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Integración racial: ¿realidad o utopía?


La existencia de importantes comunidades de origen africano constituye un dato inalterable de gran parte de la geografía de las Américas. La presencia negra se ha hecho sentir a través de un intercambio constante, aunque nunca fácil, con el resto de los sectores de las sociedades americanas. Así, la cultura africana ha hecho grandes aportes, modelado expresiones artísticas, culturales y de la vida cotidiana como la música, danza, cocina, lenguaje, y la vestimenta. Ha fomentando, además, el desarrollo de un marcado fervor religioso. En suma, ha contribuido de variadas formas al enriquecimiento de las sociedades de países y regiones tan distintas como Panamá, la cuenca del Caribe, Colombia, Venezuela, Brasil, Canadá y los Estados Unidos, entre muchos otros.
Ha sido en el seno de la sociedad norteamericana donde los afroamericanos han protagonizado, desde la segunda mitad del siglo pasado, una incansable lucha por alcanzar su plena integración. No obstante, este proceso no ha sido lineal. Al contrario, ha tenido que vencer la oposición de quienes veían con recelo, o incluso rechazaban, el avance social de las minorías, particularmente de la gente de color. Medio siglo más tarde, surgen interrogantes sobre los efectivos avances de la tan anhelada integración. También se debate sobre como abordar las causas que continúan demorando la construcción de una sociedad multiracial e inclusiva.
Dos ejemplos extraídos de la vida cotidiana sirven para ilustrarnos sobre la vigencia del problema en los Estados Unidos. El primero ocurrió hace un año y últimamente ha vuelto a ser cubierto por distintos medios periodísticos. El mismo fue protagonizado por un controvertido comentarista radial, Doug Tracht, quien se vio involucrado en un incidente de innegable contenido racial y que continúa generando polémica. En aquella oportunidad, cuando su programa radial salía al aire, Tracht se permitió "bromear" en forma sumamente insensible, sobre un brutal asesinato. Este había ocurrido en Jaspers (estado de Texas), y en ese entonces conmovía a los norteamericanos. Dos hombres blancos habían linchado a otro de color, al atarlo con cadenas a la parte trasera de un vehículo y proceder a arrastrarlo por un camino a alta velocidad. La "motivación" del crimen, se revelaría después, no sería otra que la misma raza de la víctima. Como consecuencia de la reacción en la opinión pública, Tracht fue despedido de la radio. No obstante sus reiterados pedidos de disculpas y de sus encuentros con dirigentes comunitarios y religiosos negros, continúa sin poder trabajar en cualquier otra emisora del país. Este ejemplo pone de relieve cómo la sociedad norteamericana sanciona terminantemente la divulgación de expresiones racistas, pero de esta circunstancia no deberíamos inferir directamente que la integración entre los afroamericanos y el resto de la sociedad está cerca de ser alcanzada. Incluso, desde distintos sectores se cuestiona la magnitud de los logros dados en los últimos años.
Por otro lado, en Nueva Orleans, en el sureño estado de Luisiana, se celebró el tradicional carnaval de "Mardi Gras", que congregó a multitudes provenientes de todo el país, que se acercaron a la "capital del jazz" para disfrutar del tan publicitado evento. Uno de sus hitos lo constituyó el desfile de las compañías que, con costosos disfraces y vestidos especialmente confeccionados para la ocasión, marcharon por las calles de la ciudad. Durante "Mardi Gras", imperó una atmósfera festiva, relajada. Sin embargo, ello no contribuyó a que se borren las claras líneas divisorias raciales. Como consecuencia del grado de separación racial existente, evidenciado anualmente en la composición de los compañías de desfiles, el consejo local se vio obligado a sancionar una norma que impulsa la integración. Desde 1992, y en virtud de esa resolución legal, los grupos que quieren obtener el permiso necesario para marchar deben estar dispuestos a recibir a todo tipo de personas, sin consideraciones raciales algunas. Como rechazo a esta política municipal, algunos grupos tradicionales decidieron disolverse antes que tener que "desfilar bajo esos términos"; vale decir, integrados. Hoy día, a pesar de los esfuerzos, la separación existente entre blancos y negros, continúa siendo considerable. El clima festivo que impregna a la ciudad, a sus visitantes y residentes no alcanza para integrarlos, celebrando la mayoría "Mardi Grass" de acuerdo a líneas raciales definidas.
En los dos ejemplos brevemente referidos, se pone de relieve la persistencia de un grave problema social. Resulta evidente que resta mucho camino por avanzar. No obstante, los esfuerzos educativos, legislativos y de difusión ensayados por las autoridades y la sociedad civil, no se ha podido avanzar mucho más allá de la sanción o proscripción del racismo. Es importante, por cierto, el castigo social y legal de aquellas expresiones y comportamientos discriminatorios. Ello contribuye, con el tiempo, a la erradicación de un flagelo social. La plena integración de grupos humanos históricamente apartados, continúa siendo un punto prioritario en la agenda pública por cumplirse. Hoy, más que nunca, resulta evidente que la construcción de una sociedad igualitaria y solidaria exige en los Estados Unidos, al igual que en el resto de las Américas, una armónica integración de los distintos grupos raciales.

101 años de Panamá América

 
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