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Jesús quiere que seamos humildes


El reino de los cielos es de los que tienen espíritu de pobre, dice la palabra. Entonces, yo te pregunto: ¿Eres soberbio o humilde, orgulloso o modesto, altanero y patán o eres una persona humilde y sencilla que reconoce y sabe que el único, el Absoluto, es Dios? ¿Cómo eres tú? Si eres orgulloso, soberbio o altanero, la palabra dice que Dios rechazará todo eso con el poder de su brazo. El orgulloso cultiva la estupidez humana, porque ¿Quién puede ser como Dios, creador del universo entero? ¿Acaso tú, algún otro ser humano, un país o imperio? Los imperios son destruidos, se acaban y sólo permanece Dios. ¿Dónde quedó el imperio romano o el egipcio? ¿Dónde están los reinos de la Edad Media? Todo es pasajero y la realidad no deja de cambiar. Normalmente cuando un imperio se “convierte en dios”, su propia fuerza degenerativa de inmoralidad y de inercia por los vicios sociales, lo lleva a la decadencia. Cuando una sociedad deja de tener por referencia plena a Dios, al dejar atrás el respeto y el temor por lo divino, los frenos morales se deshacen y viene el caos. En esta ola moderna de secularismo, donde ya Dios no cuenta, contemplamos cómo los valores se pierden y cada uno lucha individualmente por surgir a como dé lugar, sin importar los medios, aliándose con otros ambiciosos, formando así castas de dominio egoístas y sin ninguna sensibilidad social. La soberbia y el orgullo ciegan al ser humano, confundiéndolo en cuanto a su esencia, haciéndole creer que es “dios”. He aquí el primer pecado de la humanidad, el de nuestros primeros padres, el “querer ser como Dios”, pecado de soberbia que los llevó a traicionar al Señor.

Felices los que son humildes. Y tú, ¿eres humilde o soberbio? Piénsalo bien y decídete a cumplir el plan de acción que presenta Jesús en las bienaventuranzas (MT 5,3-12). Sólo así alcanzarás la felicidad y te realizarás en plenitud como ser humano. Solamente con la ayuda de Dios podrás lograr alcanzar los niveles de calidad humana necesarios para convivir en paz y amor con tus hermanos y recuerda que ¡Con Dios, quien es amor, serás ¡Invencible!

101 años de Panamá América

 
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