Ironías de la cumbre de la paz
Londres- La cumbre en las Azores por la paz, ha mostrado que se dio para preparar la guerra esta semana. La razón oficial que se da para ir a la guerra es la necesidad de destruir los gases venenosos de Hussein. Sin embargo, éstos le fueron originariamente proporcionados a Saddam por las propias potencias que hoy llaman a desarmarlo y no hicieron nada cuando él gasificaba civiles iraníes e iraquíes, pues entonces era su aliado contra la revolución iraní.
Si Bagdad realmente tuviese un fuerte arsenal de armas de destrucción masivas (incluyendo bombas nucleares), EE.UU. no se hubiese atrevido a atacarle (tal como lo muestra el ejemplo de Corea del Norte). Irak aduce que eliminó éstas después de 1991, los inspectores de Naciones Unidas no han encontrado nada y todos los reportes indican que el ejército iraquí se encuentra poco armado y fuerte. Precisamente, debido a que casi no tienen mísiles de largo alcance o muchos gases, es que se les podrá invadir con menos dificultades.
La mayor guerra de este milenio se dará bajo la excusa de desmantelar las armas de destrucción masivas de una nación a la cual le quedan pocas de ellas. Para lograr ello, se empleará el mayor armamento de destrucción que haya conocido la humanidad desde las bombas atómicas contra civiles en Hiroshima y Nagasaki (1945). La nación que timonea tal ofensiva, posee tantas armas químicas, biológicas y nucleares que una fracción mínima de ellas bastaría para exterminar a la raza humana.
La invasión a Irak se dará en nombre de la resolución 1441 de Naciones Unidas, aunque ésta no estipula el uso de la fuerza y el Consejo de Seguridad no la haya autorizado. En aras de salvaguardar a la comunidad internacional, el binomio anglo-americano iniciará la guerra mayor que jamás haya hecho con tantos aliados suyos en contra. Los principales pilares de EE.UU. en el Medio Oriente (Egipto, Arabia Saudita y Turquía) no permiten el uso de sus territorios para lanzar ataques y Pakistán (el mayor aliado en el mundo musulmán) no ha querido dar el sí en el Consejo de Seguridad. Grandes socios de EE.UU. en la guerra fría (como Francia y Alemania) se oponen y lo mismo vale para las dos grandes potencias que previamente avalaron las incursiones en la primera guerra anti-Irak (1991) o en Afganistán (2002): Rusia y China.
Tony Blair apostó toda su carrera política en semejante acción. Bush hijo está dispuesto a sacrificar toda la corriente internacional de simpatía hacia EE.UU., post 11 de Septiembre, en esta invasión. Diversos informes sindican que la estrategia sería una guerra muy rápida, y el reportero de la BBC en el norte de Irak, incluso, sostiene que la idea es poder tomar los puntos clave del país en un día. Este tipo de ofensiva militar será distinto al desplegado en la primera guerra del golfo (1991) o el año pasado en Afganistán. En ambas oportunidades se ablandó previamente a los ejércitos oponentes con masivos bombardeos aéreos sin que se arriesgara a la infantería.
De realizarse esta nueva estrategia, ello implicaría lanzar rápidamente a las tropas ocupantes, pudiendo producir mayores bajas dentro de ellas y, por ende, crear susceptibilidades en sus familiares y la opinión pública occidental.
Desde el fin de la guerra fría, todas las guerras que ha librado el vencedor de ésta, trataron de evitar basarse en fuerzas de ocupación que combatan directamente con el enemigo dentro de sus principales bastiones. En Kosovo, los anglo-americanos entraron contando con simpatía dentro del 90% de su población (los albaneses). En Afganistán, el Pentágono rehuyó el combate frontal terrestre, el que se lo dejó a sus aliados afganos. Ahora que quieren entrar a Irak, no tendrán a su lado soldados de países vecinos.
Washington espera que el uso de tremendas bombas y el hecho que supuestamente el ejército iraquí colapse, pudiera ayudar a un veloz avance, el mismo que podría ser bienvenido por la población. El problema es que Hussein se apresta a atrincherarse en urbes claves, siguiendo la escuela de Stalingrado.
Imágenes de bombas inteligentes dando en blancos civiles podrán enardecer a poblaciones occidentales y musulmanas. Resistiendo semanas, podría volcar a la opinión pública occidental. Si provocara a Israel con mísiles obligándolo a entrar, podría galvanizar al mundo musulmán en su favor.
Nadie sabe qué tipo de gases pueda él tener y cómo podría utilizarlos. Lo cierto es que si la victoria no se produce pronto y con poca sangre, la ironía de esta guerra tan irónica podría ser que al querer deponer a Hussein, pudiesen acabar cayendo algunos de los distintos gobiernos atacantes.
(isaacbigio@yahoo.com)
Si Bagdad realmente tuviese un fuerte arsenal de armas de destrucción masivas (incluyendo bombas nucleares), EE.UU. no se hubiese atrevido a atacarle (tal como lo muestra el ejemplo de Corea del Norte). Irak aduce que eliminó éstas después de 1991, los inspectores de Naciones Unidas no han encontrado nada y todos los reportes indican que el ejército iraquí se encuentra poco armado y fuerte. Precisamente, debido a que casi no tienen mísiles de largo alcance o muchos gases, es que se les podrá invadir con menos dificultades.
La mayor guerra de este milenio se dará bajo la excusa de desmantelar las armas de destrucción masivas de una nación a la cual le quedan pocas de ellas. Para lograr ello, se empleará el mayor armamento de destrucción que haya conocido la humanidad desde las bombas atómicas contra civiles en Hiroshima y Nagasaki (1945). La nación que timonea tal ofensiva, posee tantas armas químicas, biológicas y nucleares que una fracción mínima de ellas bastaría para exterminar a la raza humana.
La invasión a Irak se dará en nombre de la resolución 1441 de Naciones Unidas, aunque ésta no estipula el uso de la fuerza y el Consejo de Seguridad no la haya autorizado. En aras de salvaguardar a la comunidad internacional, el binomio anglo-americano iniciará la guerra mayor que jamás haya hecho con tantos aliados suyos en contra. Los principales pilares de EE.UU. en el Medio Oriente (Egipto, Arabia Saudita y Turquía) no permiten el uso de sus territorios para lanzar ataques y Pakistán (el mayor aliado en el mundo musulmán) no ha querido dar el sí en el Consejo de Seguridad. Grandes socios de EE.UU. en la guerra fría (como Francia y Alemania) se oponen y lo mismo vale para las dos grandes potencias que previamente avalaron las incursiones en la primera guerra anti-Irak (1991) o en Afganistán (2002): Rusia y China.
Tony Blair apostó toda su carrera política en semejante acción. Bush hijo está dispuesto a sacrificar toda la corriente internacional de simpatía hacia EE.UU., post 11 de Septiembre, en esta invasión. Diversos informes sindican que la estrategia sería una guerra muy rápida, y el reportero de la BBC en el norte de Irak, incluso, sostiene que la idea es poder tomar los puntos clave del país en un día. Este tipo de ofensiva militar será distinto al desplegado en la primera guerra del golfo (1991) o el año pasado en Afganistán. En ambas oportunidades se ablandó previamente a los ejércitos oponentes con masivos bombardeos aéreos sin que se arriesgara a la infantería.
De realizarse esta nueva estrategia, ello implicaría lanzar rápidamente a las tropas ocupantes, pudiendo producir mayores bajas dentro de ellas y, por ende, crear susceptibilidades en sus familiares y la opinión pública occidental.
Desde el fin de la guerra fría, todas las guerras que ha librado el vencedor de ésta, trataron de evitar basarse en fuerzas de ocupación que combatan directamente con el enemigo dentro de sus principales bastiones. En Kosovo, los anglo-americanos entraron contando con simpatía dentro del 90% de su población (los albaneses). En Afganistán, el Pentágono rehuyó el combate frontal terrestre, el que se lo dejó a sus aliados afganos. Ahora que quieren entrar a Irak, no tendrán a su lado soldados de países vecinos.
Washington espera que el uso de tremendas bombas y el hecho que supuestamente el ejército iraquí colapse, pudiera ayudar a un veloz avance, el mismo que podría ser bienvenido por la población. El problema es que Hussein se apresta a atrincherarse en urbes claves, siguiendo la escuela de Stalingrado.
Imágenes de bombas inteligentes dando en blancos civiles podrán enardecer a poblaciones occidentales y musulmanas. Resistiendo semanas, podría volcar a la opinión pública occidental. Si provocara a Israel con mísiles obligándolo a entrar, podría galvanizar al mundo musulmán en su favor.
Nadie sabe qué tipo de gases pueda él tener y cómo podría utilizarlos. Lo cierto es que si la victoria no se produce pronto y con poca sangre, la ironía de esta guerra tan irónica podría ser que al querer deponer a Hussein, pudiesen acabar cayendo algunos de los distintos gobiernos atacantes.
(isaacbigio@yahoo.com)