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José Miguel Alemán: la senda de Bolaños


El recién proclamado candidato presidencial arnulfista, José Miguel Alemán, debe haber celebrado su victoria muy poco. Como hombre inteligente y de añeja militancia en el partido, sabe que su posibilidad de triunfo está en un difícil dilema: no estar demasiado lejos, ni demasiado cerca de la Presidenta Moscoso. No estar lejos, significaría cosechar los frutos del lado bueno de la gestión de la mandataria.
Ella ha hecho multitud de pequeñas y medianas obras que han beneficiado al campo. Entre estas se cuentan puentes, caminos rurales, acueductos, centros de salud, etc. Esas realizaciones deben asegurar para el Partido Arnulfista una cómoda mayoría en el interior del país, la cual consolidará con sus aliados del Molirena y el Liberal Nacional. Pero con eso no gana. A su vez, no ubicarse demasiado cerca, conlleva tomar distancia de los frutos amargos de su gestión en la capital y, en general, en la densamente poblada franja urbana del Canal ( Panamá, San Miguelito, Pacora, Arraiján, Capira, La Chorrera, Colón, etc. ), donde ya no hay forma de ganar. Con eso se pierde, y se pierde todo, porque es la mayoría.
La ciudad está descontenta -con razón o sin ella- con la gestión de gobierno de Moscoso. Esta área resiente, mucho más que el interior, las denuncias de corrupción, la falta de agua, las altas tarifas del vital líquido, luz y teléfono. La metrópoli resiente, asimismo, mucho más la inseguridad y el desempleo. Cada vez que se tranca una calle y sale una manifestación callejera, así sea de cuatro gatos, se pierden mil votos. Y eso es cosa de todos los días. El forcejeo con la Caja de Seguro Social, el productor Salcedo con sus pollos podridos a cuestas, la inoperancia del Ente Regulador, los huecos en las calles, la reforma tributaria, el aumento del pasaje, el salario mínimo, en fin todo en la ciudad conspira por una estrepitosa derrota del oficialismo en el próximo torneo electoral. Y ya no hay tiempo para enmendar nada.
El nuevo puente sobre el Canal es una gran obra, pero no llegará a tiempo, ni será suficiente para revertir la tendencia negativa en las urbes canaleras; y tampoco llegarán a tiempo los resultados de su última visita al presidente Bush. Para cuando arribe el primer crucero para dejar y montar pasajeros en nuestros puertos y para cuando inicien en serio las negociaciones de un tratado de libre comercio con Estados Unidos, las elecciones habrán pasado y quedarán sólo los lamentos. A la oposición, cualquiera sea su signo y abanderado, tocará cosechar los frutos, igual que al arnulfismo y sus aliados correspondió recibir los de la entrega del Canal, cuyo convenio fue sellado por sus adversarios.
Pero así y todo, José Miguel puede ganar -y él lo sabe-. Para eso deberá jugar un juego delicado, esto es, seguir los pasos del victorioso presidente liberal nicaragüense Enrique Bolaños, quien logró muy hábilmente tomar distancia de los escándalos y males de su predecesor y copartidario Arnoldo Alemán, para ganar las elecciones, sin renunciar a sus raíces partidarias, presentándose con un nuevo mensaje.
Llevar a cuestas en la presente campaña más de lo mismo es firmar de antemano la derrota. Renunciar al activo que representan las viejas glorias e historia del partido, sería un disparate peor. Cualquiera de ambas posturas le llevará a un mismo y seguro destino: la derrota estrepitosa e inevitable. Pero si logramos estructurar una plataforma nueva, que reniegue de los errores, y prometa enmendarlos, aun siendo arnulfista, puede ganar o, al menos, hacer un papel decoroso en el próximo torneo.

101 años de Panamá América

 
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