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Jóvenes, ¡Dios los ama!


¿Saben ustedes cuánto los ama Dios? Cuando Dios pensó en crear un mundo donde existieran personas a quienes El pudiera amar y lo amaran a El, soñó con ustedes. En su mente divina, los vio cuando estaban en el vientre de su madre, cuando nacían, cuando eran niños, cuando llegaban a ser jóvenes y también los vio siendo adultos. Dios soñaba con ustedes y veía en su mente cómo quería que fueran.
El Señor quiere verlos siempre animados y felices. El desea que confíen en El con mucha fe y amor, orando, participando en la Eucaristía y en grupos juveniles católicos, leyendo la Palabra de Dios; es decir, creciendo espiritualmente. Este crecimiento espiritual debe ser a nivel profundo, dentro de sus corazones y del corazón de Dios.
Dios quiere que sueñen. La palabra soñar en este contexto significa tener ideales, ilusiones y metas grandes en la vida. Dios quiere que sueñen en voz alta, que piensen desde ahora en lo que quieren ser y en lo que quieren hacer en la vida. El quiere que planeen su futuro responsablemente, desde ahora.
Dios no quiere que vivan su juventud solos como islas. El quiere que sean capaces de tener buenas relaciones interpersonales. Para lograr esto, valoren lo que es una auténtica amistad, escojan bien a sus amistades y sean buenos amigos. Tengan cuidado con algunos "amigos" que no les convienen, apártense de aquellos que los quieran llevar al mal. Dios quiere que, desde ahora, se rodeen de buenos y maravillosos amigos.
Dios quiere que sean jóvenes auténticos y responsables; que respeten a su familia y a sus mayores, así como las leyes y normas morales y sociales. Participen en grupos juveniles, asociaciones, clubes y en todo lo que pueda contribuir a su propio desarrollo integral y al bien de la comunidad en la que viven y se desenvuelven. Dios no quiere que sean mediocres ni que caigan en la vagabundería, el desorden sexual, los vicios y los malos hábitos. ¡Dios no quiere eso!
Ustedes son los que tienen que confrontar los terribles flagelos que azotan y amenazan a nuestra juventud, para encontrar soluciones. La droga lo único que hace es crear en la mente un mundo ficticio que no existe, aliena a la persona y le hace perder contacto con la realidad y con ella misma. La droga envenena y destruye el cuerpo y el cerebro. Esto es un pecado contra Dios, porque al destruir su cuerpo lo ofenden a El.
Jóvenes, ustedes tienen en sus manos su futuro y el de su patria. Luchen para superarse, sabiendo que lo que siembren hoy lo cosecharán mañana. Su futuro depende de lo que hagan hoy. Luchen desde ahora para superarse en los estudios, en los deportes, en su vida familiar y espiritual y en sus relaciones interpersonales. Unan fuerzas y hagan campañas públicas contra el consumo de alcohol y drogas.
Dios quiere que le amen por encima de todo y que amen a su prójimo como a sí mismos (Lc. 10.27). En el Evangelio encontramos el relato del joven rico, que habla de un muchacho que tenía mucho dinero, pero sentía que algo le faltaba. Este joven buscó a Jesús y le preguntó: "Maestro, ¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" Jesús le respondió: "Cumple los mandamientos." El muchacho le dijo que él los cumplía, pero que algo le faltaba en su corazón. Entonces Jesús le dijo: "Anda, ve y vende todo lo que tienes y sígueme. Toma tu cruz, que yo quiero hacer de ti un apóstol." El muchacho empezó a temblar de miedo, porque estaba demasiado apegado a sus bienes y su dinero, que eran como dioses para él. Para seguir a Jesús tenía que dejar todo eso. No pudo y se fue, perdiéndose en el montón de gente (Mt. 19.16-22). Dice la Palabra de Dios que Jesús lo miró con tristeza. De hecho, Jesús hoy también está muy triste por la situación que vive la juventud actualmente.
En el Evangelio nunca más se habló de ese joven rico. Pudo haber sido uno de los primeros apóstoles, pero estaba tan apegado al dinero y a las cosas materiales del mundo como si fueran dioses que prefirió eso; aunque significó despreciar a Cristo. ¡Pensar que su nombre pudo quedar escrito para siempre en el Evangelio!
Jóvenes, Dios quiere entrar a vivir en ustedes para ayudarles a hacer las cosas que no pueden hacer sin El. ¡Crean en Jesucristo, su Señor y Salvador! El poder de Dios no tiene límites y El sigue siempre cambiando la vida de mucha gente. Con la ayuda y el apoyo de Dios, se puede acabar con la adicción y liberar al mundo de esa terrible enfermedad. Sé que algunos pueden haber intentado hacerlo y fracasado, pero si depositan toda su confianza en el Señor, su Santo Espíritu los fortalecerá.
No olviden que ustedes son templos del Espíritu Santo. Con Cristo, ustedes podrán vencer cualquier situación difícil que se les presente en la vida, porque con El todo es posible. Y no olviden, CON DIOS, USTEDES SON... ¡INVENCIBLES!

101 años de Panamá América

 
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