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Inundaciones evitables


Sin ofender a la madre naturaleza, creo importante compartir con la comunidad algo que la experiencia y los estudios me han enseñado.
Sendas inundaciones del río Curundú, en 1992 y 1993, me llenan de empatía con quienes hoy sufren tanto desasosiego. Sin embargo, sin tentar a la antes citada, han pasado más de 10 años sin que tal tormento se haya vuelto a ensañar con nuestra familia y nuestros vecinos. ¿Cuál fue el secreto? Sin pretender que algo así no pueda volver a repetirse, la realidad nos obligó a estudiar el problema y, junto a los vecinos, tomamos las acciones para resolverlo.
El tema es relativamente simple: Cuando se desarrollan urbanizaciones, el agua fluye con mayor rapidez hacia el cauce de los ríos, el cual no guarda proporción con el volumen que ahora, en un menor tiempo, se les viene encima; entonces, se desbordan, con las consecuencias sabidas que hoy llenan de luto nuestra patria. Esta es la mayor causa del problema, aunque dicha situación es empeorada por la irresponsabilidad de algunos ciudadanos quienes botan basura en los ríos y quebradas.
No se puede culpar a quienes desarrollan las urbanizaciones, pues es menester que el Estado regule tal asunto. Los ríos deben ensancharse como mínimo al doble de su cauce natural en cuanto se vayan construyendo urbanizaciones en las áreas aledañas. El cálculo exacto es tema de los expertos en el área, ya que esa no es la rama de mi especialidad. En otros países, incluso, existe una agencia estatal para el control de las inundaciones; tal vez cabe hacer lo propio en Panamá, evitando asignar tal responsabilidad a otros departamentos que ya tienen las manos llenas.
El control de las aguas es uno de los asuntos más importantes que enfrentamos como Nación, y el nuevo gobierno tiene la oportunidad histórica de darle prioridad. Me refiero no sólo al control de las aguas pluviales, sino potables y servidas. Estas últimas contaminan no sólo nuestros ríos y bahía, sino los de otras ciudades en pleno crecimiento.
Durante los últimos diez años he sido testigo cómo, a la altura de El Dorado, han desaparecido peces, tortugas y hasta cocodrilos del río Curundú, hoy contaminado.
Nunca es tarde, ¡ manos a la obra !

101 años de Panamá América

 
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