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Jornada Mundial del Enfermo


El próximo 11 de febrero se tendrá la XI Jornada Mundial del Enfermo. El camino hacia la solidaridad. El dedicado sacerdote párroco de Santa Eduviges de Betania, Marlo Verar, encargado de la Pastoral de la Salud en nuestra arquidiócesis me ha hecho llegar la invitación, que hoy comparto con quienes leen esta columna. La invitación es para vincularse al grupo Pastoral de la Salud de cada parroquia o institución hospitalaria. Así como existe el criterio sólido para juzgar el trabajo de una parroquia rural por la constante asistencia a los campos y campitos de la parroquia, indudablemente se puede juzgar la labor de una de nuestras parroquias urbanas por su dedicación a los hermanos y hermanas enfermos y marginados. He conocido párrocos que tienen una lista completa de los enfermos de la parroquia a los cuales de una u otra manera se les visita.
Y es que no es agradable, aun cuando es imperativo hacerlo. Incluso, es el mejor camino de conocer a la familia y demostrarle el verdadero fin espiritual de la parroquia que es hacer presente el Cristo Jesús de los Evangelios, cuya figura con tanta frecuencia es presentada rodeada de gente enferma y tullida. En el capítulo 25 de Mateo claramente lo dice el Señor a todos, no sólo a los párrocos "Estuve enfermo y me visitasteis". Y enumeramos en las obras de misericordia: "Visitar a los enfermos".
Su Santidad Juan Pablo II ha dirigido un mensaje con motivo de esa Jornada XI Mundial del Enfermo, en la que nos recuerda conceptos conocidos pero que debemos actualizar y ajustar a nuestras comunidades.
La XI Jornada Mundial del Enfermo tendrá lugar el 11 de febrero en Washington, D.C., Estados Unidos, en la Basílica de la Inmaculada Concepción, santuario nacional. Se nos invita a dirigir la mirada hacia la Madre de Dios. Encomendándose a ella, la Iglesia se siente impulsada hacia un renovado testimonio de caridad para hacerse ícono viviente de Cristo, Buen Samaritano. "La felicidad estropea a las almas. El dolor nos acerca y humaniza" "Da pena hablar con hombres que nunca conocieron el dolor. Sus palabras nos dejan vacíos. La borrachera del triunfo les invade. Hablar con grandes hombres golpeados es tan fecundo como todo lo humilde". Se expresaba un reconocido activista. Ante trágicas experiencias humanas, el cristiano está llamado a testimoniar la consoladora verdad de Cristo resucitado, que asume las heridas y los males de la humanidad, incluida la muerte, y los convierte en momentos de gracias y de vida.
Afirma el Mensaje del Pontífice en su párrafo central: "Es de desear que el Evangelio de la vida y del amor, gracias a la celebración de la próxima Jornada Mundial del Enfermo, resuene con vigor, especialmente en América, donde viven más de la mitad de los católicos. En el continente americano, como en otras partes del mundo, "parece perfilarse un modelo de sociedad en la que dominan los poderosos, marginando e incluso eliminando a los débiles. Pienso ahora en los niños no nacidos, víctimas indefensas del aborto, en los ancianos y los enfermos incurables, objeto a veces de la eutanasia; y en tantos otros seres humanos marginados por el consumismo y el materialismo. No puedo ignorar el recurso no necesario a la pena de muerte. Semejante modelo de sociedad se caracteriza por la cultura de la muerte y, por tanto, esta en contraste con el mensaje evangélico. Frente a esta preocupante realidad, ¿cómo no poner entre las prioridades pastorales la defensa de la cultura de la vida? Para los católicos que trabajan en el campo médico-sanitario, es una tarea urgente hacer todo lo posible por defender la vida, principalmente cuando está en peligro, actuando rectamente con una conciencia formada según doctrina de la Iglesia".
"A este noble fin colaboran ya de manera alentadora los numerosos centros de Salud, por medio de los cuales la iglesia católica ofrece un auténtico testimonio de fe, de caridad y de esperanza. Estos han podido contar hasta ahora con la colaboración de un número significativo de religiosos y religiosas como garantía de un servicio profesional y pastoral cualificado. Es de desear que surjan nuevas vocaciones, que permitan a los institutos religiosos continuar en esta benemérita actividad e incluso acrecentarla con la aportación de tantos voluntarios laicos, por el bien de la humanidad doliente en el continente americano".
En las frases conclusivas del Mensaje del Sumo Pontífice se expresa de esta forma: "Es mi mayor deseo que la XI Jornada Mundial del Enfermo suscite en las diócesis y en las comunidades parroquiales una renovada dedicación a la pastoral de la salud. Debe presentarse una adecuada atención a los enfermos que están en su propia casa, ya que la hospitalización se va reduciendo cada vez más y a menudo los enfermos se encuentran en manos de sus familiares. En los países en donde faltan los centros adecuados de atención, incluso los enfermos terminales son dejados en sus viviendas.
Los párrocos y los agentes pastorales han de procurar que nunca les falte la consoladora presencia del Señor a través de la Palabra de Dios y los Sacramentos". "A los que sufren en el cuerpo y en el espíritu les deseo de corazón que sepan reconocer y acoger al Señor que les llama a ser testigos del Evangelio del sufrimiento, contemplando con confianza y amor el Rostro de Cristo crucificado y uniendo sus sufrimientos a los suyos"
Hoy por ti, mañana por mí. Reavivamos nuestro amor al prójimo enfermo, incluyéndolos en nuestras agendas diarias tan ocupadas. No sabemos hasta cuándo estaremos a este lado del mostrador...

101 años de Panamá América

 
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