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Intercambios indecorosos


Hace unas semanas, por enésima vez el candidato presidencial y ex presidente de la República, Guillermo Endara, arremetió en contra de los allegados de la presidenta Mireya Moscoso, Augusto "Onasis" García y George "Montana" Weeden. El intercambio merece más seguimiento del que se le ha dado, tanto por el contenido del ataque de Endara, que no es nuevo, como por la respuesta de uno de los aludidos, que aunque poco caballerosa abre una gaveta indeseada.
Endara insistió que tanto García como Weeden eran parte del grupo de "mafiosos" del actual gobierno, quienes a su juicio han entorpecido y han sacado provecho de la labor gubernamental de la presidenta de la República, Mireya Moscoso. Según Endara se han aprovechado de sus vínculos con el gobierno, pero no aportó detalle alguno sobre la forma en que supuestamente lo hicieron. Ambos destinatarios de la acusación han sido objeto de similares ataques en el pasado, principalmente por la cantidad de cargos públicos que ocupan los familiares de ambos. Pero esos vínculos, aunque genuinamente sospechosos y hasta inmorales, en sí no constituyen delito alguno; lo constituirían si en efecto han utilizado sus respectivas posiciones y las de su parentela para beneficiarse directa o indirectamente. Por ello, invitamos a Endara a que, si las tiene, aporte mayores informaciones sobre la inspiración de su acusación o, si no las tiene, que se retracte y que sea más responsable en sus posteriores declaraciones.
Por su parte, Weeden contestó asignando igual calificativo a la esposa de Endara, toda vez que, según él, Ana Mae Díaz de Endara retuvo para sí una importante donación electoral hecha al Partido Arnulfista. Al parecer, el propio Endara tenía conocimiento de la donación y hasta se había comprometido informalmente a cubrir el faltante si su señora esposa no lo hacía. Desde el intercambio de acusaciones, ni Weeden, Endara ni su esposa han dicho más nada sobre este particular.
Ambas denuncias podrían implicar serios delitos, por lo cual instamos a los protagonistas a sustentar sus cargos o descargos cuanto antes frente a las autoridades competentes.
Sería reprochable que ambas acusaciones queden en el olvido, sin esclarecimiento alguno. Constituirían otros intercambios indecorosos, dignos de olvido, que sólo contribuirían a nutrir la desconfianza ciudadana en los políticos y el sistema democrático en que vivimos.
Hoy, sus amigos, hacemos el ejercicio retrospectivo de recordar los momentos compartidos con el Dr. Quintero y sentimos que para hacerlo igual que en su vida, hay que estar "preparados" para revivir provechosamente sus consejos y enseñanzas.

101 años de Panamá América

 
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