Itinerario de un antojo
Apenas pasadas las elecciones del 2 de mayo, una decena de abogados, cada uno de ellos con su agenda personalísima y autodenominándose en privado "constituyentes", se reunen para elaborar resformas a la Constitución vigente. Paralelamente, otra docena -de abogados también- velarían por que se les acomodara a los neozonians un solo artículo: el 319. Las implicaciones políticas y jurídicas del antojo no tardaron en expresarse.
Gracias a sus influencias, trasladan la competencia para iniciar la reforma al recién electo Presidente quien, a su vez, busca la capacidad para llevarla a cabo en el Ejecutivo saliente. El antojo -juicio hecho de alguna cosa sin bastante examen- comienza a tomar forma a través de diversos mecanismos puestos en acción, donde jugarán un papel determinante los medios de comunicación y la abierta identificación de sus propietarios y directivos de petrificar en la inmovilidad más absoluta la actual Carta fundamental.
La ausencia de un procedimiento de reforma serviría, en todo momento, de aliado determinante para la improvisación montada para el proceso de aprobación de las reformas que persiguen el fortalecimiento de la partidocracia, el autoritarismo y la autocracia, completamente de espaldas a la necesidad de un Estado pluralista que permita crear, garantizar y desarrollar un acuerdo básico para que la sociedad panameña pueda alcanzar un Estado de derecho, donde la democracia participativa no sea una quimera.
Las ocurrencias de los "yuppies" quedarían plasmadas en los 36 artículos que un grupito de legisladores del PRD, presenta como "anteproyecto" a los siete legisladores integrantes de la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa. Acto seguido, se hacen los arreglos necesarios bajo la dirección de los "jerrymanders", para que las bancadas del Pacto MAMI se identifiquen con la propuesta que, en todo momento, contará con un gran ausente: el pueblo, titular indiscutible del poder constituyente.
La idea de la Constitución como instrumento limitador y organizador de los poderes del Estado, fue pisoteada a todo lo largo de las sesiones extraordinarias que se extendieron desde el 5 hasta el 28 de julio.
El rosario de vicios procedimentales de forma y de fondo, la larga cadena de adulteraciones de la técnica y de las normas constitucionales, tuvieron como marco las largas peroratas de los gerifaltes del legislativo y el silencio cómplice e irresponsable de un número plural de muchos de los que dicen tener una visión o una misión ciudadana. El "me llamó Martín", se convirtió en la modalidad empleada para justificar el giro de 180 grados dado por los principales promotores de la sociedad civil y quedarse así con el pelo del lobo y poder continuar tomándole el pelo a los bobos. La voluntad general se ve así sustituida por la voluntad del hijo del general.
Las sesiones extraordinarias, a pesar de haber sido impugnadas, concluyeron con la aprobación de 67 artículos que reforman a casi cien artículos de la norma fundamental que con sus últimos parches, pasará a llamarse: "Constitución Política de la República de Panamá de 1972, reformada por los actos reformatorios de 1978, por el Acto Constitucional de 1983, por los Actos legislativos 1 de 1993 y 2 de 1994 y por el Acto Legislativo 1 de 2004"
Cabe señalar, nuevamente, que nunca antes en la historia del derecho constitucional panameño se había asistido a tantas y tan flagrantes violaciones a todas las referencias teóricas y prácticas del constitucionalismo. Pero, ¿a quién le ha importado?
El triángulo de las Bermudas, integrado por el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, se encargó de ahogar las esperanzas y reclamos de un verdadero cambio y actualización constitucional como expresión del contrato social entre todos los panameños, que han estado presentes en las aspiraciones de los sectores mayoritarios del país y que tuvo su más reciente expresión en la propuesta de la quinta papeleta, la cual fuera abortada por la partidocracia y sus factores reales de poder.
Los caprichos de la presidente saliente por un lado y, el antojo del presidente entrante por el otro, han puesto en evidencia cuán exiliado se encuentra aún el constitucionalismo en nuestro medio. Suscribo por ello a Pedro de Vega, cuando nos enseña que: "Sin que constituya ninguna exageración, se puede sostener que es en las normas de reforma donde el sistema constitucional se pone a prueba consigo mismo, y donde se valora el contenido y el alcance del propio concepto de Constitución".
Gracias a sus influencias, trasladan la competencia para iniciar la reforma al recién electo Presidente quien, a su vez, busca la capacidad para llevarla a cabo en el Ejecutivo saliente. El antojo -juicio hecho de alguna cosa sin bastante examen- comienza a tomar forma a través de diversos mecanismos puestos en acción, donde jugarán un papel determinante los medios de comunicación y la abierta identificación de sus propietarios y directivos de petrificar en la inmovilidad más absoluta la actual Carta fundamental.
La ausencia de un procedimiento de reforma serviría, en todo momento, de aliado determinante para la improvisación montada para el proceso de aprobación de las reformas que persiguen el fortalecimiento de la partidocracia, el autoritarismo y la autocracia, completamente de espaldas a la necesidad de un Estado pluralista que permita crear, garantizar y desarrollar un acuerdo básico para que la sociedad panameña pueda alcanzar un Estado de derecho, donde la democracia participativa no sea una quimera.
Las ocurrencias de los "yuppies" quedarían plasmadas en los 36 artículos que un grupito de legisladores del PRD, presenta como "anteproyecto" a los siete legisladores integrantes de la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa. Acto seguido, se hacen los arreglos necesarios bajo la dirección de los "jerrymanders", para que las bancadas del Pacto MAMI se identifiquen con la propuesta que, en todo momento, contará con un gran ausente: el pueblo, titular indiscutible del poder constituyente.
La idea de la Constitución como instrumento limitador y organizador de los poderes del Estado, fue pisoteada a todo lo largo de las sesiones extraordinarias que se extendieron desde el 5 hasta el 28 de julio.
El rosario de vicios procedimentales de forma y de fondo, la larga cadena de adulteraciones de la técnica y de las normas constitucionales, tuvieron como marco las largas peroratas de los gerifaltes del legislativo y el silencio cómplice e irresponsable de un número plural de muchos de los que dicen tener una visión o una misión ciudadana. El "me llamó Martín", se convirtió en la modalidad empleada para justificar el giro de 180 grados dado por los principales promotores de la sociedad civil y quedarse así con el pelo del lobo y poder continuar tomándole el pelo a los bobos. La voluntad general se ve así sustituida por la voluntad del hijo del general.
Las sesiones extraordinarias, a pesar de haber sido impugnadas, concluyeron con la aprobación de 67 artículos que reforman a casi cien artículos de la norma fundamental que con sus últimos parches, pasará a llamarse: "Constitución Política de la República de Panamá de 1972, reformada por los actos reformatorios de 1978, por el Acto Constitucional de 1983, por los Actos legislativos 1 de 1993 y 2 de 1994 y por el Acto Legislativo 1 de 2004"
Cabe señalar, nuevamente, que nunca antes en la historia del derecho constitucional panameño se había asistido a tantas y tan flagrantes violaciones a todas las referencias teóricas y prácticas del constitucionalismo. Pero, ¿a quién le ha importado?
El triángulo de las Bermudas, integrado por el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, se encargó de ahogar las esperanzas y reclamos de un verdadero cambio y actualización constitucional como expresión del contrato social entre todos los panameños, que han estado presentes en las aspiraciones de los sectores mayoritarios del país y que tuvo su más reciente expresión en la propuesta de la quinta papeleta, la cual fuera abortada por la partidocracia y sus factores reales de poder.
Los caprichos de la presidente saliente por un lado y, el antojo del presidente entrante por el otro, han puesto en evidencia cuán exiliado se encuentra aún el constitucionalismo en nuestro medio. Suscribo por ello a Pedro de Vega, cuando nos enseña que: "Sin que constituya ninguna exageración, se puede sostener que es en las normas de reforma donde el sistema constitucional se pone a prueba consigo mismo, y donde se valora el contenido y el alcance del propio concepto de Constitución".