Jaque a la salud
Los continuos errores cometidos a nivel nacional, la falta de previsión y la profundidad de la crisis que vive el país, están poniendo al sistema de salud pública al borde de una situación dramática, que en cualquier momento puede dejar miles de personas libradas a su suerte, sin prestaciones imprescindibles. Y no se trata de una exageración. En Bocas del Toro han decretado estado de alerta por los constantes brotes de malaria, en Coclé han muerto niños por falta de antídotos contra picadas de alacrán, y en Panamá Oeste está atacando el dengue. Lamentablemente, todos los esfuerzos parecen ser inútiles, porque las soluciones son siempre parciales. Pero éste no es el único problema, ya que también existen atrasos en el envío de vacunas, se reducen los fondos para cubrir necesidades de suero, apenas se envían un porcentaje de la medicación oncológica necesaria y son incompletos los suministros de drogas para combatir infecciones y enfermedades.
En todos estos casos, es responsabilidad directa del gobierno nacional garantizar el suministro de los elementos faltantes. También se han cortado los servicios de las cirugías cardiovasculares que históricamente eran financiadas por el Estado.
Pero la lista de problemas continúa. Se sabe que en todo el país existen más de mil enfermos de tuberculosis y que la mitad podría correr riesgo de agravamiento o de muerte si deja de recibir las drogas o los cuidados indicados. Además hay más de treinta mil portadores de SIDA, la mayoría sin cobertura sanitaria ni beneficiarios para la provisión de medicación especial.
Si cada uno de estos problemas continúa su curso y no aparecen las soluciones, el país se encontrará frente a una situación que podría tornarse inmanejable, pues no se cuenta con los recursos necesarios para brindar atención a tanta gente en los hospitales que ya, sin considerar estas condiciones, están abarrotados de pacientes.
No quedan dudas de que, en el área de salud pública, la política social de la actual administración no está dando los resultados esperados por quienes manejan la economía del país. Sin embargo, mientras se buscan nuevas salidas que frenen el descalabro político, el sector no puede quedar sin el respaldo adecuado. Justicia, seguridad, educación y salud, son pilares que el estado debe garantizar.
Pero incluso reconociendo la importancia que cada uno de estos sectores tiene para la vida en sociedad, las autoridades no deben perder de vista que el área de la salud es la más sensible, la que brinda menos margen de error.
En definitiva, se puede sobrevivir con el miedo que genera la inseguridad, con la impotencia que surge de las demoras que se producen en la justicia o el atraso y estancamiento que genera la falta de educación. Pero sin un adecuado servicio de salud, todo lo demás carece de sentido y la vida de miles de personas corre peligro y, frente a esta situación límite, no existe retorno posible.
En todos estos casos, es responsabilidad directa del gobierno nacional garantizar el suministro de los elementos faltantes. También se han cortado los servicios de las cirugías cardiovasculares que históricamente eran financiadas por el Estado.
Pero la lista de problemas continúa. Se sabe que en todo el país existen más de mil enfermos de tuberculosis y que la mitad podría correr riesgo de agravamiento o de muerte si deja de recibir las drogas o los cuidados indicados. Además hay más de treinta mil portadores de SIDA, la mayoría sin cobertura sanitaria ni beneficiarios para la provisión de medicación especial.
Si cada uno de estos problemas continúa su curso y no aparecen las soluciones, el país se encontrará frente a una situación que podría tornarse inmanejable, pues no se cuenta con los recursos necesarios para brindar atención a tanta gente en los hospitales que ya, sin considerar estas condiciones, están abarrotados de pacientes.
No quedan dudas de que, en el área de salud pública, la política social de la actual administración no está dando los resultados esperados por quienes manejan la economía del país. Sin embargo, mientras se buscan nuevas salidas que frenen el descalabro político, el sector no puede quedar sin el respaldo adecuado. Justicia, seguridad, educación y salud, son pilares que el estado debe garantizar.
Pero incluso reconociendo la importancia que cada uno de estos sectores tiene para la vida en sociedad, las autoridades no deben perder de vista que el área de la salud es la más sensible, la que brinda menos margen de error.
En definitiva, se puede sobrevivir con el miedo que genera la inseguridad, con la impotencia que surge de las demoras que se producen en la justicia o el atraso y estancamiento que genera la falta de educación. Pero sin un adecuado servicio de salud, todo lo demás carece de sentido y la vida de miles de personas corre peligro y, frente a esta situación límite, no existe retorno posible.