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Jornada Mundial de la Juventud (JMJ)


Sabemos que de nuestro país marchó nutrida delegación. Y con entusiasmo. ¿Cuántos fueron? Me dicen que alrededor de 300. Ya que tanto del interior como de la capital están ya volviendo al país, después de haber participado del gran evento en la Ciudad Eterna. Esperamos crónicas de primera mano y testimonios frescos de los participantes en los próximos días. Por ahora me he enterado de que tuvieron lamentables tropiezos, por otra parte esperados, porque es imposible arreglar todo desde "acá" lo que pueda suceder "allá". Siempre se pierde una maleta. A alguien se le olvidó el boleto o el pasaporte. O cree que le han robado.
No es primera vez que Panamá se ve representada por grupos juveniles en reuniones de Iglesia Católica. Ya han estado en París, en Denver y en otros sitios, siempre en torno al Sumo Pontífice. Las Jornadas Mundiales de la Juventud definitivamente son signos de este Pontificado. Hoy, cuando algunos desertores y enemigos internos y solapados de nuestra religión se regodean diciendo que la Iglesia perdió a la Juventud y que hoy la Iglesia católica es una especie de Ancianato, o de Museo, se diseñan estos encuentros que congregan gran cantidad de jóvenes. Al menos por los resultados, las respuestas al efecto visual y el estilo de las temáticas y las actividades litúrgicas y religiosas, amén del abigarrado colorido típico de cada rincón del ser humano de este planeta proyectan una imagen muy positiva. Dejamos por descartado el análisis minucioso que puedan formular nuestros críticos sociales identificando las verdaderas motivaciones, a veces no tan espirituales, evaluando los primeros frutos y calibrando el funcionamiento y desarrollo de todo el evento.
Renato Boccardo de la Oficina para los Jóvenes del Consejo Pontificio para los Laicos nos refiere que el mensaje central del Papa, el anciano de ochenta años, joven de ochenta años, es un mensaje de vida. El mensaje central es la proclamación de la fe de la Iglesia en el Dios hecho Hombre, el Emanuel, Dios con nosotros. Esta fe se convierte después en compromiso de la vida cotidiana para estos jóvenes, que en el tercer milenio que comenzó tendrán que asumir responsabilidades importantes en la sociedad y en la Iglesia.
El tono dominante del evento, fue de "alegría total" experimentando por el Pontífice. Estuvo cuatro horas con los jóvenes en las dos plazas más grandes de Roma, la de la Basílica de San Juan de Letrán y la de San Pedro del Vaticano. Con un calor insoportable. No sólo el calor de Panamá existe. En varias ocasiones, el Papa bromeó con ellos y el encuentro se convirtió en una continua serie de saltos al protocolo por parte del Obispo de Roma.
Al clima de fiesta y al entusiasmo con el que más de 700 mil jóvenes presentes acogieron en el frescor y espontaneidad propios de su edad, la invitación a profundizar en la amistad con Cristo y a testimoniar su propia fe. Se registró un 30% más de lo previsto. La mayoría de los 2,741 alojamientos (escuelas, cuarteles, parroquias, etc.) quedaron copados. Y desde la 7:00 de la mañana del 16 de agosto, más de 20 mil jóvenes cruzaron la puerta santa. Este atravesar la puerta santa constituye el momento jubilar por excelencia y es signo del deseo de conversión propio del año santo, con lo cual demostraron que venían a vivir una experiencia de fe. En trescientas plazas públicas, en muchos casos auténticamente monumentales, iglesias, campos de tenis, etc., se convirtieron, de este modo, en el sugerente escenario de encuentro, en el que los muchachos y muchachas pudieron plantear en 32 idiomas sus preguntas e inquietudes de fe, gracias a la disponibilidad de más de tres centenares de obispos venidos de los cinco continentes.
Alternadamente con motivo de las Jornadas Mundiales de la Juventud, Roma se convirtió en el escenario de más de 300 espectáculos al aire libre. Eran conciertos de música ligera y clásica, obras de teatro, encuentros con artistas, escritores, testigos del cristianismo. La Plaza más grande de Roma, la que se encuentra ante la Basílica de Letrán, presentó el espectáculo musical "Forza, venite gente" (Animo, venid todos), que narraba la historia de un personaje único, Francisco de Asís y la relación complicada con su padre, Pietro Bernardone, quien no compartía sus locas decisiones. Que viene a representar en una alegoría de los eternos contrastes entre generaciones entre padres e hijos.
En el Coliseo Romano se tuvo una sesión interminable del sacramento de la reconciliación, que marcó el punto más saliente de toda la jornada. Por supuesto ahora quedan por ver qué resultados han producido semejante esfuerzo. Obviamente muchos jóvenes han solicitado la admisión en algún seminario para examinar su vocación, dígase lo mismo de los jóvenes aplicando a algunas de las alternativas religiosas de nuestra Iglesia.
Los frutos espirituales normalmente no tienen un medidor inmediato como si fuera un manómetro o termómetro. Siembra, siembra que algo queda. La dimensión mundial deja su impronta. La juventud no ha sido abandonada. El Pontífice les entregó a los jóvenes del mundo el Evangelio para que lo llevaran a sus tierras.
Las jornadas locales en nuestra capital aparentemente resultaron masivas y llenas de júbilo. Lamentablemente debo anotar que en cierto paraje de Panamá donde asistí a ofrecer la Eucaristía también se congregó una multitud de juventud panameña, pero atraída por la promoción de un Ron y la distribución alegre de preservativos con la inocente excusa de evitar el HIV. Somos castizos.

101 años de Panamá América

 
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