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Institucionalidad gravemente herida


Estamos asistiendo impávidos al desmoronamiento de la institucionalidad democrática a mazazos y a manos de quienes están precisamente llamados a fortalecerla y a preservarla.

Si el poder Ejecutivo, obnubilado por un apoyo quizás efímero y coyuntural, obtenido en las urnas en mayo del año pasado, se ha propasado en su manifiesto afán de acaparar para sí toda la cosa pública, incluyendo a las instituciones de control, a los medios de comunicación social y a algunos gremios, correspondería al Órgano Judicial ponerle freno a los excesos de aquel.

Pero no ha sido así. Causa tristeza que sean los magistrados nombrados por los presidentes supuestamente “civilistas” quienes se hayan prestado para el mamotreto judicial montado contra la Procuradora General de la Nación Ana Matilde Gómez Ruiloba, y que los magistrados designados por el PRD, antiguo brazo político de la dictadura, hagan gala de juridicidad democrática frente a la burda maniobra política de los primeros.

Pero más tristeza produce que un funcionario de carrera judicial a quien se le presentó la preciosa oportunidad de acceder a la más alta distinción judicial, haya dado las más bochornosas muestras de abyección de que se tenga recuerdo en los últimos 20 años desde el advenimiento de la democracia.

La institucionalidad democrática está siendo gravemente herida, para profundo pesar de la patria.

101 años de Panamá América

 
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