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Interpretación de un sueño




Antropóloga

Tuve un sueño extraño. Estaba en mi antigua casita en Boquete, al lado del Hotel Panamonte, cuando llegó el Papa Juan Pablo II con un séquito de clérigos. Preocupada porque no sabía atender a un Papa, me hinqué en una rodilla y le pregunté: "Su Santidad, ¿quiere un whisky?" La respuesta fue afirmativa. Pero yo, cautelosa por no saber servir a un Papa, puse unos vasos y una botella de whisky en una bandeja y la dejé en la mesa. Luego el Papa se puso a jugar con un enchufe eléctrico en la sala causando varias descargas chispeantes. Aunque temía que iba a causar un corto circuito, dejando la casa a oscuras, nada dije. Como vi que el Papa con su séquito, extendía su visita a mi casa, mandé preguntar al Hotel Panamonte si tenían comida. Luego regresé donde el Papa y otra vez hincada en una rodilla, lo invité: "Su Santidad, ¿quiere ir a comer al Hotel Panamonte?" Como para asegurarle que la comida era buena, añadí: "El hotel es de una prima mía".
En eso desperté, preocupada porque no sabía atender a un Papa. A una amiga le conté el sueño lamentándome de no tener a un Sigmund Freud para interpretarlo. Sin embargo, un comentario de ella, en el cual mencionaba la ancianidad del Papa y a Navarro Valls, el vocero del Vaticano, evocó en mí la siguiente interpretación.
El problema que veo con la ancianidad del Santo Padre es que el Opus Dei ha adquirido una enorme influencia sobre él. Es una sociedad secreta, lo que de plano causa resquemores. Pero además, en su afán de legitimar a su organización, Opus Dei da demasiado énfasis a su fundador, José María Escrivá, aún más que al propio Jesús, como he comprobado en mi análisis de las alocuciones de sus dirigentes, quienes incluyen a Navarro Valls.
Opus Dei también es preocupante porque, para sus miembros, la organización promueve la auto-flagelación, una reacción neurótica peligrosa, y da demasiado énfasis a los rituales, cuando Jesús recomendó menos atención al ritualismo y más atención al alma, al espíritu interior, para que refleje el amor que se debe a Dios y al prójimo.
Me preocupa también el elitismo que promueve Opus Dei asegurando a sus miembros que su meta debe ser convertirse en santos. No creo que haya habido santo alguno cuya meta era convertirse en santo. Esa meta representa la ambición, no la humildad que predicó Jesucristo. Menos complacen los métodos que usa Opus Dei para reclutar a la juventud y las presiones que ejerce para mantener a los reclutas dentro de la organización.
Pero lo más preocupante es que, para confrontar los problemas del mundo actual, Opus Dei ha escogido volver al pasado. Es una reacción natural ante la incertidumbre de un presente en el cual se venera al dinero abiertamente. Sin embargo, Opus Dei busca ocupar altos puestos en los gobiernos donde tiene influencia. Temo que bajo los auspicios del Opus Dei, el Vaticano retornará un catolicismo medieval que no vio la diferencia entre el Estado y la religión, porque en ese tiempo realmente no existía. Al negar la libertad del culto, promovió la Inquisición y la persecución de los judíos.
El atavismo del Vaticano ha salido a relucir desde septiembre con un pronunciamiento asegurando que la única iglesia cristiana es la católica, lo cual es un rechazo del espíritu ecuménico del Concilio Vaticano II. En ocasiones, las opiniones de círculos allegados al Vaticano son hasta ridículas, por ejemplo, la opinión de un historiador católico de que las hamburguesas y las papas fritas son alimentos Protestantes (Corriere della Sera 2 de octubre 2000; Avvenire 8 de noviembre 2000).
Aunque la figura de Juan Pablo II ha servido para atraer a muchos a la religión católica, en Italia observé una división creciente entre el Vaticano y los laicos católicos. Por ejemplo, el rechazo del Vaticano al control responsable de la natalidad cae en oídos sordos en Italia, país que tiene la menor tasa de nacimientos en Europa a pesar de contar con una gran cantidad de emigrantes, principalmente marroquíes, albaneses y musulmanes, quienes no practican el control de la natalidad. Varias personas me aseguraron que las parejas italianas tienen que practicar el control de la natalidad debido al alto costo de la vida. Comprendí este razonamiento cuando me dediqué a estudiar los anuncios de alquiler o venta de apartamentos. Los precios de éstos son altísimos y usualmente sólo ofrecen una recámara. Una pareja joven que aspira a vivir en condiciones dignas, ¿dónde alojará a sus hijos?
Preveo que cuando muera Juan Pablo II, para elegir a su sucesor habrá problemas porque, bajo la influencia de Opus Dei, ha nombrado muchos prelados extremadamente conservadores. Quizá, en mi sueño, el ofrecimiento de whisky y de comida, comprendía un esfuerzo por acercar al Santo Padre a la realidad de la vida laica. El hecho de que el Santo Padre jugaba con el enchufe eléctrico, representaba mi preocupación por sus nexos con Opus Dei y el retorno a un pasado tenebroso.

101 años de Panamá América

 
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