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Institucionalidad, gobernabilidad; democracia y desarrollo integral


ESTE AÑO, CADE, la conferencia anual de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE), se concentrará en el tema "Institucionalidad: Desafío Ineludible", cuya selección el Comité Organizador ha justificado así:
"Es necesaria la preservación y fortalecimiento de nuestras instituciones, con el fin de apoyar la Ley, nuestra credibilidad en las instituciones, la transparencia, la recuperación de la autoridad, la eficiencia, etc. La Conferencia Anual de Ejecutivos anhela que el país cuente con reglas de juego claras que creen confianza en los actores del desarrollo y que atraigan inversión para la prosperidad del país. La institucionalidad la conforman las reglas del juego (formales e informales), las instituciones (públicas y privadas), y la gente (servidores públicos, empresarios, profesionales, ciudadanos, etc.), son los jugadores. Se requiere de reglas claras para posibilitar el accionar ciudadano, económico y social de nuestro país".
Aunque es tentador comentar ese mensaje, asaz sui generis, que parece sostener que la Ley y la autoridad son fines superiores, me abstendré para concentrarme en los resultados que preveo puede arrojar ese cónclave.
Entre las conferencias, mesas redondas y paneles que se desarrollarán, destaco dos: la conferencia "Límites naturales de la gobernabilidad: ámbito del acción del gobierno", que supongo, será la primera en "aterrizar" en aspectos concretos; y el panel "Balance y Perspectiva sobre el futuro de la institucionalidad panameña" que, por ser el último, parece pensado para aportar conclusiones.
El año pasado, CADE 2006, trató el tema "Los partidos políticos: Crisis y desafíos", con la finalidad, así fue anunciada, de "fortalecer la democracia, a través de los partidos políticos". Cuando todavía estaban en el proceso de escoger a los expositores, y por haber derivado de una conversación telefónica previa la impresión de que podría encontrar alguna receptividad, el día 24 de enero de 2007, en una nota al presidente en turno, Sr. Obarrio, recomendé incluir entre los expositores a políticos independientes y representantes de sectores no partidistas, que analizaran otras vías y formas de participación, distintas a las que ofrecen los partidos políticos, ya que, como ocurre en Panamá, donde éstos tienen el monopolio del sistema electoral, en lugar de fortalecer la democracia, la atrofian.
Creo que a la APEDE la motiva la sana intención de contribuir a la discusión a un alto nivel de problemas importantes para el país. Y, desde luego, no espero que esos encuentros terminen con recomendaciones inclinadas a favor de posiciones políticas sectarias. La composición heterogénea de sus miembros les impone la "neutralidad", que en su caso debe entenderse "como una amplia apertura para permitir la consideración objetiva y no restringida de todas las aristas del problema que se desea analizar".
El año pasado, la conferencia de CADE, a mi juicio, se quedó corta, al no permitir una confrontación en un marco más amplio, en el que se discutiera, aparte de "cómo fortalecer la democracia a través de los partidos políticos", "otras maneras o vías alternativas de fortalecer la democracia, aparte de los partidos políticos, y aún a pesar de éstos". Después de haber transcurrido un año desde el CADE 2006, sus resultados no han contribuido a que nuestra democracia se fortalezca. En ese lapso, en vez de avanzar, nuestra democracia ha retrocedido.
Los partidos políticos son cada día más repudiados por amplios sectores de la ciudadanía y menos idóneos para estimular y asegurar la participación democrática. Prueba irrefutable es que más de 50% de los registrados en el Censo Electoral no pertenece a ningún partido político y, también, la realidad, indiscutible, de que los existentes son controlados por pequeñas cofradías, esencialmente motivadas por asegurar cuotas de poder, para traducirlas en beneficio personal.
Del poco más de un millón de ciudadanos panameños inscritos en los partidos políticos, más del 99% son sólo adherentes (miembros de número); tal vez, un uno por ciento (1%) son militantes (activistas); y no más de 50 personas, como promedio, toman las decisiones en cada uno de los ocho partidos legalmente reconocidos. ¿Contribuyó en algo CADE 2006 a que esa realidad cambiara? Evidente que no. ¿Ha mermado en algo el monopolio de los partidos sobre el sistema electoral? Evidente que no. ¿Se han afectado en algo los privilegios y prebendas que favorecen y fortalecen ese monopolio? Evidente que no. ¿Puede decirse que de alguna manera los partidos han contribuido al fortalecimiento de la democracia en Panamá en el año transcurrido? Evidente que no.
Este año, a mi juicio, CADE tampoco logrará el efecto catalizador que, animados de buenas intenciones buscan sus organizadores. Y la razón, es similar a la del año pasado: Un enfoque que se queda corto, frente a la magnitud del problema que se busca analizar. La institucionalidad, es decir, las instituciones que la materializan, no son un fin en sí mismas; y, tampoco lo es la Ley, como parece sostenerse en el mensaje que fundamenta el escogimiento del tema de CADE 2007. Las instituciones y la Ley son instrumentales para lograr un fin: el desarrollo y el bienestar general.
Más importante que preservar las instituciones panameñas, en sus formas y comportamientos actuales o la vigencia de la Ley por la Ley, es preguntarse: ¿Cumplen esas instituciones y las leyes que nos rigen la finalidad de contribuir, efectivamente, a la gobernabilidad y, por ende, a la consolidación de nuestra democracia y, en última instancia, al desarrollo equilibrado y justo de nuestra nación y al bienestar de los panameños? Como es evidente que no, estimo que el debate que necesita nuestro país, en lugar de centrarse en la exaltación de la Ley o en el reclamo de más autoridad, debe versar sobre las debilidades y fortalezas de nuestras actuales instituciones, para determinar si están contribuyendo o no a la gobernabilidad, a la consolidación de una democracia participativa, a la equidad social y al bienestar de las mayorías, es decir, al desarrollo integral de la nación, especialmente de los marginados por la pobreza.
Pablo Rodríguez: "Rayar las paredes, muros y bancas no trae ningún resultado positivo para la ciudad".
María Cedeño: "Estas acciones de rayar las paredes no están bien. Considero que los jóvenes que realizan esto no tienen educación".
Blanca Dávalos: "Considero que el graffiti es un arte que debe ser respetado. Es una muestra de expresión de las personas a través de imágenes y de colores".

101 años de Panamá América

 
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