default

Intervencionismo repudiable


A veces, algunos representantes diplomáticos de estados poderosos se consideran autorizados para censurar las condiciones de vida y las situaciones sociales en materia de vicios o lacras prevalecientes en el país en que esos diplomáticos están acreditados para actuar en la órbita de las relaciones diplomáticas. Parece indiscutible que la función esencial de cualquier embajador extranjero, nombrado como principal gestor de las relaciones de su país de origen con el país objeto de su misión, sea la de procurar el desarrollo pacífico de la amplia esfera de vínculos entre los dos estados aludidos.
Sin embargo, parece no ser tal el caso recientemente suscitado por la representante de los Estados Unidos de América, doctora Linda Watt, en la República de Panamá, al formular declaraciones en el último cónclave de una serie de grupos empresariales panameños.
Doña Linda Watt, no sabemos si invitada por la Cámara de Comercio de Panamá y por otros grupos empresariales de nuestro país, a reunión celebrada por éstos hace unos días en la sede de la Cámara de Comercio, tuvo a bien opinar y trazar pautas a la comunidad panameña, en varias situaciones conflictivas y en modos peculiares de la vida interna de la República de Panamá. La distinguida embajadora se permitió prevenir que su exposición reflejaba el compromiso estadounidense con el principio de “buen gobierno” en la región, lo que le daba a sus palabras el aval anticipado del Departamento de Estado de Norteamérica, aunque no sabemos si la preocupación norteamericana por “el buen gobierno” está limitada o no al Continente Americano, o si se aplica también en Afganistán, en Irán, en Irak y en Corea del Norte.
La embajadora, además entre otras afirmaciones, formuló los siguientes enunciados: “la brecha entre lo que Panamá es y lo que podría ser “resulta muy extensa”; que “la ausencia de reglas claras del juego en Panamá, tiene un efecto negativo sobre el clima de inversiones”; que “alterar las reglas sin consultar a quienes afectaría” tampoco es aceptable; “que el funcionario público prevenga a los inversionistas lo que podría venir en el futuro”, en lo que fue reiterativa, al agregar que “las mismas reglas se deben aplicar, sin excepción, a cualquier proceso de licitación”; y también criticó la corrupción, la inmunidad parlamentaria, las leyes mordaza que fomentan la inseguridad jurídica; “la falta de transparencia”, etc.
Como el discurso fue pronunciado el lunes 29 de septiembre, un vocero del Departamento de Estado respaldó, el jueves 2 de octubre, la posición adoptada por la ilustre embajadora.
Prontamente se dieron opiniones públicas que adversaban la manera de pensar de la señora Watt, y hasta algunas personas ubicadas en los predios altos han solicitado que se le declare persona no grata.
Se han dado opiniones opuestas al procedimiento de la embajadora Watt, y hasta la fecha, el Gobierno panameño no ha formulado un criterio oficial sobre el tema, al menos hasta cuando redactamos estos párrafos.
Opinamos que el caso requiere un mínimo de atención, dado su contenido y su fuente diplomática. En primer término, parece que el auditorio de la Cámara de Comercio dio alguna muestra complaciente para con la facundia de la Dra. Watt. Pero otros comentaristas han sostenido opiniones distintas. Consideramos que ser Embajador de Norteamérica no faculta para formular declaraciones fuertemente censorias de la politiquería nacional, por abultada que sea ésta en sus concreciones.
Es usual que ningún gobierno, por diminuto, débil o psicodélico que sea el país, se cruce de brazos ante semejante andanada “diplomática”, que hasta puede lesionar incluso el honor nacional. No creemos que haya ninguna razón que justifique el silencio oficial o que se considere como intrascendente lo ocurrido, cuando lo evidente es que se trata de una actuación imperialista que no debemos pasar por alto.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América