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Inundación y muerte


No acabamos de salir de un estremecimiento emocional cuando ya estamos en otro. Hace sólo unos días el horror se apoderó de varias poblaciones en Estados Unidos, Haití, Jamaica, Cuba, etc., y más allá del continente mujeres y niños en Beslán (Rusia) fueron carne de cañón de terroristas en un colegio. Ahora nos tocó enterarnos de la trágica muerte de no pocos niños, varios perecidos, desaparecidos y miles de damnificados por inundaciones. ¿Hasta cuándo estaremos en zozobra, como quien espera el próximo golpe?
Ante tanta tragedia y muerte causadas por inundaciones en nuestro país, ¿quién responde por las vidas humanas, los traumas a niños y adultos y las pérdidas materiales?
¿Por qué casi siempre esperamos que las desgracias sucedan para hacer algo? Unos culpan a los moradores de esas barriadas por arrojar basura y chatarras a los ríos y quebradas; otros responsabilizan a SINAPROC porque -según ellos- no diferencia una nube de una catarata; otros, a las lluvias. No faltará quien culpe a Dios por "mandar tanta agua y matar a la gente". ¿Será que tendremos que meter preso a Dios? (No te adelantes, no soy ateo ni agnóstico)
Evidente es que tirar basura además de revelar una cultura de desaseo y poco importa contribuyen a que las aguas de los ríos empocen, salgan de su cauce y críen bichos y zancudos que transmiten enfermedades. Sin embargo, el mayor problema está en la irresponsabilidad de las autoridades que extienden permisos a constructoras para edificar al pie de ríos y quebradas, confiándose -sin lógica alguna- que nunca se desbordarán, y a los bancos por no verificar qué tipo de edificación erigen con su plata. ¿De cuándo acá son tan despreocupados con su dinero? ¡Desde que tienen garantía de recuperar el billete invertido!
Identificar y localizar a los responsables de esta tragedia postdiluviana es fácil, puesto que todo permiso de construcción tiene el aval de los involucrados. Por consiguiente, ¡manos a la obra! Hagamos que toda esa gente responda por sus actos, sin importan quién sea.
Cuando el pueblo vea que los monos gordos caen, empezará a creer en los políticos y a tener más fe en su nación. Mientras no ocurra, político, no te vistas, que no vas.
Entiendo que unas casas fueron construidas hace quince o veinte años, y otras hace diez o cinco. Sea lo que sea, ¿a quién le cabe en la cabeza construir una barriada cerca de un río y hacer un relleno para quitarle espacio al afluente? Solamente a un loco, o a uno con una gran coima, o a alguien con pingüe ganancia ya garantizada.
Un amigo me hizo notar algo: las aguas de los ríos se mueven empujadas por la fuerza de gravedad. Esto es, vienen en bajada o en picada, de un mar a otro. No hay que ser Newton para saber que esas aguas al incrementar su caudal por copiosas lluvias corren con mayor fuerza, capaz de arrastrar todo lo que encuentren a su paso. Si hay algo con poder descomunal, son las aguas incontroladas de un río desbordado. Te aseguro que ver a un familiar o ser humano arrastrado por esas aguas no es episodio que se sana de la psique de la noche a la mañana. Aunque lo cures con una ardua labor de salud mental, quedarán las huellas.
Si yo fuera presidente o autoridad competente investigara bien -hasta las últimas consecuencias, pero de verdad- a fin de saber quiénes dieron los permisos para construir al lado de ríos y riachuelos, cuáles son las constructoras que construyeron y los bancos que financiaron los proyectos de construcción. Después de conocer la información necesaria, entablaría demanda contra esos ciudadanos y las empresas o instituciones que representan para que paguen con cárcel el crimen cometido contra esa pobre gente; y expropiaría bienes y dineros producto de la venta de esas casas. Con ese dinero damnificaría a las personas que perdieron familiares y todo lo que tenían, amén de facilitarles a las familias terapia con un excelente sicoterapeuta con el objeto de superar las experiencias que para un adulto son de angustia y desespero, mas para un pequeño son aterradoras.
Claro que no es fácil meter en la cárcel a delincuentes de cuello blanco y hacerles pagar todo lo que hicieron o dejaron de hacer. Pero si únicamente pienso en las dificultades y no pongo manos a la obra, nunca haré nada, que es el camino más cómodo para los amantes de la desidia. Después, estos políticos buscan tu voto y el mío, y nosotros -por sufrir de amnesia política- volvemos a votar por ellos. Así la historia se repite en espiral, afirma Santayana.
¿Por qué estas desgracias casi siempre ocurren a gente pobre? ¿Será que Dios se ensaña con ésta? ¡En ninguna manera! Dios nada tiene que ver con nuestras "revolucionarias" y "grandes" ideas.
Los pobres son los más necesitados del tener existencial elemental para vivir, y los inescrupulosos se aprovechan de la necesidad del pueblo para usufructuar y hacerse ricos. ¿Así quién no hace plata?
La necesidad tiene cara de perro flaco y pulgoso, y el pueblo al no pensar en las fatales consecuencias de una posible inundación, corre el riesgo de lo que ahora lamentamos. No creo que la ocasión haga al ladrón, pero es tiempo de no dar más oportunidad de delinquir al delincuente. Y dar formación al pueblo para no dejarse llevar por llenura hoy, hambre mañana. Aprender a comprar con lo poco o mucho que tenga.
Unas palabras a los damnificados: en medio del dolor Dios viene a nuestro lado y coloca bálsamo en las heridas que nadie puede sanar, excepto El. Político: ésta es una oportunidad de oro, no para hacer politiquería sino campaña contra la injusticia y el atropello al pobre y a favor de la humanidad. Panameño: sigue dando al que lo necesita. A Dios presta quien da al pobre. Recuerda, que tu izquierda no sepa lo que hace tu derecha.
El psiquiatra Viktor E. Frankl -superviviente de tres campos de concentración nazi- sostiene que en medio de una situación extrema hay dos reacciones posibles: una, que cedamos ante el problema y desmejoremos como ser humano, y la otra, que salgamos robustecidos y nos levantemos cual ave Fénix. Todo depende de la actitud que tengamos.

101 años de Panamá América

 
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