financieras, con el ánimo de recoger 100 millones de dólares para dar prioridad al crecimiento, a la producción y al empleo. ¡Un millón solicitan los panameños sólo para hacer despegar la investigación!
En Panamá se puede aplicar esa ecuación, minimizando los efectos que podría tener sobre la competitividad de la economía por su impacto en los costos de producción y en la tasa de interés.
Otra alternativa para recaudar fondos la dio el doctor Eduardo Ortega Barría, coordinador de investigación y desarrollo de INDICASAT, cuando preguntó "¿dónde están los ricos de Panamá que han pasado por nuestra universidad?"
Ortega propone que fundaciones privadas nacionales realicen donaciones a la Universidad de Panamá y sean incluidas en un programa de reducción de impuestos.
Si de verdad buscamos que la finalidad de la educación panameña se centre en "fomentar en el estudiante una conciencia nacional", urge los recursos económicos que con un poco de voluntad pueden surgir.

101 años de Panamá América

 
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