José A. Arango Chiari, el banquero del Centenario
En 1912 fue designado miembro de la Junta Directiva del Banco Nacional de Panamá (BNP), y en 1914, de manera imprevista fue llamado por el presidente Belisario Porras para que asumiera la Gerencia de esa institución, la cual transitaba por un período de crisis que trascendió a la prensa nacional en forma escandalosa.
Al tomar posesión de la presidencia Ramón M. Valdés en 1916, fue ratificado como Gerente del BNP y, con algunas interrupciones, se mantuvo en el cargo hasta finales del año 1924 cuando su cargo fue declarado insubsistente.
Al llegar a la gerencia (1914) demandó una auditoría general de su cartera, como para definir deficiencias en su manejo administrativo, instalando de inmediato una serie de medidas correctivas que fueron transformando la institución. Estableció un sistema de contabilidad moderno, y creó los departamentos de Auditoría y Legal con el ánimo de pautar y fiscalizar las operaciones de crédito.
El Banco Nacional empezó a demandar la revisión de los estados financieros de sus clientes de crédito, como requisito indispensable para el otorgamiento de nuevas operaciones, así como la revisión de los avalúos en los créditos amparados con el respaldo de bienes raíces. La falta de este control había provocado originalmente la crisis a la que se enfrentó el BNP en el período 1910-1912.
Estableció el primer Manual de Operaciones, y reglamentos internos destinados a la reestructuración administrativa de esta empresa pública, preocupándose en todo momento de asegurarse del manejo correcto de sus operaciones. Creó la primera bonificación anual para los empleados. El único que no tenía derecho a ella, era el gerente.
A José Agustín Arango se debe la promulgación de la Ley 37 de 1917 y la Ley 63 de 1917, para regular las operaciones de crédito. En ellas se estableció por primera vez el encaje legal de las instituciones de crédito. Por su iniciativa se incluyeron para esa fecha en el Código de Comercio, las normas que definían los títulos de crédito.
Durante su mandato, el Banco Nacional otorgó varios créditos importantes al gobierno central para la remodelación del Palacio de las Garzas y la construcción del ferrocarril de Chiriquí, así como para las carreteras nacionales, obra que realizó con gran empeño el presidente Belisario Porras.
Por su iniciativa se hizo realidad lo que desde su inicio él denominó "La operación Café" para impulsar el desarrollo de la siembra en las tierras altas de Boquete. En 1919, en compañía de Juan Navarro, asistió a la I Conferencia Panamericana que se llevó a cabo en Washington. En 1921, y ante una situación de crisis nacional provocada por "La Guerra de Coto", hizo aprobar una resolución de parte de la Junta Directiva del BNP, para crear una "Cuenta Especial de Emergencia" que ponía en manos del Órgano Ejecutivo los fondos necesarios para hacer frente a las hostilidades con la nación costarricense.
Arango logró que, mediante un contrato que suscribió con el Ministerio de Hacienda y Tesoro el 16 de mayo de 1921, el Ejecutivo se comprometiese a convertir al Banco Nacional en el depositario de los fondos del Estado, que hasta la fecha se encontraban repartidos en diferentes empresas bancarias del país. Como consecuencia de ello, surgieron las primeras agencias o sucursales del BNP en cada una de las cabeceras de provincia, que le otorgan a esta institución su primera representación en todo el territorio nacional.
Una de las actividades en las que se mostró más tenaz fue en su gestión de cobro, que muy a pesar de que constituyó una frecuente posición de quejas y críticas, terminaron por otorgarle un gran prestigio individual a José Agustín Arango Chiari. Muy a pesar de que impulsó algunos proyectos del desarrollo de la actividad agrícola, fue un permanente defensor de la banca comercial y como tal concibió la misión del BN. Hizo el esfuerzo de mantener una permanente correspondencia con las otras instituciones de crédito.
Nos remitimos al último mensaje enviado a la Asamblea Nacional en 1924: "La dura experiencia que ha sufrido el Banco Nacional de Panamá no puede ser olvidada por sus directores, por el clamor de que se abran sus cajas a todo el que tiene un proyecto sin fundamento, ni garantías, adecuadas. Las más bellas palabras, la fraseología más exquisita, las más doradas ilusiones no habrán ingresar un solo centavo a las arcas del Banco Nacional de Panamá... El Banco Nacional de Panamá se debe a sus depositantes".
Su destitución del cargo en 1924 se atribuye a uno de sus encuentros con un cliente moroso. El 24 de noviembre fue reemplazado por Próspero Pinel, y al abandonar el BNP demandó de igual manera una auditoría general en el banco como condición para dejar el cargo. A su salida, la Junta Directiva del BNP dictó una resolución para reconocer la integridad como había manejado esta entidad.
Como jamás había sido un hombre de empresas, ni había acumulado fortuna como Gerente del Banco Nacional, desde esa fecha se fue a trabajar como cobrador y luego como auditor de la compañía Lefevre.
Al tomar posesión de la presidencia Ramón M. Valdés en 1916, fue ratificado como Gerente del BNP y, con algunas interrupciones, se mantuvo en el cargo hasta finales del año 1924 cuando su cargo fue declarado insubsistente.
Al llegar a la gerencia (1914) demandó una auditoría general de su cartera, como para definir deficiencias en su manejo administrativo, instalando de inmediato una serie de medidas correctivas que fueron transformando la institución. Estableció un sistema de contabilidad moderno, y creó los departamentos de Auditoría y Legal con el ánimo de pautar y fiscalizar las operaciones de crédito.
El Banco Nacional empezó a demandar la revisión de los estados financieros de sus clientes de crédito, como requisito indispensable para el otorgamiento de nuevas operaciones, así como la revisión de los avalúos en los créditos amparados con el respaldo de bienes raíces. La falta de este control había provocado originalmente la crisis a la que se enfrentó el BNP en el período 1910-1912.
Estableció el primer Manual de Operaciones, y reglamentos internos destinados a la reestructuración administrativa de esta empresa pública, preocupándose en todo momento de asegurarse del manejo correcto de sus operaciones. Creó la primera bonificación anual para los empleados. El único que no tenía derecho a ella, era el gerente.
A José Agustín Arango se debe la promulgación de la Ley 37 de 1917 y la Ley 63 de 1917, para regular las operaciones de crédito. En ellas se estableció por primera vez el encaje legal de las instituciones de crédito. Por su iniciativa se incluyeron para esa fecha en el Código de Comercio, las normas que definían los títulos de crédito.
Durante su mandato, el Banco Nacional otorgó varios créditos importantes al gobierno central para la remodelación del Palacio de las Garzas y la construcción del ferrocarril de Chiriquí, así como para las carreteras nacionales, obra que realizó con gran empeño el presidente Belisario Porras.
Por su iniciativa se hizo realidad lo que desde su inicio él denominó "La operación Café" para impulsar el desarrollo de la siembra en las tierras altas de Boquete. En 1919, en compañía de Juan Navarro, asistió a la I Conferencia Panamericana que se llevó a cabo en Washington. En 1921, y ante una situación de crisis nacional provocada por "La Guerra de Coto", hizo aprobar una resolución de parte de la Junta Directiva del BNP, para crear una "Cuenta Especial de Emergencia" que ponía en manos del Órgano Ejecutivo los fondos necesarios para hacer frente a las hostilidades con la nación costarricense.
Arango logró que, mediante un contrato que suscribió con el Ministerio de Hacienda y Tesoro el 16 de mayo de 1921, el Ejecutivo se comprometiese a convertir al Banco Nacional en el depositario de los fondos del Estado, que hasta la fecha se encontraban repartidos en diferentes empresas bancarias del país. Como consecuencia de ello, surgieron las primeras agencias o sucursales del BNP en cada una de las cabeceras de provincia, que le otorgan a esta institución su primera representación en todo el territorio nacional.
Una de las actividades en las que se mostró más tenaz fue en su gestión de cobro, que muy a pesar de que constituyó una frecuente posición de quejas y críticas, terminaron por otorgarle un gran prestigio individual a José Agustín Arango Chiari. Muy a pesar de que impulsó algunos proyectos del desarrollo de la actividad agrícola, fue un permanente defensor de la banca comercial y como tal concibió la misión del BN. Hizo el esfuerzo de mantener una permanente correspondencia con las otras instituciones de crédito.
Nos remitimos al último mensaje enviado a la Asamblea Nacional en 1924: "La dura experiencia que ha sufrido el Banco Nacional de Panamá no puede ser olvidada por sus directores, por el clamor de que se abran sus cajas a todo el que tiene un proyecto sin fundamento, ni garantías, adecuadas. Las más bellas palabras, la fraseología más exquisita, las más doradas ilusiones no habrán ingresar un solo centavo a las arcas del Banco Nacional de Panamá... El Banco Nacional de Panamá se debe a sus depositantes".
Su destitución del cargo en 1924 se atribuye a uno de sus encuentros con un cliente moroso. El 24 de noviembre fue reemplazado por Próspero Pinel, y al abandonar el BNP demandó de igual manera una auditoría general en el banco como condición para dejar el cargo. A su salida, la Junta Directiva del BNP dictó una resolución para reconocer la integridad como había manejado esta entidad.
Como jamás había sido un hombre de empresas, ni había acumulado fortuna como Gerente del Banco Nacional, desde esa fecha se fue a trabajar como cobrador y luego como auditor de la compañía Lefevre.