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Internet y atoramiento


En la última semana, la noticia de una golosina que puede causar la muerte por asfixia ha estado presente en la prensa, radio y televisión. Una madre, cuyo hijo de 7 años estuvo en trance de morir, se sirvió del Internet, maravilla tecnológica del mundo de la comunicación, para poner en conocimiento de cientos de personas el peligro de la "gelatina china". La advertencia sobre el producto ya la había leído en uno de esos viajes cibernéticos que hago a diario para leer la prensa de otros países y recoger material para preparar la revista radiofónica "Viva la Tarde" a mi cargo. El año pasado, citando fuentes de información serias y especializadas, advertí a la audiencia del programa que algunos medicamentos, que se vendían libremente en Panamá, habían sido retirados del mercado en otros países; el viceministro de Salud no pareció apreciar mi colaboración y opinó que aún no había razones para proceder igual en Panamá. Pocos días después tuvieron que sacar los medicamentos del mercado. En agosto aparecieron en Internet alarmantes noticias sobre cinco productos peligrosos para quienes necesitan controlar su colesterol; algunas personas que llamaron al programa me informaron que tenían algunos de esos medicamentos en su botiquín; mi recomendación fue consultar con el médico. Si bien estos temas deben ser manejados por los especialistas, no deja de sorprenderme que nuestras autoridades no procedan con celeridad ante estas situaciones.
La llamada "golosina de la muerte", que solamente en los Estados Unidos ha causado 16 muertes, se vendía libremente en Panamá; el MINSA procedió a enviar una circular a todas las regiones de salud del país indicando que, como medida preventiva este producto con etiquetas en inglés ¡y en mandarín! que advertía que no se debía dar a niños menores de 3 años, se retiraría del mercado. El hecho de las etiquetas en otros idiomas distintos al español, es otro ángulo que habría que mirar con detenimiento. Hace un par de días estuve en un supermercado y encontré la golosina bajo el nombre de Lychee; me acerqué al gerente y le expliqué, e inmediatamente dio órdenes de retirarlo de la estantería; se había enterado por la radio y la prensa, pero que no había recibido información específica para identificarla. Un funcionario de CLICAC declaró que estaban esperando más información del MINSA, pero no quiso dar más información al respecto porque "esto puede poner en alerta a los locales que lo venden" (El Panamá América, Yariela González: "Centésimos, un niño puede comprar la muerte"). Aquí debo exclamar: ¡actitud insólita! Y es que escoger el camino de corretear comerciantes antes de divulgar ampliamente por todos los medios a la ciudadanía el peligro de la golosina, escapa del razonamiento sensato de mis neuronas.
Creo que todas las instituciones de gobierno cuentan con computadoras y programas que les permiten el acceso a Internet, una herramienta invaluable que pone a nuestro alcance un universo de información y asumo, como lógico, que los supermercados y sus proveedores también cuentan con este recurso. Para los que no conocen cómo funcionan Internet y el correo electrónico, me permito una explicación sencilla; si la institución, en este caso MINSA, llevara un registro o banco de datos de todos los comercios que distribuyen y expenden alimentos (el peligroso caramelo), bastaría que los agruparan por categoría y con solamente apretar una tecla después de haber redactado la advertencia, el correo electrónico llegaría en cuestión de segundos, al mismo tiempo, a todos los que deben tener tan vital información para que, sin tardanza ni excusas, procedan según instruya la entidad de gobierno que vela por nuestra salud. Es por eso que no entiendo que con este adelanto tecnológico tan efectivo y rápido, envíen "circulares a todas las regiones de salud" y no directamente (además) a todos los comerciantes que tengan correo electrónico.
En una caminata cibernética, consulté una página web que enlaza la organización U.S. Consumer Product Safety Commission (de protección al consumidor) con la Food and Drug Administration (FDA), organismo responsable de lo que atañe a medicamentos y alimentos en USA. En esta página aparecen cientos de productos alimenticios, medicinales, de juego, deportes, artículos como ropa, cunas, asientos de seguridad para niños, etc., que son retirados del mercado por ser inseguros, defectuosos, tóxicos, etc. Esta información está disponible para que sea consultada por los consumidores como forma de cuidarles el bolsillo, la salud y la integridad física.
En resumen, que lo que pretendo con este escrito es sugerirle a las instituciones de gobierno que aprendan a utilizar la información que está disponible en Internet y que cambien el estilo anacrónico y tardío que usan para divulgar lo que deberían saber, para su beneficio, todos los ciudadanos del país. ¿Será mucho pedir? A juzgar por las prioridades del gobierno, tal vez sí es mucho pedir. Les parece más importante seguir mirando hacia atrás y mantenernos atorados con el asunto de las magistraturas.

101 años de Panamá América

 
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