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Invocación de Justicia y Paz


Los señalamientos formulados por la Comisión de Justicia y Paz en torno al dualismo político del Presidente de la República, desdoblado en jefe de estado y candidato presidencial, constituyen motivo de profunda reflexión en los panameños preocupados por el futuro de la nación. No existen precedentes en el historial republicano, salvo en el lapso anómalo de la dictadura torrijista, de un caso análogo, ya que la Constitución Política rechaza la reelección presidencial continua, precisamente para evitar el ventajismo político, que perturba el sistema democrático.
Es cierto que está en marcha una reforma constitucional con nombre propio. Pero no es menos cierto es que dicha reforma continuista deberá pasar por la criba del referéndum, a través del cual se comprobará si el electorado nacional repudia o acata la imposición reformista de la mayoría oficialista. Mientras no se plasme de manera definitiva la aprobación de la reforma constitucional vía Asamblea Legislativa y referéndum, está vigente la Carta Política que veta la reelección continua. En consecuencia, durante el período prereformista, es inconstitucional y, por lo mismo, nocivo a la salud democrática nacional el dualismo de un presidentecandidato lanzado de facto a la sustentación de un reeleccionismo nonato.
El domingo pasado, mientras la militancia arnulfista se ejercitaba en la primera experiencia formal de elecciones primarias, ante la opinión pública se cruzaron dos mensajes políticos contradictorios producidos ambos por el Presidente de la República. En una cuña televisada Pérez Balladares se congratuló de la fiesta cívica de las primarias arnulfistas, felicitando a sus principales protagonistas. Pero simultáneamente los televidentes oyeron a Pérez Balladares no como jefe de Estado sino como candidato fáctico a la reelección, calificando como perdedores a Vallarino en las primarias y a Mireya Moscoso en las elecciones de 1999. Lo hecho con la mano derecha se borró con la mano izquierda.
Estando en juego no el lucro político de una persona sino la majestad de la institución de la presidencia de la república, los legisladores oficialistas todavía están a tiempo de meditar sobre la trascendencia de una reforma que va a gravitar seriamente en el delicado juego de equilibrios de la democracia representativa. Es indispensable ver el bosque y no solamente el árbol. Es importante discernir que el Presidente debe gobernar para todos los panameños y no es congruente que se agite, al mismo tiempo, como representante de un tercio de los votantes y adversarios de los dos tercios restantes. Paradojas se han visto muchas en política criolla. Pero ésta podría ser registrada entre las curiosidades de Ripley.

101 años de Panamá América

 
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