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Izquierdas y derechas en América Latina


Las izquierdas lo han hecho otra vez. Como en los años sesenta y setenta del siglo pasado, han vuelto a vender discursos idílicos que, por un lado, conquistan el alma desesperada de los desposeídos y, por el otro, aterran a quienes sienten sobres sus cabezas la promesa insurreccional de las masas.

Para esos regímenes no hay intermedios. El que hayan llegado al poder, en varias naciones de la región, por la vía democrática no ha sido muestra ni prueba de la amplitud del sistema, sino evidencia de la supuesta decadencia de la burguesía (de la que vienen hablando hace más de un siglo) y a su vez un medio para imponer viejos programas con promesas de socialismo y dictaduras del proletariado.

Es un poco lo que está sobre la base de la situación hondureña, lo que reclama el empresariado venezolano, lo que asusta a los ecuatorianos y lo que no están dispuesto a permitir los colombianos. Cada vez que la izquierda llega al poder se abre en la región un amplio espacio de inestabilidades, temores e incertidumbres, que casi siempre terminan asustando a todo al mundo y dándole paso a esos escenarios de sangre y persecución como los vividos en el último cuarto del siglo XX.

Si la izquierda llegó al poder en varios países de la región, es evidente que el rejuego democrático funciona y hay que mantenerlo a salvo, sin intentar perpetuarse en el poder. Generalmente la izquierda sabe lo que no quiere, pero ignora hacia dónde va. Luego la derecha sabe lo que quiere y lo defiende con manos y dentadura.

101 años de Panamá América

 
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