Inundaciones: construcción de amenazas
Las aguas se desbordaron dejando a su paso un rastro de desolación y muerte. Sin que fuese un huracán, el saldo del aguacero pareció similar o peor. La solidaridad fue amplia y esperanzadora; pero pasado el primer momento, el de la acción directa y la asistencia inmediata, es necesario preguntarse, ¿por qué ocurrió?; es más, ¿por qué ocurre? Pues la situación no es inédita.
¿Es responsable sólo la naturaleza: lluvias intensas y marea alta? ¿O es necesario ubicar, además, lo que Allan Lavel llama la "construcción social de amenazas"? Entendiendo por amenaza la probabilidad de ocurrencia de un evento físico que causa daño, la pregunta central es, ¿cómo los propios habitantes estamos creando amenazas contra nuestra propia existencia? Pues, aunque las amenazas parecen ser naturales, en la práctica se articulan con las acciones humanas.
Hemos degradado el ambiente a través de la deforestación, la destrucción y obstrucción de ríos y quebradas; así como la contaminación del mar y la urbanización indiscriminada.
Las ciudades son especialmente entidades muy complejas que provocan y construyen amenazas relacionadas entre sí. Por un lado se planifican y construyen barriadas y sitios poblados sin reunir los equiparamientos necesarios como drenajes, sistemas de alcantarillado y venden manipulando una publicidad engañosa; y, por otro, la búsqueda de satisfacción de necesidades y la ausencia de soluciones reales de vivienda lanzan a los pobres urbanos a buscar -como sea- espacios donde habitar y sobrevivir.
Existe un crecimiento urbano galopante que nos está generando riesgos y mayores vulnerabilidades por su estilo de desarrollo.
Hay que redefinir constantemente la dinámica y la lógica de los territorios para poder dar respuestas a esta problemática. (Pascal Girot)
Solamente si somos conscientes que la mayoría de las amenazas es construida socialmente, podremos articular propuestas de cómo revertir la situación que pone en peligro a tanta gente.
La tendencia es a la urbanización acelerada, crecimiento urbano desordenado, destrucción del medio natural, pobreza urbana, falta de desarrollo institucional, vulnerabilidad y sus repercusiones económicas, políticas y sociales.
Los desastres van a seguir ocurriendo en las grandes ciudades, pues el modelo urbano es excluyente, sin capacidad real de planificación y reordamiento, subordinado al mercado y sin propuesta viable de reforma urbana que humanice las ciudades. Existe, además, un gran déficit en diseñar políticas acerca del riesgo y vulnerabilidad urbana.
Evidentemente, el rigor de la amenaza se ceba con mayor fuerza sobre los espacios de la pobreza urbana. La tendencia futura es a la urbanización empobrecida ascendente. Y en Panamá, "Es probable que una mayor proporción de pobres se concentre en el futuro en las áreas urbanas", afirma el Banco Mundial.
El 56% de los 2.8 millones de habitantes de Panamá viven en áreas urbanas. Existen en las áreas urbanas 232 mil pobres, de los cuales 47 mil están en extrema pobreza. Casi la cuarta parte de los pobres viven en ciudades.
Un grupo considerable de población urbana es vulnerable o está en riesgo de pobreza, pues viven justo sobre la línea de pobreza total. Al mismo tiempo son vulnerables a las amenazas de calamidades como las inundaciones del pasado viernes.
Los menores de 18 años representan cerca de la mitad de los habitantes urbanos pobres. Esto tiene implicaciones generacionales graves. En San Miguelito existen 90,100 personas pobres de 300 mil habitantes que aproximadamente componen el distrito especial, es decir el 40% de los pobres urbanos del país.
La mayoría vive en casas individuales y no tiene títulos de propiedad de la vivienda. La invasión es uno de los medios predilectos de obtener terreno para casas. La tercera parte vive en casas de paredes de madera o precarios. Un 22% de las casas tiene piso de tierra. Tiene menos de tres habitaciones con promedio de tres persona por pieza. Dos terceras partes trabajan autoconstrucción usando ahorros, ayuda familiar y amical, y en último lugar, el crédito que es escaso, pero muchas de esas casas están situadas en áreas de riesgo y construidas sin la seguridad adecuada para enfrentar las adversidades de las catástrofes.
Las viviendas populares se agrupan en tres categorías. Las barriadas de emergencia, las áreas de vivienda construidas por el sector privado o gubernamental, y las áreas centrales en deterioro. Las dos primeras son susceptibles a las inundaciones y derrumbes, y la tercera a los incendios y desplomes dada la decrepitud y el abandono de las edificaciones. Es necesario enfrentar esto con una estrategia de desarrollo urbano sobre la base de un ordenamiento territorial, una reforma urbana sostenible integral, y hacerle frente decididamente a la pobreza.
(raulleisr@hotmail.com)
¿Es responsable sólo la naturaleza: lluvias intensas y marea alta? ¿O es necesario ubicar, además, lo que Allan Lavel llama la "construcción social de amenazas"? Entendiendo por amenaza la probabilidad de ocurrencia de un evento físico que causa daño, la pregunta central es, ¿cómo los propios habitantes estamos creando amenazas contra nuestra propia existencia? Pues, aunque las amenazas parecen ser naturales, en la práctica se articulan con las acciones humanas.
Hemos degradado el ambiente a través de la deforestación, la destrucción y obstrucción de ríos y quebradas; así como la contaminación del mar y la urbanización indiscriminada.
Las ciudades son especialmente entidades muy complejas que provocan y construyen amenazas relacionadas entre sí. Por un lado se planifican y construyen barriadas y sitios poblados sin reunir los equiparamientos necesarios como drenajes, sistemas de alcantarillado y venden manipulando una publicidad engañosa; y, por otro, la búsqueda de satisfacción de necesidades y la ausencia de soluciones reales de vivienda lanzan a los pobres urbanos a buscar -como sea- espacios donde habitar y sobrevivir.
Existe un crecimiento urbano galopante que nos está generando riesgos y mayores vulnerabilidades por su estilo de desarrollo.
Hay que redefinir constantemente la dinámica y la lógica de los territorios para poder dar respuestas a esta problemática. (Pascal Girot)
Solamente si somos conscientes que la mayoría de las amenazas es construida socialmente, podremos articular propuestas de cómo revertir la situación que pone en peligro a tanta gente.
La tendencia es a la urbanización acelerada, crecimiento urbano desordenado, destrucción del medio natural, pobreza urbana, falta de desarrollo institucional, vulnerabilidad y sus repercusiones económicas, políticas y sociales.
Los desastres van a seguir ocurriendo en las grandes ciudades, pues el modelo urbano es excluyente, sin capacidad real de planificación y reordamiento, subordinado al mercado y sin propuesta viable de reforma urbana que humanice las ciudades. Existe, además, un gran déficit en diseñar políticas acerca del riesgo y vulnerabilidad urbana.
Evidentemente, el rigor de la amenaza se ceba con mayor fuerza sobre los espacios de la pobreza urbana. La tendencia futura es a la urbanización empobrecida ascendente. Y en Panamá, "Es probable que una mayor proporción de pobres se concentre en el futuro en las áreas urbanas", afirma el Banco Mundial.
El 56% de los 2.8 millones de habitantes de Panamá viven en áreas urbanas. Existen en las áreas urbanas 232 mil pobres, de los cuales 47 mil están en extrema pobreza. Casi la cuarta parte de los pobres viven en ciudades.
Un grupo considerable de población urbana es vulnerable o está en riesgo de pobreza, pues viven justo sobre la línea de pobreza total. Al mismo tiempo son vulnerables a las amenazas de calamidades como las inundaciones del pasado viernes.
Los menores de 18 años representan cerca de la mitad de los habitantes urbanos pobres. Esto tiene implicaciones generacionales graves. En San Miguelito existen 90,100 personas pobres de 300 mil habitantes que aproximadamente componen el distrito especial, es decir el 40% de los pobres urbanos del país.
La mayoría vive en casas individuales y no tiene títulos de propiedad de la vivienda. La invasión es uno de los medios predilectos de obtener terreno para casas. La tercera parte vive en casas de paredes de madera o precarios. Un 22% de las casas tiene piso de tierra. Tiene menos de tres habitaciones con promedio de tres persona por pieza. Dos terceras partes trabajan autoconstrucción usando ahorros, ayuda familiar y amical, y en último lugar, el crédito que es escaso, pero muchas de esas casas están situadas en áreas de riesgo y construidas sin la seguridad adecuada para enfrentar las adversidades de las catástrofes.
Las viviendas populares se agrupan en tres categorías. Las barriadas de emergencia, las áreas de vivienda construidas por el sector privado o gubernamental, y las áreas centrales en deterioro. Las dos primeras son susceptibles a las inundaciones y derrumbes, y la tercera a los incendios y desplomes dada la decrepitud y el abandono de las edificaciones. Es necesario enfrentar esto con una estrategia de desarrollo urbano sobre la base de un ordenamiento territorial, una reforma urbana sostenible integral, y hacerle frente decididamente a la pobreza.
(raulleisr@hotmail.com)