Instituto de la Mujer
La violencia ejercida contra las mujeres forma parte de un lamentable escenario cotidiano que experimentamos los/as habitantes de este país. Vivimos en un medio dentro del cual, muchos/as ven como normal, por ejemplo, el supuesto comentario “halagador” que raya en lo ofensivo y que nos cosifica, el pago salarial desigual entre hombres y mujeres por igual labor ejercida, o la promoción de una imagen femenina estereotipada en ciertos medios de comunicación.
A pesar que hemos superado a los hombres en cuanto a niveles educativos, la tasa de desocupación de las mujeres es 1.6% mayor que la de los hombres. Presumo que esto, y no está escrito en piedra, pueda deberse, en parte, a que resulta mucho más rentable para algunos/as empresarios/as contratar a hombres, quienes (aclaro, no todos) no corren ansiosos a preparar la comida, no salen despavoridos del trabajo a las reuniones de padres/madres de familia o piden permisos laborales para llevar a sus hijos/as a las/citas médicas, etc.
La mayor promoción de una imagen positiva de las mujeres en los medios de comunicación, el incremento de la participación femenina en puestos de elección popular y aquellos de libre nombramiento y remoción, la eliminación de la brecha salarial, la atención integral al tema de violencia de género, la sensibilización a los hombres en cuanto a su necesaria participación en las labores del hogar, más allá del rol de proveedor económico, constituyen acciones, entre otras, que deben ser abordadas con suficientes recursos humanos y presupuestarios. Para lograrlo, entonces se demanda la consolidación de una institucionalidad fortalecida.
El Instituto Nacional de la Mujer, creado por Ley No. 71 de 23 de diciembre de 2008, empezó funciones el 31 de marzo del presente año, se constituye en una entidad pública descentralizada, con personalidad jurídica, patrimonio propio y autonomía administrativa, presupuestaria, financiera, técnica y de gestión para coordinar y ejecutar la política nacional de igualdad de oportunidades para las mujeres conforme a sus objetivos, atribuciones y funciones. El necesario nacimiento de esta institución ha respondido al clamor de quienes han luchado por garantizar a las mujeres, el ejercicio pleno de sus derechos.
Resquebrajar un sistema que históricamente ha impedido la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres resulta una tarea compleja. Para lograrlo, es fundamental el acopio de los recursos humanos y financieros suficientes, el trabajo inter-sectorial e interinstitucional en alianza con la sociedad civil organizada y de los organismos internacionales.
Ojalá que quienes se disponen a guiar los destinos de nuestra Patria sepan reconocer el valor de esta institucionalidad en el Desarrollo Humano Nacional y apoyar su gestión.