Irán, Siria y la moral maquiavélica
“Libera a los prisioneros americanos”, le dije a mi madre, de casi ochenta años, en viaje turístico por Vietnam. “Si no los hay, hay Coca-Cola y Pizza Hut”, me contestó. “¡Coca-Cola y Pizza Hut!”, repetí asombrado. ¿Pero no perdió la guerra el Ejército de EE..UU. contra el comunismo terrorista, el peligro rojo chino? Aunque mi madre sí estuvo en Vietnam, el diálogo es ficticio pero sirve para mostrar que esta zona de Asia es quizá más “capitalista” que lo que hubiera sido de haber triunfado Washington. Así de inútil fue de la guerra de Vietnam que, como toda agresión, coacción, sanción o represión, además de ser salvajemente homicida, consigue el efecto contrario.
Ahora, con la excusa de que “interesa impedir que Irán se haga con un arma atómica... la posibilidad de un arma nuclear en manos terroristas” (Obama dixit durante la reunión con Netanyahu), aunque Washington insiste en la diplomacia, parece no oponerse a una guerra “preventiva” iniciada por Israel, aun cuando Netanyahu aseguró que de momento no hay decisión (israelí) de atacar a Irán. La victoria de Jamenei no evita que el programa nuclear de Teherán sea una gran preocupación. Según la OIEA, no existe “seguridad de que el programa nuclear iraní sea pacífico”, ya que Irán ha instalado más de 2 mil 400 centrifugadoras.
En las recientes elecciones legislativas iraníes votaron 31 millones de personas sobre 48 millones habilitados. Los seguidores de Jamenei obtuvieron 75% de los escaños, mientras que los de Ahmadineyad arañaban 10 escaños. La brutal represión del dictador ha provocado en Homs, la tercera ciudad más grande de Siria de un millón de habitantes, en once meses más de 7 mil 500 muertes y miles de desplazados. Los rebeldes piden ayuda de la OTAN como la brindada a Libia, mientras que el senador estadounidense John McCain dijo que los ataques aéreos eran una obligación “moral” maquiavélica. En Libia, esta moral ha instalado un gobierno rebelde casi tan sanguinario como el anterior.
¿Cuál es la solución para estos conflictos? Hace 40 años, la China Roja era el demonio, el mal. Insólitamente, en lugar de guerras, Richard Nixon emprendió su histórico viaje a Beijing. Cuenta el profesor Minxin Pei que de inmediato la URSS quedó a la defensiva. A largo plazo, posibilitó la reforma de Deng Xiaoping, de apertura al mundo que ha convertido al dragón rojo en el mayor exportador global y la segunda mayor economía. China se limita a procesamiento y montaje, mientras que lo más rentable (investigación y desarrollo) sigue en manos occidentales.
Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.