Inoportunidad de una constituyente convocada ahora
Nadie que tenga un elemental conocimiento de lo que es una Constitución puede oponerse a la idea de que, la que actualmente rige el Estado panameño, surgida de los momentos o ideas de la dictadura militar, deba ser sustituida por otra Constitución, mejor concebida e ideológica y formalmente mejor estructurada.
Sin embargo, pese a que estamos convencidos de esa necesidad, conceptuamos que no se dan las circunstancias de gravedad social, política e institucional, que son los presupuestos básicos para toda convocatoria de esta naturaleza, por lo que el momento no es oportuno no sólo en razón de lo expresado suscintamente, sino de otras razones que se expondrán a continuación:
a) ¿Se ha dado acaso en la República un golpe de Estado que justifique plenamente la convocatoria a una Constituyente Nacional?. Hasta un ciego político debe haberse dado cuenta de que esto no ha ocurrido y todo lleva a suponer que no sucederá dentro de las actuales circunstancias políticas.
b) ¿Existe un complicado fenómeno político de ingobernabilidad, que lleve al actual gobierno a adoptar una decisión tan delicada?. Hay protestas de obreros, enfermeras y profesores, de los cuales quizás algunos grupos están aupados por quienes intentan pescar en río revuelto, pero hay que aceptar que tales protestas son fenómenos naturales de la vida política en democracia. El espectro civil de la sociedad tiene derecho a expresar sus aspiraciones y hasta sus inconformidades, lo que no constituye el caldo político que pueda justificar la convocatoria de que nos ocupamos.
En los cursos superiores de Ciencias Políticas en Washington (de gobierno en los Estados Unidos) aprendí que, en Inglaterra, el Rey le paga un salario al líder del partido de oposición, exactamente para que le haga la oposición al Rey. De esto le hablé en una carta a mi amigo el señor Joaquín Franco, carta de la cual aún mantengo copia. Era el tiempo en que el Dr. Franco hacía de Secretario del presidente de la República, don Domingo Díaz.
Jamás se me ocurriría a mí pensar que tenemos suficiente cultura política como los ingleses, para imitar una medida gubernamental de este calado, particularmente porque en Inglaterra, como en casi toda Europa, estas agrupaciones políticas tienen compromisos ideológicos, mientras que los partidos nuestros son apenas estructuras personalistas sin contenido de ninguna naturaleza. Si esta afirmación lamentable no fuere cierta, sería imposible explicar entonces el espectáculo de los llamados Saltamontes ni, en los últimos días, habrían brincado más de mil miembros del partido Liberal a conformar las filas del partido Arnulfista, cuando puede advertirse que estos dos partidos políticos no embonan, ciertamente, en lo que pudieran ser sus ideas políticas.
c) Lo más grave de todo, para poder hablar de inoportunidad política para convocar una constiuyente, es que los miembros del PRD cuentan con las partidas circuitales que montan a varios millones y sólo tienen un voto menos de los legisladores que integran el Gobierno Nacional. No se me diga que el Pacto de La Pintada ha resuelto la situación referente a las diferencias políticas existentes.
Ese Pacto entre partidos personalistas, cuya conducta el algunos se inspira en el pensamiento equivocado del último Presidente de la República, carece por ello mismo de solidez política. Por lo menos, tenemos grandes dudas y tenemos la casi certeza de que las persistentes angustias políticas del gobierno actual, evidenciada por los reclamos de la sociedad civil, que eventualmente podrían hacer añicos ese llevado y traído Pacto de La Pintada.
Ch) Finalmente y para no ser cansado, no parece ser el momento político para, por ejemplo, hacer desaparecer las partidas circuitales ni el excesivo número de legisladores que integran la Asamblea Legislativa, cuestión que tiene necesariamente que resolver la próxima Constituyente.
Lo que sí puede suceder es que se usen las partidas circuitales para lograr una Asamblea Constituyente parecida si no peor que el cuerpo legislativo actual, que no parece dar noticias de su preocupación profunda por resolver los graves problemas nacionales.
Por ello postulo la inoportunidad de la convocatoria ahora a una Asamblea Constituyente. Los efectos de la dictadura no han desaparecido aún y el PRD sigue siendo el brazo derecho de la política con que se pretenda eternizar en el poder a quienes sólo el tiempo podrá determinar sus verdaderas intenciones políticas nacionales.
Sin embargo, pese a que estamos convencidos de esa necesidad, conceptuamos que no se dan las circunstancias de gravedad social, política e institucional, que son los presupuestos básicos para toda convocatoria de esta naturaleza, por lo que el momento no es oportuno no sólo en razón de lo expresado suscintamente, sino de otras razones que se expondrán a continuación:
a) ¿Se ha dado acaso en la República un golpe de Estado que justifique plenamente la convocatoria a una Constituyente Nacional?. Hasta un ciego político debe haberse dado cuenta de que esto no ha ocurrido y todo lleva a suponer que no sucederá dentro de las actuales circunstancias políticas.
b) ¿Existe un complicado fenómeno político de ingobernabilidad, que lleve al actual gobierno a adoptar una decisión tan delicada?. Hay protestas de obreros, enfermeras y profesores, de los cuales quizás algunos grupos están aupados por quienes intentan pescar en río revuelto, pero hay que aceptar que tales protestas son fenómenos naturales de la vida política en democracia. El espectro civil de la sociedad tiene derecho a expresar sus aspiraciones y hasta sus inconformidades, lo que no constituye el caldo político que pueda justificar la convocatoria de que nos ocupamos.
En los cursos superiores de Ciencias Políticas en Washington (de gobierno en los Estados Unidos) aprendí que, en Inglaterra, el Rey le paga un salario al líder del partido de oposición, exactamente para que le haga la oposición al Rey. De esto le hablé en una carta a mi amigo el señor Joaquín Franco, carta de la cual aún mantengo copia. Era el tiempo en que el Dr. Franco hacía de Secretario del presidente de la República, don Domingo Díaz.
Jamás se me ocurriría a mí pensar que tenemos suficiente cultura política como los ingleses, para imitar una medida gubernamental de este calado, particularmente porque en Inglaterra, como en casi toda Europa, estas agrupaciones políticas tienen compromisos ideológicos, mientras que los partidos nuestros son apenas estructuras personalistas sin contenido de ninguna naturaleza. Si esta afirmación lamentable no fuere cierta, sería imposible explicar entonces el espectáculo de los llamados Saltamontes ni, en los últimos días, habrían brincado más de mil miembros del partido Liberal a conformar las filas del partido Arnulfista, cuando puede advertirse que estos dos partidos políticos no embonan, ciertamente, en lo que pudieran ser sus ideas políticas.
c) Lo más grave de todo, para poder hablar de inoportunidad política para convocar una constiuyente, es que los miembros del PRD cuentan con las partidas circuitales que montan a varios millones y sólo tienen un voto menos de los legisladores que integran el Gobierno Nacional. No se me diga que el Pacto de La Pintada ha resuelto la situación referente a las diferencias políticas existentes.
Ese Pacto entre partidos personalistas, cuya conducta el algunos se inspira en el pensamiento equivocado del último Presidente de la República, carece por ello mismo de solidez política. Por lo menos, tenemos grandes dudas y tenemos la casi certeza de que las persistentes angustias políticas del gobierno actual, evidenciada por los reclamos de la sociedad civil, que eventualmente podrían hacer añicos ese llevado y traído Pacto de La Pintada.
Ch) Finalmente y para no ser cansado, no parece ser el momento político para, por ejemplo, hacer desaparecer las partidas circuitales ni el excesivo número de legisladores que integran la Asamblea Legislativa, cuestión que tiene necesariamente que resolver la próxima Constituyente.
Lo que sí puede suceder es que se usen las partidas circuitales para lograr una Asamblea Constituyente parecida si no peor que el cuerpo legislativo actual, que no parece dar noticias de su preocupación profunda por resolver los graves problemas nacionales.
Por ello postulo la inoportunidad de la convocatoria ahora a una Asamblea Constituyente. Los efectos de la dictadura no han desaparecido aún y el PRD sigue siendo el brazo derecho de la política con que se pretenda eternizar en el poder a quienes sólo el tiempo podrá determinar sus verdaderas intenciones políticas nacionales.