¡Inverosímil!
La perspectiva de servicio como fin en cada uno de los tres Organos del Estado, de ninguna manera se puede diluir entre borrascas de artimañas jurídicas. Partimos de hecho afirmando que cada presidente se constituye en sí en el mayor servidor que tenemos los panameños dentro del marco oficial. Esta ha sido justamente la razón inmediata de su elección; igual de servidores lo seremos cada uno de los seleccionados mediante el voto popular, hasta llegar a los estratos locales, como también los escogidos para dirigir o laborar en cualquier entidad pública.
En el caso que hoy nos ocupa, - la Asamblea Legislativa - basta leer lo que estipula claramente la Constitución de la República, respecto a las funciones de los tres órganos estatales, para que intuyamos la clara misión que atañe a cada uno, sin necesidad de buscarle quintas patas al gato o de crear quintas inoportunas salas al Organo Judicial.
Inverosímil pero cierto resultó el triste espectáculo que montó en desesperada carrera contra el tiempo, el grupo de legisladores, quienes bajo disparatados argumentos defendió "a capa y espada" la independencia sustentada en un presupuesto desproporcionado, en oposición a la noble misión de crear leyes para el beneficio social, y de velar por la ejecución correcta de las mismas que sí les compete. Mal podría un órgano como la Asamblea Legislativa fiscalizar el uso o el abuso que se dé a otros niveles institucionales en este sensible renglón del presupuesto, si deliberadamente se ha increpado ante los atónitos ojos de la ciudadanía, para que ni siquiera el Ejecutivo, como en efecto debe ser, le señale pautas al respecto con miras a una economía y transparencia presupuestaria.
Inverosímil también han resultado los cometnarios que con cierto desparpajo, algunos portavoces de la Asamblea han emitido en el sentido de que ya la misma había aprobado el año pasado que se considerara como quórum deliberativo un número de 17 legisladores, aunque a todos nos consta que durante el tiempo que ha pasado, ha costado mucho que cumpliera con ese precepto, que dicho sea de paso, abona la holgazanería, lo que resulta irónico, dado que este órgano ha estado conformado en su mayoría por legisladores del partido gobernante.
Inverosímil por no decir escandaloso, resultó también el enfermizo interés de aquel mayoritario grupo de legisladores, eregidos ahora en los "Robin Hood del reino", queriendo administrar directamente y con inusitado celo las Partidas Circuitales, que están destinadas a invertirse de manera exclusiva, en mejoras concretas para las comunidades, bajo parámetros de controles cuyos indicadores deberían dar evidencia de ello, y no para atraer sutilmente el voto, muchas veces en base a compadrazgos, o peor aún, explotando el prurito que nace de las necesidades en el orden familiar entre los moradores de diversos sectores, como es el caso del otorgamiento de "becas" o "apoyos económicos", para lo cual ya existe el IFARHU como institución con precisos programas vigentes a fin de suplir estos menesteres.
En otros países donde la democracia cabalga, éstas y tantas otras anomalías jurídicas hubieran sido tratadas por los tribunales competentes. El abrogarse funciones bajo argucias legales pero no morales y mucho menos populares, dejan un amargo sabor de injusticia en quienes han confiado el voto al servicio de los que eligieron. Gracias a Dios, nuestra esperanza se cifra en el silecio juicioso pero sagaz de la ciudadanía que ya ha dado muestras en recientes eventos, del gradual incremento de su cultura política. El pueblo lleva cuentas de acciones oprobiosas - llámese violaciones a la autonomía universitaria o abruptas rebajas arancelarias; llámese omisión de pabellones hospitalarios, privación de medicamentos o PARVIS, entre otros-. Cada una de ellas las lleva escritas en su corazón... y en su conciencia; pero no para vengarse porque es muy noble, pero sí para pedir respuestas oportunamente en nombre de Dios y de la justicia a los promotores de tanta ignominia.
Frente a estos hechos, en medio de un luengo período de transición, en varias ocasiones nos hemos preguntado si es que la figura de una mujer como primera magistrada de Panamá pueda estar vendiendo la idea de fragilidad bajo diferentes concepciones, por ese acendrado machismo latino que a nuestro país también abraza a lo largo de la historia. Si es así, creemos que muchos han partido de una falsa premisa.
La Señora Mireya Moscoso ha dado evidencias a todas luces de su disposición para la asesoría y el diálogo en diversos estratos y corrientes, además de su vasta capacidad para la administración pública, sin dejar de lado su profunda fe cristiana.
Creemos oportuno hacerle un llamado a cada panameño y panameña de buena voluntad y sin distingos de bandería política alguna, para que en nombre de la democracia que tanto nos ha costado, se mantengan al corriente de los acontecimientos nacionales; le hacemos un llamado, para que mantengan en alto la disponibilidad y receptividad ante una posible convocatoria, de considerarlo pertinente el gobierno que se inicia. De igual manera, con el respeto que nos merece su investidura, hacemos un llamado al Señor Presidente de la República, para que en nombre de la Paz y de la confianza que una vez un considerable número de panameños depositó en su gestión, proceda a vetar todo lo que huela a injusticia social. La historia se le reconocerá en su justa medida.
En el caso que hoy nos ocupa, - la Asamblea Legislativa - basta leer lo que estipula claramente la Constitución de la República, respecto a las funciones de los tres órganos estatales, para que intuyamos la clara misión que atañe a cada uno, sin necesidad de buscarle quintas patas al gato o de crear quintas inoportunas salas al Organo Judicial.
Inverosímil pero cierto resultó el triste espectáculo que montó en desesperada carrera contra el tiempo, el grupo de legisladores, quienes bajo disparatados argumentos defendió "a capa y espada" la independencia sustentada en un presupuesto desproporcionado, en oposición a la noble misión de crear leyes para el beneficio social, y de velar por la ejecución correcta de las mismas que sí les compete. Mal podría un órgano como la Asamblea Legislativa fiscalizar el uso o el abuso que se dé a otros niveles institucionales en este sensible renglón del presupuesto, si deliberadamente se ha increpado ante los atónitos ojos de la ciudadanía, para que ni siquiera el Ejecutivo, como en efecto debe ser, le señale pautas al respecto con miras a una economía y transparencia presupuestaria.
Inverosímil también han resultado los cometnarios que con cierto desparpajo, algunos portavoces de la Asamblea han emitido en el sentido de que ya la misma había aprobado el año pasado que se considerara como quórum deliberativo un número de 17 legisladores, aunque a todos nos consta que durante el tiempo que ha pasado, ha costado mucho que cumpliera con ese precepto, que dicho sea de paso, abona la holgazanería, lo que resulta irónico, dado que este órgano ha estado conformado en su mayoría por legisladores del partido gobernante.
Inverosímil por no decir escandaloso, resultó también el enfermizo interés de aquel mayoritario grupo de legisladores, eregidos ahora en los "Robin Hood del reino", queriendo administrar directamente y con inusitado celo las Partidas Circuitales, que están destinadas a invertirse de manera exclusiva, en mejoras concretas para las comunidades, bajo parámetros de controles cuyos indicadores deberían dar evidencia de ello, y no para atraer sutilmente el voto, muchas veces en base a compadrazgos, o peor aún, explotando el prurito que nace de las necesidades en el orden familiar entre los moradores de diversos sectores, como es el caso del otorgamiento de "becas" o "apoyos económicos", para lo cual ya existe el IFARHU como institución con precisos programas vigentes a fin de suplir estos menesteres.
En otros países donde la democracia cabalga, éstas y tantas otras anomalías jurídicas hubieran sido tratadas por los tribunales competentes. El abrogarse funciones bajo argucias legales pero no morales y mucho menos populares, dejan un amargo sabor de injusticia en quienes han confiado el voto al servicio de los que eligieron. Gracias a Dios, nuestra esperanza se cifra en el silecio juicioso pero sagaz de la ciudadanía que ya ha dado muestras en recientes eventos, del gradual incremento de su cultura política. El pueblo lleva cuentas de acciones oprobiosas - llámese violaciones a la autonomía universitaria o abruptas rebajas arancelarias; llámese omisión de pabellones hospitalarios, privación de medicamentos o PARVIS, entre otros-. Cada una de ellas las lleva escritas en su corazón... y en su conciencia; pero no para vengarse porque es muy noble, pero sí para pedir respuestas oportunamente en nombre de Dios y de la justicia a los promotores de tanta ignominia.
Frente a estos hechos, en medio de un luengo período de transición, en varias ocasiones nos hemos preguntado si es que la figura de una mujer como primera magistrada de Panamá pueda estar vendiendo la idea de fragilidad bajo diferentes concepciones, por ese acendrado machismo latino que a nuestro país también abraza a lo largo de la historia. Si es así, creemos que muchos han partido de una falsa premisa.
La Señora Mireya Moscoso ha dado evidencias a todas luces de su disposición para la asesoría y el diálogo en diversos estratos y corrientes, además de su vasta capacidad para la administración pública, sin dejar de lado su profunda fe cristiana.
Creemos oportuno hacerle un llamado a cada panameño y panameña de buena voluntad y sin distingos de bandería política alguna, para que en nombre de la democracia que tanto nos ha costado, se mantengan al corriente de los acontecimientos nacionales; le hacemos un llamado, para que mantengan en alto la disponibilidad y receptividad ante una posible convocatoria, de considerarlo pertinente el gobierno que se inicia. De igual manera, con el respeto que nos merece su investidura, hacemos un llamado al Señor Presidente de la República, para que en nombre de la Paz y de la confianza que una vez un considerable número de panameños depositó en su gestión, proceda a vetar todo lo que huela a injusticia social. La historia se le reconocerá en su justa medida.